SOBRE UNA INTUICIÓN CUASI ACADÉMICA: RODAS, NORIEGA, NÁJERA Y RIVERA
(Maríadela Díaz, imagen)
En 1992 escribí un primer texto que hablaba sobre algunos de los poetas guatemaltecos, que iban desarrollando una obra desde las décadas del 70 y 80. Fue la primera vez que fui a un congreso a presentar una ponencia, y sucedió en Chiapas, en Tapachula. Por primera vez en mi vida, me sentaba en una mesa a leer un trabajo creado por mí, en un esfuerzo analítico. Por esa época yo era profesora auxiliar del departamento de letras de la USAC, en Humanidades. Ya me había graduado de licenciada en letras con una tesis sobre Ricardo Estrada, o sea sí había yo escrito un trabajo largo sobre análisis literario. 12 cuentos de Estrada en sus dos libros de cuentos para adultos. Yo no estaba invitada. Suplí a una amiga que me ha demostrado su amistad en diversas y variadas formas a lo largo de todo este tiempo. Esa fue una de ellas, decirle al agregado cultural de México, que yo iría en lugar de ella. El agregado por supuesto aceptó y de esa forma inicié una carrera académica, con la cual no había soñado. Yo en el fondo era una escritora incipiente. Venía escribiendo textos narrativos desde la década del 70, luego en el 80 desarrollé hacia la poesía, sin nunca publicar nada. No era el tiempo digamos así. Finalmente ese año me fui a Tapachula. Y como una premonición allí en ese lugar conocí a Elva Macías, la poeta chiapaneca, a quién he seguido tratando, y a quien admiro poéticamente hablando. Total que ese año Ana María Rodas era una de las poetas sobre la que yo hablaba, en ese ya olvidado año de 1992. La había conocido personalmente hasta en 1989, y en 1990 ella había leído mi primer libro en borrador y había decidido hacerle la presentación, que toda esa colección llevó antes de la selección de poemas. Una pequeña presentación de algún poeta, que estuviera colaborando con el proyecto. Ese proyecto se llamó Poesía guatemalteca siglo XX. Incluía 11 poetas. Y cada librito llevaba una intro al inicio. La de mi primer libro fue escrita por Rodas. Luego en 1992, habiendo leído más a fondo a Ana María, al menos tres de sus libros, me di cuenta que estaba ante el fenómeno que hoy está comprobado es Ana María como poeta. Y por supuesto fue la primera vez que yo me atreví a abordar la poesía de varios poetas, que era poco comentada en ese entonces. Por alguna razón que una no se sabe, y a la que María Zambrano le llama, intuición especial, con la cual una está dotada para la creación, escribí ese primer trabajo sobre los poetas a los que nadie se atrevía a comentar, porque contaban con textos bastante escatológicos para la época, porque se caracterizaban por utilizar nuevos registros poéticos, y porque abordaban temas escabrosos. Así entré al mundo de la academia, enfrentándola con temas tabú. De hecho en mi tesis de grado sobre Estrada, yo me había atrevido a comentar muy tibiamente que notaba un tratamiento homoerótico en algunos cuentos de Estrada, por lo que casi soy sancionada y tratada como loca, en ese tiempo. De hecho una de las personas de mi comité de tesis me dijo que se saldría si yo continuaba incluyendo esos comentarios. En realidad lo que en aquel entonces considerábamos crítica literaria, también estaba en caos, se estaban dando cambios, pero no lográbamos asimilarlos todavía. Yo lo hice esa misma década, cuando salí para ir a estudiar una maestría, donde definitivamente me di cuenta que las cosas ya habían cambiado, y que nosotros en Guatemala, continuábamos aplicando criterios muy esencialistas. Era 1992 cuando yo presentaba mi escrito tratando allí por primera vez, los poemas de Ana María Rodas, Francisco Nájera, Luis Eduardo Rivera y Enrique Noriega. No creo haberme equivocado en aquel entonces. Cada uno de ellos desarrolló una obra que no tiene prácticamente error. Cada uno hizo un corpus de obras que hoy los colocan en un espacio del canon nacional, nos gusten o no sus poemas. Poco leídos, sus nombres suenan por distintos lugares del mundo. Van publicando tanto en Guatemala como en el extranjero, asisten a encuentros de poesía internacional, y son representantes de una poesía que se coloca con ellos en el mismo renglón de excelencia que otros poetas latinoamericanos como Raúl Zurita, Marco Antonio Campos o Alejandra Pizarnik. Lo interesante de mi trabajo en ese momento, que ahora estoy recordando, por haber sido fundacional, sobre la poesía de estos autores, es que yo tenía razón. Y que de todos quizás sea Ana María, que con menos libros haya logrado el impacto poético y estético que alcanzó su poesía. Claro tanto Nájera, Noriega y Rivera, tienen lo suyo, y con sus libros entramos al canon latinoamericano, a la par de grandes y reconocidos poetas del mundo. Tanto Noriega como Rodas, recibieron ya el Premio Nacional de Literatura, y no dudo que se lo querrán dar también a Nájera y Rivera. Porque sin duda se trata de autores y autora, que han alcanzado un lugar en el corpus de la poesía centroamericana, ya no digamos latinoamericana, y son comunmente mencionados en otras latitudes del mundo, donde la gente lee más, y no le tiene rechazo a su propia poesía. En fin.
sábado, 24 de agosto de 2019
martes, 20 de agosto de 2019
El
regreso de rebeldes recorridos y una vuelta más: La saga de N de Enrique Noriega
(Guatemala:
Ediciones del Cadejo, 2006, 80 páginas contando contratapa)
Guillermina Walas. Universidad de Eastern Washington
Conocido en el ámbito poético de Guatemala y del mundo
por su irreverente humor y su sagacidad poética, Enrique (Kike) Noriega
confirma una vez más su posición de vanguardia con este volumen, La saga de N. Marinero en tierra. Naufragios
del yo, donde enmascarándose bajo su traje de “N”, el yo poético retoma el
camino de la parodia de los grandes consagrados (Quevedo, Antonio Machado, la
evidente referencia a Rafael Alberti, entre muchos otros que trascienden las
fronteras del español) y se ríe de sí mismo tanto como de aquellos que pasaron
con gloria a la historia. Pero sobre todo se trata de una risa auto
referencial, una auto-ironía hacia lo
que se es, se fue o se podría haber sido. En segundo lugar, la presencia de lo
conversacional y la incorporación de referencias a la cultura popular, lo
acercan además a la línea de los chilenos Nicanor Parra y Enrique Lihn. Más
allá de las influencias y paródicos préstamos, esta saga del itinerante N es,
sin lugar a dudas, muy original.
En principio el libro se ordena (o desordena,
siguiendo el juego del poeta) en un formato clínico, en una biografía de
enfermo que tras pasar por una “antesala” y tres “quirófanos” de memorias, es
incinerado, exhumado y finalmente ofrece un pasaje por un “osario” (el índice
poético), un exordio o colofón y, en la contratapa, un poema de juego
autobiográfico que revela a N como “Kike gavilán/mapache/cadejo”. Se confirma
así que, por sobre todo, el recorrido es una revisión burlonamente existencial.
Ya en la “Antesala” el yo lírico, marcadamente
masculino en su perspectiva, se pregunta si habrá sido un ganador o un
perdedor. Sin decisiva respuesta, decide entonces pasar al terreno de la
memoria, pero no desde un formal escritorio de literato consagrado, ni desde el
espacio bohemio del café, ni tan siquiera desde el sillón psicoanalítico: su
espacio son tres quirófanos en donde cabe al lector observar porqué, cómo y qué
es lo que atraviesa el quizás doloroso – ¿o más bien doloso? – proceder
quirúrgico. Estos flashes o destellos de la memoria – que es en definitiva la
que atraviesa la inescrupulosa cirugía,
expuesta a todo el que quiera leer bien –, revisten el carácter de
interpretaciones de la norma social, de lo pautado y aún de lo que sociedad e
historia han vuelto estereotipo, para preguntar si acaso la memoria no será puro
sueño o, a la manera de Calderón, si no será la misma vida sólo un sueño
absurdo: amar es un sueño erótico, atravesar la aduana una pesadilla, entre
otras tantas de lo cotidiano, soñamos para creer, y así va la memoria.
De esta manera, el yo poético de los “quirófanos”
puede ser que esté dormido en un estado de anestesia, y así recuerde en sueños
y confunda a ambos (sueño y memoria), o puede ser también que plantee que eso
es precisamente el existir en nuestra locura contemporánea, donde subsistimos
anestesiando angustias con adicciones de todo tipo (aún la rutina puede ser un
anestésico adictivo). Surrealismo que se
continúa en la corta “Incineración addenda” y en un completo “Bono Exhumación”
de once poemas (con epitafio y todo), el credo de N en su deambular sonámbulo revela,
paradójicamente, una tan lúcida visión de la realidad que hasta nos encandila.
Sin duda, como se enuncia al final del objeto textual, en su contratapa, he
aquí, para nosotros lectores (o “polillas de la lectura”), un buen “bocadito”.
Finalmente, de esta saga en verso libre y con juego
caligráfico se desprende también una moraleja: toda gloria se hace generalmente
de días de desasosiego, de fisuras y marginalidades que encarar, de noches mal
dormidas y de una rutina que suele no tener nada de glamour y así y todo vale la pena atreverse a sobrellevar,
transgrediendo cuándo y cómo se pueda para vivir a pleno el acto de escribir y,
más importante, de existir creativamente.
viernes, 9 de agosto de 2019
REPIQUE DE CAMPANAS
Hace unos dos años, un colega de la Universidad Landívar, me pidió un libro de cuentos para que fuera traducido al kaqchikel, uno de los idiomas mayas con mayor cantidad de hablantes en Guatemala. Como ladinos-as hemos convivido con personas kaqchikeles casi a diario. Hemos asumido voces y vocablos que proceden de este idioma. Sobre todo los que nacimos y crecimos en la ciudad de Guatemala como yo. Está nuestro idioma tan lleno de marcas del kaqchikel, que a veces no las podemos identificar o diferenciar. Pero sobre todo, de maneras diversas, el idioma maya ha entrado en nuestra cultura ladina, transformándonos, convirtiéndonos en hablantes del español, con fuerte influencia de un idioma en el que muchas personas han hablado y compartido experiencias, en algunos casos en espacios muy íntimos, otras veces en los lugares donde se producía el comercio, como en los mercados o en las calles.
Actualmente el kaqchikel se habla y se escribe, se enseña y se aprende en el idioma materno, sin que tengan que pasar los hablantes, por la fuerte censura de un nacionalismo, cuya ideología, los mantuvo silenciados en su propia lengua materna, principalmente en los espacios públicos, aunque no en los domésticos.
El peso del colonialismo epidémico mantuvo estos idiomas silenciados en los espacios educativos, enseñando en un segundo idioma, sin que los profesores tuvieran experiencia en el idioma maya, de la comunidad en donde se encontraba la escuela o el establecimiento. Ni siquiera habían sido sensibilizados en la cultura otra, se trataba de una enseñanza mandatoria en un idioma que había sido impuesto, para que las comunidades mayas fueran asimiladas a lo nacional, entendido dentro de los parámetros de la homogenización de la cultura y el idioma español.
Muy a pesar de todas estas imposiciones, el idioma español que se iba enseñando, se iba alejando cada vez más del modelo que pensaba el español proveniente de su raíz española. La convivencia entre las culturas, tanto maya como ladina, iba matizando aquel español que se hablaba y con el cual se realizaban operaciones cotidianas. Y aunque las comunidades kaqchikeles cercanas a la ciudad, tenían que aprender a escribir en español, de maneras distintas y variadas, a veces hasta excéntricas, los vocablos kaqchikeles aclimatados al español, iban apareciendo para ser incorporados a la vida diaria de los ladinos, sobre todo cuando las escuelas dejaron de tener una ideología segregacionista, y empezaron a mezclarse en espacios más académicos con los hablantes del idioma maya.
Por eso hoy un libro como Ri nik' ulwachitäj chi ruwach'ulew/El mundo es todo lo que acaece (Universidad de Aguascalientes, 2018) aparece como un libro que contiene los dos idiomas que me han marcado como escritora a lo largo de una carrera no tan larga, que se inicia en la década del 80 y se consolida en el siglo XXI. De una manera provoco mi propio proceso de descolonización, sintiendo un profundo orgullo de ser leída por las comunidades kaqchikeles.
Estoy muy agradecida con Juan Blanco, quién fuera el director del ILI al momento de hacerse la traducción y todo el proceso de edición, realizado por la Editorial de la Universidad de Aguascalientes, universidad donde hice una estancia postdoctoral en el año 2014. Además allí mismo había publicado en co-edición con la Dra. Consuelo Meza Márquez un libro sobre poetas mayas contemporáneas en el año 2015. Y entiendo que la traducción realizada por la maestra intercultural Celia Ajú Patal, fue un esfuerzo por consolidar redes de mujeres tanto mayas como ladinas, en una acción de entendimiento y comprensión de las dos culturas.
Le quedo sumamente agradecida a Martha Esparza que sometió el libro a los dictaminadores ciegos que trabajan para la U. de Aguascalientes en los procesos de validación de los libros que publica la Editorial de la Universidad de Aguascalientes.
Me doy cuenta que esto de los libros y su historia tiene que ser comentado y escrito, publicado en algunos lugares para dar cuenta de los procesos por los cuales atraviesa la escritura y en este caso, la traducción, de mujeres guatemaltecas, en los esfuerzos de las redes centroamericanas de críticos y críticas, por expandir el conocimiento sobre la historia de la literatura de mujeres de América Central. Creo firmemente que en esto de la publicación de Ri nik' ulwachitäj chi ruwach'ulew , tuvo que ver, la posición de los astros, en distintos momentos del proceso del libro. No tengo palabras suficientes con las cuales agradecer a Juan Blanco su solidaridad con la escritura y traducción de obras de escritoras guatemaltecas, que en este caso representamos, tanto Celia Ajú como yo. Sabemos que Juan Blanco está totalmente sensibilizado con los temas mayas, y que este tipo de proyectos, se logran cuando en puestos con algún poder, se encuentran algunos hombres (que casi siempre están en esas posiciones) que creen en los proyectos mayas y también en los proyectos entre mujeres. Así que este libro viene acompañado de varios padrinos y madrinas, y espero que circule de la mejor manera posible, sobre todo en espacios de educación intercultural. (como decía Regina Schroeder, una amiga mexicana difícil de olvidar al paso de los años, cuando se publican libros de mujeres, en algún lugar suenan campanas!)
jueves, 1 de agosto de 2019
LARGO SEMÁFORO DE IDENTIDADES
Me vine a Xela para poner distancia entre mis yos. Me vine a Xela para saber si a vos, te extraño menos o más, que cuando estoy allá en la ciudad llena de perros callejeros. Me vine a Xela para no sentirme presa. Para salir de la cárcel de la cotidianidad. Me tomé un bus. Venía vacío. Allá en Cuatro Caminos se subió la policía militar, para ver si había centroamericanos viajando en el bus. En realidad sí, todos estábamos allí con nuestra centroamericanidad llevada a cuestas, lo queramos o no. Me vine a Xela, buscando mi famoso ombligo extraviado. Mi papá me aplaudió la tarde anterior, cuando supo que yo me vendría a Xela, lo que me hace pensar que mi ombligo tiene bastante posibilidad de haber sido enterrado en este lugar. Sí, me vine a Xela. Llegué a Xela. En mi cartera traía un libro. Requiém por Teresa, recién sacado por el FCE. La última novela de Dante Liano. Leyendo la novela en el bus, como una lectora que se respete, iba yo, cuando subió la policía que les cuento, en Cuatro Caminos, me miraron con sospecha. Ya que nadie más venía leyendo. Se dieron cuenta seguramente, que yo no parecía de Guatemala, que si iba leyendo sería de otro país (como que nadie lee en Guatemala se dijeron). Pidieron el dpi. Yo me tardé en sacarlo. Me hablaron para ver si me sentían un acento distinto. Y yo, sí que tengo un acento distinto, mezcla de los acentos de los distintos lugares donde viví durante 16 años. De las distintas personas que traté día a día esos 16 años, argentinos, chilenos, venezolanos, mexicanos, nicaragüenses, peruanos, brasileños, mexico americanos, españoles; de distintos colores también si eran norteamericanos, blancos, negros, mulatos, amarillos. Y es que el acento tiene color, pensé. Efectivamente en medio del intríngulis de la novela, y porque la trama me tenía atrapada se me cayó el monedero cuando intentaba sacar el dpi. Eso los hizo pensar que efectivamente mi acento me delataba. Y sigo pensando que sí, que mi acento cambiaba de colores. Era como un largo semáforo de identidades. Y cuando dije dpi, lo dije como argentina, cuando se me cayó el monedero, lo mexicano se me salió, "chinga su madre", dije sin querer, luego cuando intentaba dárselos se me resbaló de nuevo y cayó sobre el sillón del bus, despertando nuevas sospechas, que estuviera más nerviosa que una salvadoreña intentando pasar por guatemalteca. Y así iba yo, cometiendo todos los errores que podía. Todo se me caía, hasta la novela boté. Por suerte no perdí la página en donde iba. Finalmente entregué con un estilo un poco agringado mi dpi, y hasta dije sorry, y luego cuando me lo devolvió, y ya saben uds que una no se parece para nada a su foto del dpi, porque cuando sacan esa foto, una, está como la gran diabla, porque ha hecho todas las colas del mundo, y ha pasado al menos media mañana en ese lugar. Total, que todavía se bajaron viéndome de reojo. Me recordé entonces de los caballos, porque me miraron así, acaballadamente (yo como pinche lectora, me recordé de El hombre que parecía un caballo) de lado y bufando. Con hartas sospechas. Y yo pues ya ven sin pena ni gloria, volví a la novela, porque me tenían harta los tiras culeros, boludos pensé. Me cago en la leche, dije bajito, cuando desde fuera del bus, todavía me querían ver la cara de hondureña que va a la Mesilla. Al final Anabella me estaba esperando en la parada del bus. Y al sentarnos a descansar en un lugar, nos dimos cuenta que como buenas fans de Dante Liano, llevábamos la misma novela en la bolsa. Ay pensé yo. Qué suerte que no íbamos juntas. Seguro que a los tiras, esto sí les hubiera parecido sospechoso!
viernes, 19 de julio de 2019
EL MUNDO ACAECE CUANDO ACAECE
EN EL MES DE JULIO DE 2019, SE PRESENTÓ EN LA UNIVERSIDAD RAFAEL LANDÍVAR, EN EL MARCO DEL CONGRESO DE ESTUDIOS MAYAS, EL LIBRO: EL MUNDO ES TODO LO QUE ACAECE (UNIVERSIDAD DE AGUASCALIENTES, 2018). EL PROYECTO SE INICIÓ HACE UN AÑO Y MEDIO O MÁS, CON UNA INICIATIVA DE JUAN BLANCO, QUE ERA EL DIRECTOR DEL ILI (INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN INTERCULTURAL) DE LA VRIP, URL.EL PROYECTO ERA UNA TRADUCCIÓN DEL LIBRO ESCRITO POR MÍ, Y LA TRADUCCIÓN FUE DE CELIA AJÚ, MAESTRA MAYA KAQCHIKEL, QUE TRABAJA COMO INVESTIGADORA EN EL MISMO INSTITUTO. OFRECÍ EL LIBRO PARA TRADUCCIÓN SIN TENER CERTEZA SI SERÍA BIEN RECIBIDO POR EL PÚBLICO LECTOR.
MIS CUENTOS SON REGULARMENTE VISIONES OBLICUAS DESDE EL MUNDO DE LAS MUJERES, Y AUNQUE NO TODOS LOS CUENTOS SE NARRAN DESDE EL MUNDO DE LAS MUJERES, LA VISIÓN SÍ SE CONSERVA, HAY UNA DESCONSTRUCCIÓN DE ESE MUNDO DESDE LA VISIÓN DESENCANTADA Y CRÍTICA DE UNA MUJER ESCRITORA QUE HA TENIDO QUE BREGAR ENTRE DISTINTOS SISTEMAS PATRIARCALES, Y QUE DE ALLÍ HA APRENDIDO FORMAS DE RESISTENCIA Y DE RESILIENCIA.
EN LA FOTO PUEDEN VER QUE HAY SOLO MUJERES. ANITA Y CELIA QUE SON MAYAS Y EL RESTO DE MUJERES LADINAS Y/O MESTIZAS COMO DICEN EN MÉXICO, PORQUE NOS ACOMPAÑABA CONSUELO MEZA MÁRQUEZ. LETICIA GONZÁLEZ, INVESTIGADORA TAMBIÉN DE LA VRIP, HISTORIADORA ACUCIOSA. CLAUDIA DARY ESPECIALISTA EN TEMAS ANTROPOLÓGICOS E HISTÓRICOS, Y YO AL CENTRO CON CARA DE SOY LA AUTORA DE ESTE ENGENDRO. EN FIN. ESTE TEXTO SE ESCRIBE PORQUE COMO LES HA SUCEDIDO A OTROS Y OTRAS ESCRITORAS, EL LIBRO QUEDA EXCLUIDO DE LOS CIRCUITOS DE DIFUSIÓN NACIONAL. TENDRÍA QUE ESTAR MUY CONECTADA CON LOS CIRCUITOS PEQUEÑOS O NO TAN PEQUEÑOS, QUE MUEVEN EL LIBRO EN GUATEMALA. ME CUENTAN RECIENTEMENTE QUE PREGUNTARON EN SOPHOS SI TENÍAN EL LIBRO, A LO QUE RESPONDIERON QUE NO, Y QUE NO LO PUEDEN CONSEGUIR. EN FIN. NO HAY MUCHO QUE HACER AL RESPECTO.
QUEDA QUE EL TIEMPO SIGA SU CAMINO Y QUE EL LIBRO TAMBIÉN LO HAGA.Y QUE NO SUCEDA LO QUE A OTRAS MUJERES, QUE NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA. Y QUE SEA DESDE OTROS LUGARES DESDE DONDE SE LEA Y SE TRABAJE.
miércoles, 26 de junio de 2019
EN EL TALLER DEL MAESTRO ANTONIO PICHILLÁ
Llegamos en un viaje algo largo, desde la capital de Guatemala, hasta San Pedro la Laguna, para conocer el Centro de Investigación Científica que maneja el Dr. Domingo Yojcom. Era un viernes. Íbamos en un busito, un poco apretados, los 12 estudiantes del curso de Literatura y cultura popular, su coordinador y yo. Desde que entramos al lugar, sabíamos que nos deparaban sorpresas que luego pudimos comprender mejor. En el CIC la información fue sorprendente. Conocer a alguien como el Dr. Yojcom fue impresionante. La manera en que podía decirnos sobre cuestiones intensas y complejas, con una facilidad sorprendente y en un tiempo comprimido. Luego escuchamos una lectura breve y una conversación con Pedro Chavajay que muy amablemente llegó para que lo conocieran los estudiantes que habían ya leído un libro de él. Y la última fase fue ir al Taller de Arte de Antonio Pichillá. Nosotros ya habíamos visto cuadros e imágenes de Antonio. Pero la sencillez con la cual él nos fue dando un tour por su obra fue asombroso, para todos y para mí, que era la única mujer del grupo. Ese día aprendimos de forma condensada a comprender varios mundos con los cuales nos habíamos cruzado pero donde nunca habíamos entrado. La obra de Pichillá fue algo que no hemos olvidado, y que nos ha marcado a cada uno, a lo largo de estos meses, de distintas y variadas formas. La idea del nudo, relacionado con la filosofía, con la vida, con la muerte, fue algo central. La forma en que estamos formados de nudos internos y externos. La forma en que complejamente nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Eso estuvo en la mirada que dimos a su obra, y la humildad y facilidad de comunicación de Antonio nos ha dejado pensando. Que es lo que la obra de arte debería siempre hacer. Ir a San Pedro fue una revelación, y también nos orientó el proyecto final. Comprender la cultura otra, a través del arte, la literatura y el desarrollo de un pensamiento excéntrico hoy todavía para nosotros, abrió algunas fisuras, desde donde se pueden seguir colando otras reflexiones interesantes y que quizás nos enseñen más que cualquier manual de filosofía.
Llegamos en un viaje algo largo, desde la capital de Guatemala, hasta San Pedro la Laguna, para conocer el Centro de Investigación Científica que maneja el Dr. Domingo Yojcom. Era un viernes. Íbamos en un busito, un poco apretados, los 12 estudiantes del curso de Literatura y cultura popular, su coordinador y yo. Desde que entramos al lugar, sabíamos que nos deparaban sorpresas que luego pudimos comprender mejor. En el CIC la información fue sorprendente. Conocer a alguien como el Dr. Yojcom fue impresionante. La manera en que podía decirnos sobre cuestiones intensas y complejas, con una facilidad sorprendente y en un tiempo comprimido. Luego escuchamos una lectura breve y una conversación con Pedro Chavajay que muy amablemente llegó para que lo conocieran los estudiantes que habían ya leído un libro de él. Y la última fase fue ir al Taller de Arte de Antonio Pichillá. Nosotros ya habíamos visto cuadros e imágenes de Antonio. Pero la sencillez con la cual él nos fue dando un tour por su obra fue asombroso, para todos y para mí, que era la única mujer del grupo. Ese día aprendimos de forma condensada a comprender varios mundos con los cuales nos habíamos cruzado pero donde nunca habíamos entrado. La obra de Pichillá fue algo que no hemos olvidado, y que nos ha marcado a cada uno, a lo largo de estos meses, de distintas y variadas formas. La idea del nudo, relacionado con la filosofía, con la vida, con la muerte, fue algo central. La forma en que estamos formados de nudos internos y externos. La forma en que complejamente nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Eso estuvo en la mirada que dimos a su obra, y la humildad y facilidad de comunicación de Antonio nos ha dejado pensando. Que es lo que la obra de arte debería siempre hacer. Ir a San Pedro fue una revelación, y también nos orientó el proyecto final. Comprender la cultura otra, a través del arte, la literatura y el desarrollo de un pensamiento excéntrico hoy todavía para nosotros, abrió algunas fisuras, desde donde se pueden seguir colando otras reflexiones interesantes y que quizás nos enseñen más que cualquier manual de filosofía.
UN DÍA EN LA FLEX CON ANABELLA ACEVEDO
Encontré esta foto en una viejita computadora que ya no uso. Fue un día especial. Contar con la amistad de Anabella Acevedo que procede de 1994. Cuando nos conocimos antes de que yo partiera para Estados Unidos a buscar una vida académica que me hiciera crecer intelectualmente.
Hacer proyectos con Anabella siempre ha sido interesante. Hay muchas complicidades. Ya no hay que hablar mucho para quedar en qué se va a hacer. Y a pesar de que contamos con amistades diversas, variadas, y heterogéneas, cuando ella y yo nos vemos, podemos estar o no de acuerdo, pero eso no causa separación total. A veces algunos distanciamientos, que nunca rompieron nuestra amistad. Quiero pensar hoy que esa amistad es duradera. Que no se va a romper. De hecho cuando ella me invitó para esta oportunidad, para cerrar con una conferencia la Flex que ella había organizado, me pidió tratar el tema de la poesía joven guatemalteca. Al final decidí hacerlo con un trabajo como de 6 páginas, para leer allí, ese fue el engendro del ensayo que después ganara en Xela los Juegos Florales. Creció de 6 a 60 páginas que era lo que solicitaba el concurso. Fue interesante que de una idea engendradora, creciera un trabajo que se convirtió en un capítulo de un libro que pronto publicaré. Lo que todo esto quiere decir, es que cuando las amistades son fuertes no se rompen. Cuando tenés imaginación hay creación y cuando tenés el aire para escribir, pensar, analizar y lucubrar sobre temas, la crítica emerge desde espacios excéntricos. Porque ese trabajo nació de una idea singular, creció tanto que se convirtió en ese ensayo con el que me premiaron el género del ensayo en 2013. Y yo le quedé agradecida a Anabella por todo. Por las veces que nos ha recibido en las distintas casas donde ha vivido, como que yo fuera de su familia. Ha escrito varias veces sobre mis libros. Me ha presentado en lugares donde he adquirido fama local al menos. Ha recibido en su casa también a amigos míos, que ha hecho suyos. En fin. Espero que esta hermandad no se acabe sino hasta que yo definitivamente salte al cenote y encuentre a mi dios, pero eso sí con una copa de vino blanco (no me gusta el vino tinto) y si puedo tomar un "papa noir", como se llama el vino de Toulouse, pues mejor.
Encontré esta foto en una viejita computadora que ya no uso. Fue un día especial. Contar con la amistad de Anabella Acevedo que procede de 1994. Cuando nos conocimos antes de que yo partiera para Estados Unidos a buscar una vida académica que me hiciera crecer intelectualmente.
Hacer proyectos con Anabella siempre ha sido interesante. Hay muchas complicidades. Ya no hay que hablar mucho para quedar en qué se va a hacer. Y a pesar de que contamos con amistades diversas, variadas, y heterogéneas, cuando ella y yo nos vemos, podemos estar o no de acuerdo, pero eso no causa separación total. A veces algunos distanciamientos, que nunca rompieron nuestra amistad. Quiero pensar hoy que esa amistad es duradera. Que no se va a romper. De hecho cuando ella me invitó para esta oportunidad, para cerrar con una conferencia la Flex que ella había organizado, me pidió tratar el tema de la poesía joven guatemalteca. Al final decidí hacerlo con un trabajo como de 6 páginas, para leer allí, ese fue el engendro del ensayo que después ganara en Xela los Juegos Florales. Creció de 6 a 60 páginas que era lo que solicitaba el concurso. Fue interesante que de una idea engendradora, creciera un trabajo que se convirtió en un capítulo de un libro que pronto publicaré. Lo que todo esto quiere decir, es que cuando las amistades son fuertes no se rompen. Cuando tenés imaginación hay creación y cuando tenés el aire para escribir, pensar, analizar y lucubrar sobre temas, la crítica emerge desde espacios excéntricos. Porque ese trabajo nació de una idea singular, creció tanto que se convirtió en ese ensayo con el que me premiaron el género del ensayo en 2013. Y yo le quedé agradecida a Anabella por todo. Por las veces que nos ha recibido en las distintas casas donde ha vivido, como que yo fuera de su familia. Ha escrito varias veces sobre mis libros. Me ha presentado en lugares donde he adquirido fama local al menos. Ha recibido en su casa también a amigos míos, que ha hecho suyos. En fin. Espero que esta hermandad no se acabe sino hasta que yo definitivamente salte al cenote y encuentre a mi dios, pero eso sí con una copa de vino blanco (no me gusta el vino tinto) y si puedo tomar un "papa noir", como se llama el vino de Toulouse, pues mejor.
EL MUNDO ES TODO LO QUE ACAECE
(Aida Toledo. México: Universidad de Aguascalientes, 2018)
Todo lo que acontece, la sucesión de hechos que se producen en determinado tiempo y lugar, deviene en la realidad, mediante la cual nos vinculamos con el mundo en que vivimos. El mundo es todo lo que acontece, es el título de mi libro de cuentos, tomado de una frase del Tractatus de Wittgenstein. La misma idea inserta en El sueño creador de María Zambrano. Quizás vista por mí, alguna vez en la poesía de Parra. Así es el mundo de las ideas. Da vueltas, gira, se concentra en algo que vivimos, que se sucede y cae en un tiempos que no imaginamos. Ahora que lo pienso, el título del libro quizás se refiera, a cómo este mundo acontecido en hechos que devienen en un tiempo y lugar, hacen mi vida y la de mis personajes. Y mis personajes viven aquellos hechos como yo los he vivido, los he visto, he sido testiga, o los he imaginado. El mundo acontece en mí, se inventa en mi imaginación creadora, sucediéndose en tiempos continuos y discontinuos. A saber.
(Aida Toledo. México: Universidad de Aguascalientes, 2018)
Todo lo que acontece, la sucesión de hechos que se producen en determinado tiempo y lugar, deviene en la realidad, mediante la cual nos vinculamos con el mundo en que vivimos. El mundo es todo lo que acontece, es el título de mi libro de cuentos, tomado de una frase del Tractatus de Wittgenstein. La misma idea inserta en El sueño creador de María Zambrano. Quizás vista por mí, alguna vez en la poesía de Parra. Así es el mundo de las ideas. Da vueltas, gira, se concentra en algo que vivimos, que se sucede y cae en un tiempos que no imaginamos. Ahora que lo pienso, el título del libro quizás se refiera, a cómo este mundo acontecido en hechos que devienen en un tiempo y lugar, hacen mi vida y la de mis personajes. Y mis personajes viven aquellos hechos como yo los he vivido, los he visto, he sido testiga, o los he imaginado. El mundo acontece en mí, se inventa en mi imaginación creadora, sucediéndose en tiempos continuos y discontinuos. A saber.
domingo, 23 de junio de 2019
DESMATERNIDADES REFLEXIONES FEMINISTAS A PROPÓSITO DE LAS PIEZAS DE MONICA MAYER
No hace falta que lo digan, pero el concepto de la maternidad ha cambiado desde hace varias décadas en un país que como Guatemala, estuvo en una larga guerra, donde las mujeres participaron militando, en los distintos ejércitos, en la clandestinidad, y por supuesto y como siempre nos ha sucedido, hubo que trabajar casi siempre para la manutención diaria de la marimba de hijos que fueron/fuimos teniendo (esto sí es una metáfora, porque solo tengo una hija). Muchas tuvieron que dejar de estudiar, que era algo que todavía estaban haciendo, dado que en un país que camina para atrás, cuesta terminar una carrera universitaria, si acaso una la ha empezado.
Este tema se me ocurrió ahorita, porque me recordé de que por mucho tiempo me pasé sin hijos/hijas, ahora hasta me sobran los postizos y postizas. En su defecto amé hasta el fondo a mis dos sobrinos, un par de gemelos que mi hermana mayor tuvo, hombre y mujer. Los amé como solo puede amar una no-madre. Así después amé a mi propia hija con gran pasión, entrega y sacrificio. Fui lo que se llama una madre entregada a la vida de mi hija. Y todavía por ahí ando terminando mi labor, sin mucho éxito. La maternidad en Guatemala no es fácil como posiblemente no lo es en ningún lugar del mundo. Lo que sucede es que en algunos países una puede resolver lo de la cuidada diaria de la/el pequeño, sin tanto dolor. El crecimiento de estos niños no es fácil. Y por eso entiendo que hoy, las mujeres que conozco, bastante jóvenes y altamente inteligentes, no quieran, se nieguen o estén convencidas que tener hijos no era el fin primordial de ellas. La maternidad yo no la viví siendo joven. Digamos que tuve a mi hija después de los 30, cuando ya había vivido lo suficiente, para no pensar que quería seguir de farra cuando iba hacia los 40. A mí me funcionó bien. No fue lo mejor para mi hija, porque su padre resultó tener otras hijas, y eso le provocaba a ella una gran inestabilidad. No digamos a mí, que era la del error de tener una hija con un hombre que ya había tenido varias familias. En ese sentido les decimos desde esta palestra, que lo piensen muy bien. Que se valoren y entren en relaciones más parejas. Donde no hayan tantos compromisos. Que se lo piensen. Y aunque nadie me esté pidiendo mi opinión, aquí desde este blog quisiera que muchas no cometieran el error de dejar de estudiar, por dedicarse a poblar este mundo con hijos que no podrán cuidar, y sin suficientes recursos económicos, que los hijos/hijas siempre recordarán. En familias muy numerosas, la desigualdad de trato es fea. Yo siempre recuerdo la propia, y sé porque tempranamente me di cuenta de todo, que mi vida no iba a ser fácil y no lo fue. Por eso, la falta de ganas de ir por el mundo teniendo hijos con varios. No lo hice. Al menos eso sí hice bien. Le di a mi hija lo único que le podía dar bien, cuidarla y mantenerla sin privaciones. Aunque tuviera que compartir a su padre con las otras hermanas. Las piezas de Mónica Mayer me traen este tipo de reflexiones. Porque sus piezas hoy piezas del museo de la mujer desde la década del 70 en México, me parece que siguen teniendo vigencia, porque por eso el arte feminista tiene sentido todavía para muchas, porque las cosas han ido cambiando, pero así como el racismo no ha terminado ni se ha eliminado, así también el sexismo sigue vigente, y desde nuestros equivocados conceptos de liberación, creemos practicar el feminismo, de manera un tanto tergiversada, porque hemos introyectado las nuevas y recientes estrategias patriarcales con las cuales estos grupos que a veces nos oprimen, se renuevan, para seguir manteniendo el control. Veo y sigo viendo en la obra de Mayer, que su propuesta está en una práctica de la libertad de acción, pero también siguen vigentes los temas de la maternidad, de la desigualdad de roles, de la falta de oportunidad de las mujeres para terminar carreras, y profesionalizarse. Ver arte feminista ayuda por lo menos a reflexionar a propósito de observar con ojo crítico, que las cosas no han cambiado tanto para las mujeres desde la década del 70 cuando Mayer está proponiendo las piezas reflexivas de verdadero carácter feminista. Claro que el mundo ha cambiado. Principalmente el tiempo ya no es el mismo. Parecemos estar en ese tiempo de la ficción. Y por eso debemos volver a mirar aquello que ya no miramos. Hay que ver y analizar con ojo crítico nuestras propias vidas, aunque pensemos (como yo lo pienso) que ya no tengo tanto que vivir. No estoy siendo pesimista. Al escribir esto, al revisar estos días la obra de Mayer me he dado cuenta, que las cosas no han cambiado tanto. Que si no nos ponemos vivas y reaccionamos corremos el mismo riesgo que nuestra generación de seguir en el círculo vicioso de las nuevas estrategias patriarcales, para manejar nuestras vidas. Si les puedo ser sincera, ser independiente totalmente al menos me ha servido para no sentir tanta opresión. Puedo escribir lo que quiera, puedo ser libre cuando escribo. En esta etapa de mi vida, si estuviera encarcelada en funciones domésticas desfasadas, seguro me largaba del lugar. Pero también hay que pensar en las otras opresiones y volver a ser cautas y no olvidar que ese sistema que nos ha regido la vida, hasta de cuántos, cuándo y dónde y con quién podemos tener hijos, está allí de nuevo, para decirnos cómo manejar nuestro cuerpo, que fue una de las luchas de las feministas como Mayer en la década del 70.
viernes, 21 de junio de 2019
DA MIEDO LO DE LAS ESTATUAS
Da temor caer en el abismo
Siento vértigo en todas las orillas
Estoy en ese punto
En donde mi vida
Se desliza hacia los vértices
Parada frente al precipicio
De todas mis pasiones
De todo
Lo que ya no es
De lo perdido
De lo extraviado
De lo olvidado
De lo borrado
Digo que lo de las estatuas
Da pavor
Da pavor verse
Tan blanca
Tan erguida
Tan sensual
Tan desnuda
En medio de una plaza
Da verdaderamente
Miedo
Hacerse sal
Convertirse en piedra
Sería menos duro
Volverse aire
Viento
Ceniza
Y caer
Diluida
Esparcida
Olvidada
Da temor caer en el abismo
Siento vértigo en todas las orillas
Estoy en ese punto
En donde mi vida
Se desliza hacia los vértices
Parada frente al precipicio
De todas mis pasiones
De todo
Lo que ya no es
De lo perdido
De lo extraviado
De lo olvidado
De lo borrado
Digo que lo de las estatuas
Da pavor
Da pavor verse
Tan blanca
Tan erguida
Tan sensual
Tan desnuda
En medio de una plaza
Da verdaderamente
Miedo
Hacerse sal
Convertirse en piedra
Sería menos duro
Volverse aire
Viento
Ceniza
Y caer
Diluida
Esparcida
Olvidada
(m.díaz. Territorio invisible. Imagen)
jueves, 7 de febrero de 2019
La novelística de Byron Quiñonez: algunas
reflexiones sobre el contexto literario en que aparecen sus novelas
Los inicios
de siglo desde la modernidad latinoamericana periodizada entre 1909 y 1970,
evidencian en la literatura y el arte el aparecimiento de fisuras y quiebres en
los registros artísticos. La postmodernidad como sensibilidad se periodiza por
la crítica latinoamericana a partir de 1970, avanzando en el siglo hasta
finales del siglo XX.
Al cambiar
el siglo, las tecnologías de la información se transforman mucho más y
posibilitan mayor velocidad de la información, lo cual le ofrece al nuevo siglo
la oportunidad de colocarse con sus vertientes artísticas en espacios mucho más
comunicados, pero con un perfil de masa más pronunciado. Guatemala no fue una
excepción aunque haya tenido fuertes contrastes. El país firmaba la paz en
1996, y la nueva sensibilidad de postguerra en Guatemala, dio oportunidad de
nuevo a ciertos quiebres y aparecimientos de fisuras que estaban en relación
con el relajamiento político que se estaba viviendo.
Se abren
espacios literarios para la juventud que estaba deseosa de empezar la práctica
de la literatura, se hacen talleres, exposiciones, happenings y otros eventos
públicos, donde se advierte una nueva sensibilidad de nuevo siglo, coincidente
con otras partes del mundo, donde había y no había habido guerra civil. El
autor que estudiamos, Byron Quiñonez aparece en la escena a fines del siglo XX e inicios del XXI.
Publica su primer libro de cuentos en el año 2001, se lo publica una editorial
alternativa del momento, Editorial X, y el libro se titula: Seis cuentos para fumar (2001). La
publicación del primer libro de este autor, lo ubica en la nueva sensibilidad
del nuevo siglo.
El que sus
narrativas tengan carácter de literatura negra no es casual. Porque se han
abierto vetas narrativas por los narradores de las dos últimas décadas del
siglo XX, donde advertimos dos o tres tendencias, entre las cuales se ubica la
que se desarrolla en la obra de Quiñonez. Se trata de la tendencia y el trabajo
hacia la novela policial y negra, cuyos antecedentes mayores están en la obra
de alguien como Rodrigo Rey Rosa, principalmente en algunos de los cuentos de El cuchillo del mendigo (1986), El agua quieta (1989) y Cárcel de árboles, relato largo, con la
tendencia de la novela corta de Quiñonez, de 1991.
Existe otro
antecedente en la novela de Dante Liano, titulada El hombre de Montserrat (1994), donde Liano inmerso en la temática
de la guerra interna, coloca a su personaje, un militar de carrera, en medio de
un asesinato, que él mismo tendrá que enfrentar, tanto como investigador como
por sospechoso. Podemos advertir que la novelística de Liano en este registro
tiende a la carnavalización y al espíritu crítico que acompaña buena parte de
su obra creativa, y en ese sentido no entabla relaciones intertextuales con la
obra de Quiñonez. Porque una característica central de la obra de Byron son las
atmósferas enrarecidas, que hacen obvio que sus tendencias narrativas, estarán
más amarradas a los nuevos espacios que como sujeto social, encuentra en la
postguerra guatemalteca, donde empiezan a emerger las historias, unas más crueles
que otras, de lo acontecido durante el conflicto armado. Pero también aparecen
las nuevas mitologías de las violencias tanto de guerra, como de postguerra,
donde Quiñonez que es un sujeto de ese
momento, puede utilizar los insumos ofrecidos por las violencias diarias a las
que se encuentran expuestos los sujetos urbanos, para ambientar sus historias,
y mezclar mitos antiguos con postmodernos, en una ciudad cuyos ciudadanos han
visto, oído y leído sobre los extremos de la violencia sobre lo humano, y están
en medio de un imaginario de postguerra, que podría rebasar la admitido por la
tolerancia de lo inaudito.
En este
periodo del nuevo siglo, la tendencia tanto de la narrativa como de la poesía,
será exacerbar las violencias, y convertirlas en algo mítico, muy atado a la
famosa vena siniestra, que Juan Fernando Cifuentes, observaba ya en las
narrativas cortas, escritas por hombres y por mujeres de Guatemala, en la
última década del XX y de las cuales quedaron algunos escritos críticos que se
publicaran en Palo de Hormigo.
Nos
interesa situar la obra de Quiñonez, en relación con las novelas que tienen
cierto perfil gótico. Las llamadas narrativas negras o policiacas, que son
lecturas apetecidas por la juventud de hoy, que encuentra en ellas resabios de
las violencias que les han quedado a un nivel casi mítico, porque son sujetos
del nuevo tiempo, y van a exorcizar sus miedos, leyendo estas historias,
creadas por los escritores del siglo XXI, que regresan a retrabajar los mitos y
leyendas de lugares oscuros, siniestros y terribles, del siglo XIX.
La
narrativa de lo oscuro, de lo siniestro a la que nos referimos, está
concentrada en los relatos cortos de Rey Rosa, que sería digamos, un referente
en el tema. Pero tendríamos que rebuscar en los libros, revistas y
publicaciones de la última década del 90 para ir encontrando vínculos e
intertextualidades entre unos y otros escritores, para poder comprender mejor
el contexto literario en el que podemos ubicar la narrativa de Quiñonez.
Hijo del
rock nacional e internacional, Quiñonez también está amarrado a una línea de
desarrollo de lo contracultural. Y quizás por eso los personajes de sus
narrativas tienen transformaciones, metamorfosis y cambios. Se pueden leer sus
obras en relación al zoomorfismo, pero
no con los mismos lineamientos del siglo XX, sino buscando en sus
simbolizaciones híbridas entre humanos y animales, las otras connotaciones que
tienen estos personajes, dentro de los mundos oscuros y siniestros de una
sociedad que llegó a los extremos de la deshumanización, al enfrentar a civiles
desarmados con soldados y especialistas en sobrevivencia en campos de
guerra. ¿Se puede entender lo sucedido
respecto a las distintas violencias que se dieron y los alcances de la tortura
en los tiempos de la guerra en Guatemala? No lo creo. Nosotros tratamos de
digerir todavía las historias que se cuentan de los sobrevivientes, y también
de los testigos al encontrar los cuerpos mancillados y deshechos de hombres y
mujeres que tuvieron que enfrentarse solo con su juventud, a una máquina de
destrucción, sin tener con qué defenderse. Por eso ¿cuál ha sido la forma de
sublimar todo aquel horror, por no haberlo vivido, no entenderlo a cabalidad,
no acertar a preguntar con detalles, a causa del miedo? Si la pregunta se la
han hecho los y las escritoras, quizás estas narrativas negras, policiacas y
siniestras, estén respondiendo literariamente a estas interrogantes sociales,
que los colectivos que no escriben ni crean, no pueden ni siquiera somatizar.
Las narrativas negras de Quiñonez aparecen en la oscuridad de un tiempo casi
sin memoria. Los personajes son míticos, están simbolizados en espacios no religiosos,
en espacios donde lo inhumano superó las expectativas de lo humano. Para ver
qué tanto propone, lo mejor será leer sus narrativas y desde nuestro sillón de
lectores, opinar sobre nuestra propia experiencia de lectura.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
SE VA A CAER (patéticas historias para celebrar el 8 de marzo y que nos nazca la consciencia feminista) Han pasado ya muchos años desde que ...








