domingo, 13 de agosto de 2023


 LAS AFROSAMBAS DE VINICIUS DE MORAES Y BADEM POWEL

He escuchado muchísima música brasileña a lo largo de unos 30 años. Era asidua de un programa de Jorge Sierra sobre música del Brasil en los años 80, y en medio de la noche, colocaba a todo volumen, en la tecnología que tenía, las piezas de samba, bossanova y ahora sé afrosambas, que Sierra iba tocando para su audiencia, que hoy no sé cuál era, no sé quiénes éramos los del club que estábamos fascinados por una música que parecía quedarnos lejos, pero que sentíamos como nuestra. Pienso que sería la cadencia, la sonoridad de lo híbrido, la sensualidad de la danza con la que ellos suelen acompañar la música.

Vinicius de Moraes es una institución en la historia de la música popular brasileña, acompañó en las décadas del 60 y 70 a jóvenes músicos y músicas, que luego desarrollarían sus propios estilos hacia el fin del siglo XX. Además a de Moraes lo había leído como poeta, me había marcado su lectura, porque los poemas tenían una conciencia postmoderna que a mí me encantaba, había algo de hechizo en la forma tan natural en que Vinicius abordaba el hecho poético.

A lo largo de mucho tiempo, fui escuchando poemas de Vinicius interpretados por diferentes músicos, con arreglos propios y de otros y otras, que iban apropiándose de su camaleonismo poético, y su relación con la música, que le venía desde adentro, desde su propia apertura para ver su pasado colonial y tratar de entenderlo a través de la música y la poesía.

Escribió muchas letras de canciones famosas, que hemos escuchado los aficionados a la música brasileña, pero quizás de la que menos se sabe es la de la Garota de Ipanema. Letra que le pertenece, y a la cual Jobim le puso la melodía, pero en un trabajo de rapacería, como era común entre esos grupos de músicos populares. Al paso del tiempo no se escucha que Vinicius de Moraes la haya escrito, se le otorga el crédito de todo a Jobim que obviamente le pudo poner música a una pieza que es mucho más famosa que los dos juntos. Pero no lo hizo solo. Vinicius es una especie de gurú de la poesía y de la música, pues otros artistas con quienes también creó piezas híbridas, entre música popular y poesía escrita por él mismo, también lograron gran difusión y se conocieron por todo el Brasil, pues la radio era en ese tiempo una forma de comunicación muy eficiente y altamente popular.

Las aficionadas y aficionados de Vinicius supongo que saben que en los años 60 se alió con Badem Powel, el guitarrista afrobrasileño y esa relación resultó en un abordamiento de parte de Vinicius de la cultura yoruba. Al punto que tanto poesía como música fueron intervenidas de parte de Vinicius con la fuerte influencia de la cultura afrobrasileña, y esa relación entre músicos de distinto origen le dio un sello que sigue gustando, y que hace hoy que sus canciones, sus piezas, que siguen sonando, hablen en el trasfondo de un compromiso social, político y cultural, que artistas como de Moraes hicieron con lo que aquí gustan llamar mestizaje, solo que en el caso del Brasil, se trata de al menos tres claras culturas en mezcla, que dan como resultado, piezas musicales, que pueden seguir emocionando a quienes en el siglo XXI, seguimos escuchando la humanización que alcanzaron estas obras de músicos que se comprometieron con sus distintos orígenes étnicos. Una de las más conocidas es Berimbau, pero son muchas las piezas de este periodo y del album que grabaron completo con Badem Powel, en aquella ya olvidada década del 60, en que el Brasil y su cultura iba aceleradamente hacia la transmodernidad.


jueves, 10 de agosto de 2023



POEMAS DE LA IZQUIERDA ERÓTICA: MEDIO SIGLO DE VIDA REVOLTOSA

El primer libro de Ana María Rodas, Poemas de la izquierda erótica fue publicado hace cincuenta años, más específicamente en 1973. Haber publicado su primer libro como una edición de autora, sin un respaldo editorial, fue en cierta forma un acierto. Porque de todos modos ninguna editorial de ese momento, posiblemente, se hubiera interesado en los temas que sobre la sexualidad, el erotismo, las relaciones disparejas de pareja, la crítica en asuntos de género, que hoy están tan en boga, trata el primer volumen de poemas de Rodas.

Las ediciones sobre este libro han sido escasas. A los 25 años de vida, Gurch una editorial creada por Méndez Vides y María Elena Schlesinger, reeditaron Poemas de la izquierda erótica, si no me equivoco era el año 1998. Años después yo escribiría y publicaría un trabajo pionero sobre el libro, al que titulé:  "Feminismo y subversión en los setenta en Guatemala. Poemas de la izquierda erótica de Ana María Rodas, historia de un libro". Destiempos, no. 19, 2009.  Trabajo que había escrito después de 1998, cuando ya Gurch había publicado la segunda edición del libro de Rodas, celebrando sus 25 años de vida, y que finalmente aceptarían en Destiempos, unos años después.

En 2004, Editorial Piedra Santa publicaría con el título de Poemas de la izquierda erótica, una edición que incluía como trilogía, los primeros tres libros de Rodas (Poemas de la izquierda erótica (1973), Cuatro esquinas del juego de una muñeca (1975) y El fin de los mitos y los sueños (1984)). En ese momento finalmente, se honraba la obra de Ana María Rodas con una edición que aglutinaba en un solo libro, los tres primeros libros de una autora que había que tenido que sufragar sus dos primeras ediciones ella misma, para poder hacer circular su incipiente pensamiento feminista.

Estamos en el año 2023 y una editorial nueva, dirigida por Pablo Sigüenza decide publicar una edición conmemorativa de los 50 años, del mismo libro que ha dado tanto de qué hablar. La edición de Parutz es interesante, tiene en la portada una foto de la autora tomada por Mauro Calanchina en los años 70. El fotógrafo que tanto capturó la atmósfera político-cultural de ese periodo, y que hizo una serie amplia de la figura de Rodas, porque seguramente se dio cuenta del impacto que su figura y su obra adquiriría al paso de los años. Esta edición incluye en la parte posterior un breve ensayo mío, que tiene una historia, que no les cuento en este escrito. 

Lo cierto es que el contenido de los poemas del primer libro de Rodas tiene la suerte de desatar todavía algunos escozores, principalmente porque sigue manteniendo vigente un lenguaje que se deja leer por un público cada vez más popular, y por los nuevos sujetos digitales, que prefieren un lenguaje coloquial, comprensible y directo, como el que maneja el libro. Esa fue siempre una de sus bondades. En un inicio se identificó el lenguaje del libro como una apropiación del lenguaje masculino, lo cual era cierto. Porque la poesía de mujeres en los años 70 no estilaba llamarle a las partes del cuerpo en contextos amorosos, por su propio nombre. Se utilizaban muchísimas metáforas y figuras literarias, para sustituir el uso de nombrar a las partes del cuerpo de hombres y mujeres, por su nombre científico. No digamos al ejercicio dinámico de hacer el amor con el sujeto del canto.

Además el libro que trata temas de género de manera abierta y emplazante, sigue diciéndole a la gente lectora de hoy, que se discute dentro de esta actitud algo a lo que se tiene derecho, y por lo que se ha luchado desde la década del 70 hasta el día de hoy. O sea el libro dialoga a nivel de temas de género con nuevas y antiguas generaciones. Con colectivos de edades distintas, que logran comprender los alcances de la poesía desacralizante de Rodas.

Escuchando los comentarios ese día en que se presentó la edición de Parutz, según dijeron, solamente había dos personas que habían estado cincuenta años atrás en la presentación del libro, la autora y su amigo Enrique Noriega, que la acompañara ese julio de 1973, cuando según dicen, cayó una lluvia torrencial.

La edición de 1973 fue diseñada por Ramírez Amaya. Posee el toque que el pintor guatemalteco ha impreso en diversas obras de la generación del 70 a la que Rodas perteneció. Son icónicas las manos que aparecen en la portada, que es roja como la sangre. La segunda edición de Gurch, estuvo cuidada por Méndez Vides, que incluyó en la portada una foto de una mujer muy misteriosa en penumbra, con un antifaz, que nos hablaba de un pasado difuso y alternativo en el cual los poemas de Rodas nacieron. La edición de Piedrasanta que es una compilación de los tres libros, luce dibujos relacionados de manera muy tangencial, con los de Ramírez Amaya en la portada, como reminiscencias del pasado. En tanto la de Parutz presenta a la autora como la capturara Calanchina esa década del 70, en una Guatemala que se debatía en una de las olas de enfrentamiento entre guerrilla y ejército, que es efectivamente el contexto histórico de la escritura de este primer libro del 73.

El día de la presentación del tercer libro, le volvieron a preguntar a la autora sobre su compromiso político. Ella como lo ha hecho en diversas ocasiones evadió la pregunta. En ese momento pensé que la gente pregunta o tiene dudas, sobre si el libro como su nombre lo indica es el resultado de la visión de una mujer de izquierda guatemalteca. Y si leyeran más detenidamente los poemas podrían comprender más que se trata de una autora, una mujer que en su momento circulaba en medio de los grupos culturales y literarios comprometidos con el proyecto político de las izquierdas. Hoy eso no existe más. 

Si leen cuidadosamente verán poemas donde la persona que está escribiendo tiene un pensamiento emancipador. Hace propuestas sobre las relaciones amorosas, donde todavía privan las mitologías patriarcalistas, induce a desprenderse a "botar el rosa", y dejar "el jardín que apesta a muerte". Sugiere entre versos que se trata de una mujer que posicionada desde una izquierda literaria, asume su papel liberador de pensar y decir lo que piensa, de escribirlo sin que haya censura. 

Hay un momento en Poemas que la sujeta lírica tiene una epifanía, y se da cuenta, que su posicionamiento sí está a la izquierda, porque plantea la liberación y la emancipación de la mujer para pensar por sí misma, sin embargo entiende que lo está haciendo solo desde una erótica de la escritura, y que esa izquierda recalcitrante, no le va a dejar otra opción. Y por eso dice en los poemas de manera conclusiva que "esta algo así/como a la izquierda erótica".

Es indiscutible que en su sabiduría poética, la persona que canta sabe que sí, que está planteando una manera de vivir más libre en todo sentido para las mujeres, y que esa manera de decirlo sí viene de la propuesta de la izquierda donde ella se posiciona. Pero que hay una enorme distancia entre este pensamiento emancipador de género y las prácticas excesivamente patriarcales que advierte en sus compañeros de ruta, tanto amorosa como política.

De esa cuenta que en su segundo libro, Cuatro esquinas del juego de una muñeca, escribe en forma de carta el primer manifiesto de emancipación total de sus congéneres masculinos, y le titula: "Carta a los padres que están muriendo". En esa carta les dice del cansancio que tiene, porque está harta de seguir escondida debajo de sus faldones. De tener que seguir sus recetas hasta para escribir. Y es que Rodas utiliza la poesía para indagar sobre la conducta humana, y nos permite auscultar un tiempo, que posiblemente no podemos entender tanto, sin haberlo vivido, en el cual las mujeres jóvenes y/o maduras se emancipan y deciden vivir bajo otras reglas. Ellas se encuentran en un periodo histórico donde la muerte rondaba el país. Saben de la muerte y de la vida. Fueron testigas de fuertes olas de violencia, en donde algunas de ellas perecieron. Otras son sobrevivientes. 

Poemas de la izquierda erótica es la historia de un colectivo que en medio del fragor de la guerra, utilizó la fractura para emanciparse sexual y mentalmente. Y sí algunas lo hicieron desde las trincheras, otras desde la soledad de sus casas. Pero todas sufrieron la metamorfosis, tuvieron la epifanía de la emancipación y la liberación de una tiranía que les venía en la mayoría de casos desde los núcleos familiares o desde los espacios íntimos, en donde el sistema patriarcal tenía todo el control.

lunes, 3 de abril de 2023

 

(m.araujo, imagen)

REFLEXIONES DESPATRIARCALIZANTES EN TIEMPOS DE COVID: 
LA PEPITA OTRA VEZ

María Josefa García Granados conocida como Pepita, nació en el Puerto de Santa María, Cádiz, España en 1796. Fallecería en Guatemala en 1848. Perteneciente a una de las familias coloniales, García Granados como escritora estuvo activa durante el periodo de la Independencia hasta cerca de su muerte.

Escribió y publicó en periódicos de la época, poemas, retratos, ensayos periodísticos y políticos. También abordó el género dramático. Hacía parte de un grupo de escritores que pertenecían de distintas y variadas maneras a la sociedad elitista del siglo XIX. 

Se le reconoce por mantener una tertulia literaria y política que se sucedía en su casa y en la de sus parientes. Se casó con Ramón Saborio, con quién procreó varios hijos. Entre estos es recordada Cristina, que a la larga se casó con el hermano menor de Pepita, Miguel García Granados- como era la costumbre endogámica- que sería de 1871 a 1873, presidente de la República. 

La hija de Cristina y Miguel,  es la recordada Niña de Guatemala, del poema de José Martí, el escritor cubano, que todavía conoció el auge de las tertulias de los García Granados durante el siglo XIX. De esa manera conoció a la sobrina-nieta de la Pepita.

La escritura de Pepita García Granados se ha quedado como legado en el imaginario literario por haberse realizado en una época turbulenta, política y económicamente. Se ha logrado reunir poco de su obra poética, y se conocen más sus escritos periodísticos, ya que se trataba de una escritura inmediata y política. 

Como otras escritoras del siglo XIX fundó un periódico titulado Cienvecesuna, en el cual se dedicó a escribir una serie de textos, con los cuales se puede comprobar que su periodismo fue combativo, asunto que no era propio de las mujeres de su momento, pero donde ella se inserta de manera radical. 

Hemos señalado en otros escritos que se trata de una tradición matrilineal, en donde ella abre y acuña un registro político, apareciendo para su propio contexto social y cultural como una escritora revoltosa y anárquica. Consideramos esto como el inicio de un femilinaje, que si revisamos más detenidamente y se nos permite, es la primera en el siglo XIX de una literatura transgresora y rebelde. 

En literatura de creación son muy conocidos y reconocidos hoy, tanto “El sermón”, como el "Boletín del Cólera Morbus”. Ambos textos reflejan las tensiones entre sociedad e iglesia, o sociedad decimonónica y salud. Dado que en uno arremete contra integrantes de la iglesia católica de los cuales era cercana; y en el segundo contra los médicos e instituciones que se dedicaron de manera corrupta e ilusa, a intentar combatir una pandemia como el cólera en el correr del siglo XIX.

El resto de poemas conocidos son algunos de crítica social, donde advierte los males del patriarcado, y conversa poéticamente con esas jóvenes ingenuas, que pueden caer en sus trampas. Otros poemas capturan el paisaje del momento, todas aquellas imágenes que tuvieron un impacto bajo su mirada. Pero en varios de los textos escritos por la Pepita se advierte una vena despatriarcalizante al estilo del siglo XIX. Y no eran meras palabras, se trataba de una manera de ser, porque se sabe por sus biógrafos más reconocidos y su familia, que era una mujer fuera de serie, incluso en el espacio doméstico e íntimo.

La obra recogida de la Pepita es pequeña, a lo largo de muchos años nos hemos imaginado más de lo que en realidad hemos leído. Y su figura sigue siendo un referente de los feminismos de la región centroamericana, aunque la Pepita no intentara sentar cátedra.

De todos modos vivió una vida diferente que otras mujeres de su clase social, y se arriesgó al punto, que en algunas ocasiones tuvo que salir huyendo por los tejados hacia Chiapas  donde se exilió algunos años, para no caer presa por denigrar a otros en sus famosos “Retratos”. Así entendemos lo peligroso que era la escritura en tiempos de independencia.

Y por otro lado al final de sus días fue diagnosticada con “histeria”, asunto que podemos entender cada una de nosotras en este tiempo, porque quién no se iba a enfermar, al estar consciente que le había tocado vivir en un tiempo que no le correspondía.

Al final muere como Sor Juana, en silencio y quizás por eso podría decir lo mismo que dice la monja mexicana en algún momento: "In malevolam animam non introibit sapientia".


viernes, 24 de marzo de 2023

 ACERCA DE UNA CONCIENCIA SUBALTERNA: REFLEXIONES SOBRE LA MALINCHE


Hace ya muchos años leí dos libros que me parecieron cruciales para entender la vida de alguien como la Malinche. uno de ellos fue La ruta de Cortés de Fernando Benitez y el otro Las conspiradoras de Jean Franco. 
La Malinche o Malintzin como le llaman a este personaje histórico fue una mujer esclava que según se relata en el libro de Benitez, fue uno de los regalos otorgados a Hernán Cortés por los emisarios de los reyes de México hacia el siglo XVI.
El punto es que esta esclava, Malintzin tenía una historia. Procedía de una genealogía aristocrática, pero cuando su madre enviuda y vuelve a casarse, es vendida por su propia madre para quitarle el derecho a herencia que ella poseía, por ser hija primogénita de esa familia, y así beneficiar al medio hermano que ahora tenía.
O sea su destino como niña cambia, al ser vendida a otro grupo con el cual comerciaban objetos y obviamente, seres humanos al momento de llegar los españoles a suelo mexicano.

Por eso cuando llegan los españoles a México, uno de los regalos que le ofrecen a Cortés es esta mujer, que para ese entonces había cambiado de dueños al menos en dos ocasiones. 
Regalar las mujeres esclavas parecía ser una norma, para agradarse entre grupos de hombres, con los cuales se hacían transacciones de distinto tipo. Este hecho puede ser histórico, pero bajo nuestra visión de hoy, se convierte en una acción deplorable para la vida de las mujeres de ese momento, y de hoy, que sabemos es todavía una práctica en lugares y condiciones donde las mujeres vuelven a ser parte del botín ya no de épicas guerras, sino de distinto tipo de negocios. 

Leyendo a las escritoras chicanas noté que ellas desconstruyen y desmontan el mito de la Malinche, así como en muchas ocasiones nosotras hemos trabajado el mito de Penélope en relación con la fidelidad y las estrategias de Penélope para no caer en las manos de avariciosos pretendientes.

En los dos mitos, las mujeres que están reinventando estrategias de sobreviviencia, en situaciones límite, están siendo leídas de distintas formas. 

En Penélope se le celebra el uso de la imaginación con el tejido y la astucia de descoser lo cosido, para poder esperar más tiempo, y no tener que decidir con quién casarse. Este mito también tiene su parte poderosamente patriarcal, porque Penélope tiene la obligación de matrimoniarse con otro, solo porque su esposo Ulises, ya no regresó. Como que era un mandato para estas mujeres, que no eran esclavas, pero sí propiedad de los hombres. Y por eso los pretendientes se sienten con derecho de exigir que ella vuelva a elegir a uno de ellos.

El caso de la Malinche es mucho más cruel. Porque siendo esclava desde niña, a pesar de haber sido noble y tener familia que la protegiera, cayó en desgracia por siempre, hasta que se encontró con Cortés. 

La Malinche tiene que haberse dado cuenta que su vida iba a cambiar, en este nuevo ambiente de hombres extranjeros. Yo no estoy segura si lo que afirma Weil sobre la esclavitud, haya sido una norma para ella. Hacer lo que el nuevo amo le estaba pidiendo. No sabemos y no se dice en la historia de la Malinche si ella fue violada por varios hombres españoles. O si solo fue Cortés. 

Pero el pacto de traducción, interpretación, consejería que le dio, parece ser otro tipo de acuerdo. Cortés tenía otros traductores, que eran varones. La razón por la cual la Malinche llegó a ser la traductora principal solo se ha analizado dentro de las habilidades que una mujer posee de engañar, de ser perversa con su propía gente, o con su marido en todo caso. 

El punto es que esta mujer no tenía marido en el sentido tradicional, porque era esclava, y eran explotadas no por un solo hombre sino por varios. Y no se ha estudiado tanto, el tipo de conciencia que una mujer desarrolla en estas condiciones de esclavitud. Y tampoco se explica el porqué tenía las habilidades de los idiomas. Y no se dice cómo una esclava había desarrollado estas potencialidades.

En los dibujos de los pueblos originarios mexicanos sobre la Conquista, aparece ella investida de una capacidad de palabra, de "ser lengua"  como se le llamaba a esa capacidad. De poder trasladar las ideas de un idioma a otro. Y esto está entendido en los dibujos encontrados como una cosa mágica. 

El punto entonces es que en su relación con Cortés, pasa de ser una simple esclava para la cama y la violación de la tropa, a ser la traductora del conquistador. Y en ese sentido es ella la que tiene que haber pactado esa participación, para poder eludir todo lo que le tocaba hacer sexualmente con muchos hombres. Cosa que no decidían ellas, sino que en calidad de regalo a los conquistadores, y específicamente a Cortés, pues le correspondía ser violada por él, y seguramente por otros a los que Cortés quisiera agradar o agradecer algo.

Todo esto que ahorita reflexiono desde este espacio, no pretende justificar el hecho de traducirle a Cortés e interpretarle, y con eso vender a su pueblo. Habría que pensar también cómo entendía ella, que su propio pueblo la usara como regalo a los conquistadores. O sea ¿qué les debía ella como ser humano a quienes la usaban como un objeto de transacción y que la habían condenado a la esclavitud desde que era niña?

Por eso pensando en la conciencia de una mujer como la Malinche, aunque fuera muy rudimentariamente, tiene que haber tenido una epifanía, al darse cuenta que con este tipo de hombres extranjeros, podía hacer algún tipo de pacto. Al cambiar de opresor de su propia esclavitud, tuvo que entender que estaba en otro plano como mujer y esclava.

Considero que intentar entender a un personaje como ella, en la situación límite en que estas esclavas se encontraban, la cuestión de la interpretación, que seguramente era un don que ella tenía, fue utilizado como la única salida posible a una vida desgraciada como esclava de largo tiempo.

La cuestión de la maternidad en el caso de la nación mestiza, haberse convertido en el símbolo satanizado de permitir iniciar tal nación, me parece un argumento inválido para situaciones de guerra. Muchas mujeres, niñas y jóvenes, o quizás hasta mayores, fueron violadas por los españoles y tuvieron hijos de esos abusos, pero no han sido condenadas por la historia por los efectos de la bastardización. 

La Malinche es el caso de una mujer que no falleció en medio de esos vericuetos. Una de las pocas que logró alcanzar a sobrevivir y sacar adelante al hijo que tuvo en ese periodo tan tremendo. Y quizás solo lo pudo hacer, porque se trataba del hijo de Cortés. 

El que la Malinche haya tenido la habilidad de los idiomas hoy se vería como una ventaja para cualquier persona, pero en su caso, se transforma en algo negativo. Y la manera como ella se agenció el hecho de la traducción tampoco se ha comentado tanto a lo largo de su existencia como personaje histórico. De hecho durante mucho tiempo no se habló de ella en la historia de México, hasta que se convirtió en la mujer maldita, que todavía pervive en el imaginario patriarcal. 

Supongo que esa conciencia subalterna que tiene que haber rescatado en medio de la esclavitud, fue la que le permitió salir viva de esa tragedia. Al revisar la forma en que se convirtió en alguien central para la traducción e interpretación, existiendo otros traductores en la historia de la conquista de México, todos hombres, nos permite pensar que en su relación con Cortés, logró salir del estrato más bajo donde se podía encontrar una mujer esclava en el tiempo del descubrimiento y la conquista de México. Porque ella se logró imaginar cómo revertir el orden político en el que se encontraba.

  


sábado, 3 de septiembre de 2022


(feminismos/abya yala)


SABERES Y VIOLENCIAS
Me he recordado de algunas reuniones entre poetas en los años 80, cuando íbamos leyendo poemas que acabábamos de escribir y compartíamos en lectura con otros poetas regularmente varones. En ese momento los grupos literarios donde yo me movía estaban formados por muchos hombres y muy pocas mujeres. Pero lo mío se dio en el medio universitario, y no era común que hubiera muchas mujeres.
Luego en la década del 90 decidí ir a un taller con un famoso poeta, mayor que yo, que tenía fama de ser un gran tallerista. Con él se habían formado poetas que yo consideraba muy buenos, y con quiénes sostenía una relación literaria que había fortalecido mi escritura.
Lo cierto es que en los dos casos estuve expuesta varias veces a que mis poemas fueran criticados fuertemente por la mayoría de varones del grupo, por no parecer poesía, pero se les unían las pocas mujeres con sus tibias opiniones sobre nuestros textos que no parecían poesía. Al poseer una personalidad combativa esto de aceptar lo que me decían no iba conmigo obviamente, entonces rechacé de manera enérgica cualquier comentario que implicara descontar mis poemas como poemas, y continué desarrollando sin que la opinión de aquellos sujetos, hombres principalmente, me detuviera. 
Me daba cuenta que me encontraba escribiendo de manera distinta a como ellos suponían debía lucir la poesía. Si en ese momento hubiera yo encontrado y leído los poemas de Ana María Rodas de 1973 me hubiera dado cuenta que precisamente sus poemas en el libro discuten el hecho de aceptar las recetas que en aquel entonces los varones, solían dar, sin estárselos pidiendo, sobre todo a los textos escritos por mujeres, que en algunos casos no estaban dentro de la línea o estética nerudiana que a ellos les parecía, era el modelo poético del momento.
Por supuesto que había leído a Neruda, mínimo en los Versos del capitán o el famoso libro de los 20 poemas de amor y una canción desesperada, y sí me gustaba, pero eso no quería decir que mi escritura tomara ese modelo, porque no se me daba en su totalidad. A lo mejor porque nuestra escritura en los años 80 estaba más en sintonía con las escrituras de otros y otras en distintos lugares del mundo, que poseíamos una escritura mucho más conversacional y popular, periférica y descentrada, que lo que Neruda proponía, que también tenía su atractivo.
El punto central de esto que escribo, es recordar que en distintos momentos de mi vida, por dedicarme a la escritura en sus diferentes géneros, he estado enfrente de otros y otras, que quieren darte lecciones de cómo escribir, darte lecciones de escritura, no solo creativamente, sino también ensayísticamente, pero los peores momentos han sido con los puristas del lenguaje, que creen siempre que te pueden mejorar la plana, aunque no posean muchos textos publicados propios con que demostrar que tienen una excelente redacción y que conocen todas las reglas gramaticales a las que se adhieren ese tipo de individuos.
He notado que esta actitud de demostrarte que tu escritura posee muchos problemas de eficiencia, es algo más común cuando se trata de la escritura realizada por las mujeres. Puedo poner muchos ejemplos donde esto se prueba, pero no es esa la intención, sino hablar de cómo en el medio académico y creativo, estamos tan expuestas a ser violentadas y descontadas por sujetos que nos quieren corregir la plana, y que en otros medios menos patriarcales, eso ya no se tolera.
Es más común en la actualidad que en los consejos editoriales y en los equipos de corrección  haya un número mayor de mujeres, porque eso evita estos descuentes de género, sobre todo si las mujeres asumen una actitud menos visceral con los textos, solo por venir firmados por mujeres.
He estado pensando en estas situaciones. Suelen provocar muchas violencias, que yo asumo como de género. Porque se realizan mayormente en los textos escritos por mujeres que en los que hacen los varones.
De esa cuenta que al concursar en espacios de literatura, algunas de nosotras simulemos o escondamos el género en el que estamos escribiendo, para evitar este tipo de reacciones en los jurados, que obviamente tienen un fuerte poder en ese momento. En varias ocasiones simular el género ayuda a ganar el concurso. Por supuesto que esto tiene aristas a comentar, como el caso inverso, cuando los varones simulan ser mujeres en concursos donde los jurados van a cuidar mucho el prejuicio de género, para optar a un premio tal o cual.
El punto central quizás sea el hecho de sufrir las violencias y tener que hacer silencio, porque en las instituciones se han equivocado colocando en espacios de poder de decisión o de evaluación, a individuos que tienen prejuicios de género girados a lo perverso. 
Es evidente que Sor Juana sigue teniendo razón cuando dice lo siguiente: "In malevolam animam non introibit sapientia".




viernes, 2 de septiembre de 2022


                 (m. mayer, imagen)


 LA SORORIDAD COMO RELIGIÓN

Solemos olvidar que el mundo de las mujeres está repleto de experiencias donde hemos llevado las de perder tanto en los espacios domésticos como en los espacios públicos.

En la actualidad las mujeres más jóvenes que se encuentran en espacios laborales de distinta índole suelen sufrir frecuentemente de acoso de parte de sus empleadores, o de jefes menores que se consideran con derechos adquiridos por estar en una posición jerárquica arriba del papel que tienen estas jóvenes. Y suponen que como en todo sistema patriarcal, esto les da derechos de pernada.

En el caso de las mujeres que han adquirido suficiente educación para competir por puestos donde antes solo entraban los varones, uno de los impactos más grandes son las consideraciones y clasificaciones de posición y de salarios. Regularmente ganan menos que los varones que aunque no posean los mismos títulos que ellas, se encuentran valorizados un poco más arriba y reciben más sueldo.

Si una mujer reclama su derecho, puede suceder que acabe despedida, o que se encuentre alguna causa para desacreditarla y de esa manera deshacerse de ella en medio del escarnio. En estas maniobras suelen participar otras mujeres, que se encuentran en relaciones de dependencia con los jefes que regularmente son varones. O que son eslabones de un sistema que las ha atrapado y de dónde no pueden o no desean escapar, porque se ha hecho hábito recibir órdenes sin cuestionar los porqués de tal o cual decisión arbitraria por descuentes de género, clase social u origen étnico.

La experiencia nos muestra en la actualidad que las cosas no han cambiado tanto, y que tampoco los derechos peleados y luego adquiridos en las largas luchas por el derecho a la igualdad y la equidad desde el mundo de las mujeres, tienen un impacto en espacios sociales y políticos que se encuentran tomados por la corrupción, el narcotráfico y sus secuelas a distintos niveles, incluso en el académico.

La relación entre mujeres suele ser en la actualidad muy competitiva por un lado, y tiene un lado perverso que está en relación con las diferencias de edad, de clase social, de preferencia sexual y de origen étnico, donde acabamos destruyendo los lazos de solidaridad que distintos grupos de mujeres de variados lugares, orígenes y estratos, construyeron a lo largo de mucho tiempo como un puente de comprensión entre mujeres con problemáticas similares o con alguna recurrencia en las experiencias de opresión doméstica y pública.

Trabajando en espacios muy patriarcales, mujeres que hemos tenido acceso a la educación superior alta, solemos cuestionar, emplazar y rechazar los nuevos juegos del patriarcado, y escogemos como una opción posicionarnos en espacios donde se puedan habitar ambientes menos opresivos y excluyentes, cambiando nuestras actitudes y pensando y reaccionando más sororalmente, ante mujeres con fuertes situaciones de vulnerabilidad.

Ser más sensibles, abiertas y comprensivas con otras mujeres, que están situadas en espacios demasiado patriarcales, y que precisan de nuestra comprensión y ayuda para salir adelante, puede ser el único aliciente en un mundo que no está hecho para que quepan más mundos, y menos uno donde las mujeres podamos vivir libres de violencias, tanto físicas, psicológicas como epistémicas.





viernes, 26 de agosto de 2022



ENTRE JANET GOLD Y JOSEFA GARCÍA GRANADOS 

Posiblemente era 1992 o 93, Ana Ma Rodas me habló por tel porque había conocido a una escritora norteamericana en Honduras, y ella le había pedido contribuciones de trabajos sobre mujeres centroamericanas. Ana Ma. le había hablado de mí a Janet N. Gold, con quien hasta hoy seguimos siendo amigas. 

Yo nunca la había conocido ni había oído hablar de ella. No eran tiempos de celulares, wasap ni de redes sociales frenéticas. Apenas si bien, teléfonos en casa, y algunos todavía usaban los teléfonos monederos en las calles de la ciudad de Guatemala. Había yo tenido una hija, muy recientemente, y estaba pequeña, a pesar de eso trabajaba como en dos lugares dando clase y no sabía que un día me dedicaría como trabajo y pasión a la investigación en el campo de los ahora estudios culturales, con concentrada atención en el arte, la literatura y la cultura de mujeres de Guatemala, en ese momento y de Latinoamérica con el tiempo. 

Al final Ana Ma. había amarrado el hecho que yo escribiera algo sobre Josefa García Granados de quién yo era devota lectora, al menos de lo que existía impreso en ese momento, y además mantenía una pasión por su figura descentrada y marginal, a pesar de haber pertenecido a las familias coloniales de Guatemala. 

La Pepita casi no se leía en la USAC cuando yo había estudiado allí en la década del 80, y cuando se leía, estaba vedado leer "El sermón". La trabajaban pocos, y solo se la conocía, por haber escrito ese poema entendido como pornográfico. Y eso la descartaba de las lecturas tan doctas que tuvimos que hacer en aquellos años 80. De sus otros escritos casi no se hablaba, seguro nadie buscaba información. Se repetía que no había desarrollado tanto. Un compañero mío sí hizo una tesis sobre ella, cuando nos graduamos en 1989. Total que todos leíamos a la Pepita a escondidas, nadie se atrevía a ir más allá, delante de una escritora que se salía de los límites de todo. De ella tomé el nombre de mi página de internet en el año 1998, Cienvecesuna, nombre de su periódico en el siglo XIX, fundado por ella, y manejado autoritariamente, puesto que ella escribía, lo hacía circular y lo ha de haber pagado, para poder entablar diatribas con puros machos de la época. Se peleó escrituralmente con los salvadoreños que mantenían pugnas con los guatemaltecos en ese revoltoso siglo. Se discutían muchos asuntos políticos y ella no tenía empacho en externar su opinión. Acusada de rara, de vengativa, de mala madre y mala esposa, la Pepita hizo revuelos en el siglo XIX junto a sus compañeros de tertulia, escribió poesía, ensayo periodístico, teatro, y se dio gusto viviendo a su modo. 

Entonces fue sobre ella que escribí el primer ensayo entre 1992 y 1993, y en el 94 ya estaba yo revisando el texto cuando me iba a ir a vivir a Estados Unidos. Por eso me recuerdo bien de todo. 

Janet recibió el manucrito cuando yo ya estaba en USA, y al paso de los años lo puso en un libro Volver a imaginarlas (Guaymuras, 1998), mi texto se llama "Frente al imaginario retrato", y me lo han criticado, en diversos momentos, por la falta de rigurosidad de archivo, como que si en esa época se hubiera podido abrir los archivos o acceder a ellos en medio de la guerra, o en medio de las invisibilizaciones, que las propias familias coloniales hicieron de algunos escritos realizados por sus antecesores, como es el caso de la Pepita. Lo del imaginario retrato salió porque nunca tuve acceso a su imagen visual. Nosotros no conocíamos cómo lucía la Pepita, sino hasta muchos años después. La confundían constantemente con su nieta, la famosa del poema de Martí, María García Granados, hija de su hermano, Miguel García Granados. De quien sí había imágenes, pero de la Pepita la vimos cuando una persona de su familia, muchos años después envió una copia para ser colocada en el volumen que publicó la Tipografía Nacional en el siglo XXI. Y esa es la imagen que yo pongo ahora aquí para engalanar mi escrito de esta mañana.

Total que de Janet aprendí algo. A no dejarme vencer, y seguir rescatando y buscando escritoras que han quedado en el anonimato. Esperando que cuando no seamos mas que ceniza, alguien se ocupe de nosotras. 


jueves, 18 de agosto de 2022

 

ELISA RODRÍGUEZ CHÁVEZ
 
(UN INTENTO DE BIOGRAFÍA)

Aida Toledo

Elisa Rodríguez Chávez, nació en la ciudad de Guatemala en el año 1939, en un periodo histórico conocido como la "dictadura ubiquista". Hizo sus estudios de educación primaria, en el Colegio Belga Guatemalteco. Luego estudió una carrera como secretaria en la Academia Secretarial. No realizó estudios universitarios, pues estaba interesada desde niña en la educación musical, su sueño era ser pianista, y por eso se dedicó a los estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Música, desde los nueve años de edad.

La experiencia universitaria que logró en ese tiempo se resume en algunos cursos de literatura que tomó en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, que efectivamente coinciden con el periodo en que estaba escribiendo el libro Cárcel de su cuerpo (1962). Recuerda todavía que tomó un curso sobre el Quijote de Cervantes, impartido por el reconocido profesor Dr. Salvador Aguado Andreut. 

Los acontecimientos políticos en medio de los que Elisa nació, creció y se convirtió en la escritora que produciría en la década del 60 dos importantes novelas, se pueden situar muy bien, ya que habiendo nacido durante la dictadura de Jorge Ubico, se hizo adolescente y debe haber presenciado la llegada al poder de los dos gobiernos que han dejado marcas y huellas en las generaciones jóvenes que tuvieron la experiencia de primero de la revolución de 1944 y luego la llegada al poder del primer y único gobierno socialista, que se apagó en 1954. 

Lo cierto es que las novelas de Elisa Rodríguez se estaban gestando a inicios de la década del 60, o sea unos años después de la salida del presidente Arbenz, más durante el gobierno del general Castillo Armas, quién es asesinado en 1957. A Castillo Armas lo sustituye una junta de gobierno y a partir de allí la experiencia política de la juventud a la que pertenece Elisa, tiene una experiencia política similar, porque se trata de una serie de gobiernos dictatoriales, de los que no saldrá el país sino hasta la década del 80, cuando se elige mayoritariamente al primer presidente civil.

Las dos novelas de Elisa Rodríguez, Cárcel de su cuerpo y Oro de cobre, fueron gestadas tres años después de 1957. La autora había terminado sus estudios secundarios por completo y había comenzado a trabajar como asistente en una de las unidades educativas de la Universidad de San Carlos. Llevaba cerca de 4 años trabajando en la universidad estatal, cuando da inicio a la escritura de la primera novela. 

El proceso de escritura comienza entonces en 1960. Lo cierto es que los primeros borradores conocidos, aparecieron en el marco del premio de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango en el año 1962. Pero hoy sabemos que durante el proceso de escritura, de primero construye Cárcel de su cuerpo. Lo hace entre 1960 y los primeros cinco o seis meses de 1961. E inmediatamente al terminar la primera versión, inicia la otra novela, Oro de cobre, muy influenciada por los sucesos políticos que observa de cerca en la facultad donde se encuentra laborando. Elisa poseía un borrador ya legible de los dos libros, con los cuales y motivada por su padre, decide someterlas al premio de Quetzaltenango donde Cárcel de su cuerpo resulta ganadora del certamen único de novela y Oro de cobre, obtiene una mención honorífica. 

Sabemos que uno de los impactos más fuertes en las novelas de Elisa, fueron los estudios musicales, los distintos ambientes que ella vivía en el Conservatorio Nacional de Música, y su trabajo en la Universidad de San Carlos. Además de su círculo familiar que fue central para la escritura de la literatura, donde tuvo importantes contactos artísticos, profesionales y humanos, que tienen que haber marcado su obra.

Por otro lado su padre, reconocido escritor guatemalteco, era en ese momento, el Director de El diario de Centroamérica, al momento en que Elisa gana los dos premios de novela, y hoy llama la atención que los organizadores del premio en Quetzaltenago, le avisaran de primero al padre que a la escritora ganadora, y es él precisamente, el que le informa a Elisa del acontecimiento. 

En 1965 la novela Oro de cobre será publicada en libro, y se reeditará posteriormente en el año 2010. La novela premiada, Cárcel de su cuerpo, nunca tuvo una edición en papel, en el presente está publicada en formato digital en México, dentro de una plataforma creada para la novela corta por profesores e investigadores de la UNAM. Y este espacio solo tiene los derechos por la edición digital. Así mismo, el sello Editorial La Pepita publicará en papel por vez primera el libro de Elisa Rodríguez Chávez en el año 2023.

Elisa va a continuar dedicándose a la escritura los años subsiguientes, pero desarrollará hacia el género del cuento, ganando premios con piezas aisladas, “La tormenta”, obtiene el primer premio en los Juegos Florales de Jutiapa; “Dipsómano” gana el premio único en cuento, además obtiene un segundo lugar en prosa en los Juegos Florales de Escuintla. El premio más importante en el género del relato breve es el de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango con un pequeño libro titulado Cuentos en la niebla (1974), que escribe cuando se encuentra viviendo y estudiando piano en el extranjero. Volumen de cuentos que nunca se publicó en libro. Entrevistada en este tiempo de covid, Elisa Rodríguez actualmente estudia dramaturgia, y como parte de las exigencias ha ido escribiendo obras de microteatro. 





sábado, 16 de julio de 2022

 

                                                              (IMAGEN, M. MAYER, MEX)

SOJOURNEAR

Habito este cuerpo y tengo consciencia de ello. Soy una mujer porque tengo lo que me nombra. Habito un cuerpo que hago mío como cuarto propio. Que administro como templo. Soy una mujer que piensa. Soy una mujer que siente. Soy también una mujer que escribe. Escribir es lo único que me hace ser la mujer que habita el cuerpo desde el que hablo. Por eso este cuerpo que habito me pertenece. No es de nadie y a nadie le debe nada de lo que es y sabe. Se lo ha ido ganando a pulso, gastando horas largas y tendidas de lecturas, de reflexiones, de escritura. Rechazando en innumerables ocasiones, una vida normal, para mujeres normales que antes tejían. Y que se sentaban a esperar largos años a los Ulises de sus sueños. Soy esa mujer que consumió años de resistencias a todo. Inicialmente, al lenguaje que le fue heredado desde una construcción diferente. Intentando no saber más, sino quizás ignorar menos. Una mujer que trató sin éxito de no jactarse de lo que sabe. Y que pretendió no embrollar lo que dice, en una espiral de sinsentidos patriarcales. Todo esto para dejar en otro plano la tal vida normal. Sí,  habito este cuerpo bajo mi discreción. Habito este cuerpo como una decisión de vida. Habito este mismo cuerpo que sigue siendo propio. Habito este cuerpo que me permite ser la que firma el texto. La que en libertad dice lo que piensa, lo que siente, lo que le molesta y se coloca todos los días críticamente frente al mundo y la época que le tocó en suerte.  

jueves, 23 de junio de 2022

 MAPEAR EL CORPUS DE ESCRITORES/AS MAYAS DE GUATEMALA

AidaToledo

                                                           (imagen, Danzantes Sotzil)
Recientemente en la clase de Literaturas indígenas (independientemente de las etiquetas) de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, se realizaron una serie de lecturas de poesía organizadas por los estudiantes y la clase. Participaron esta vez, Sabino Esteban, Carmen Tocay, Manuel Bolom Yaxcal , Norma Chamalé y Maya Cú,  Los estudiantes les hicieron entrevistas a Irma Otzoy, Manuel Tzoc Bucup, Carmen Tocay, Maya Cú y Evelyn Macario. Las actividades se realizaron de manera muy dinámica y los estudiantes tuvieron la oportunidad de tener contacto auditivo y visual con los escritores y escritoras.
Dentro de las actividades de la clase, se hicieron lecturas de obra narrativa y poética, y además abordaron ensayos escritos por escritores de origen maya, donde se discuten temas y conceptos sobre multiculturalidad, interculturalidad, mayanización, winaq, posicionamiento fronterizo, etc.
Las lecturas de obra creativa que se hicieron fue variada, pero sobre todo abordaron autores/as que emergieron desde la década del 60 del siglo XX. Entre estos estuvieron Morales Santos, Sam Colop, Luis de Lión, Víctor Montejo, María Elena Nij Nij, Calixta Gabriel, Rigoberta Menchú, Irma Alicia Velasquez Nimatuj y Aura Cumes Simon entre otros/as.
Dibujar un mapa de la literatura maya contemporánea conlleva una serie de problemáticas que nos asaltan en la actualidad sobre identidad, nuevos racismos, invisibilidad y otros temas afines. 
En las lecturas tuvimos la oportunidad de escuchar a algunos de ellos en sus idiomas originarios. Pero también leyeron en español, en traducción que los mismos autores hacen de sus poemas.
Las escritoras que leyeron Tocay, Chamalé y Cú, leyeron sus textos solo en español, porque no escriben en sus idiomas originarios. Esto nos trajo a la discusión el tema de la pérdida del idioma en la escritura de sus textos poéticos. Sobre el asunto del idioma hay muchas hipótesis y problemáticas alrededor. 
Las comunidades mayas de distintos lugares y ciertas generaciones, digamos que las últimas cinco generaciones en una misma familia, han ido dejando de manejar el idioma materno en las relaciones diarias y cotidianas. Sobre todo en algunos lugares comunitarios, más cercanos a la ciudad de Guatemala, o como ha sucedido con familias mayas que tienen unos 50 años de haber migrado a la ciudad, y las siguientes generaciones ya nacidas en la ciudad de Guatemala, han optado por cuestiones de exclusión, que sus hijos, nietos y bisnietos, aprendan a hablar el español, sin la intervención en el aprendizaje, de los idiomas originarios de las familias. Este elemento ha funcionado muchísimo como impedimento para el aprendizaje de los idiomas dentro de las familias, y repercute en la escritura creativa de los y las autoras.
En los casos que escuchamos de las tres autoras, ya no manejaban los idiomas dentro del seno familiar, por varias generaciones. Y habían aprendido el español sin que mediara el idioma que tampoco sus padres hablaban y menos escribían. Eran otro tipo de hablantes del español. Pues su cultura y prácticas comunitarias sí se daban en el caso de Tocay y Chamalé, pero no, en el caso de Cú, que no había estado expuesta tampoco a prácticas ancestrales de su propia comunidad dentro de la ciudad, por cuestiones de economía familiar, que según nos ha explicado estaba limitada incluso por la pobreza y la precariedad.
Los poetas Sabino Esteban y Manuel Bolom, proceden del interior de la república, el primero viene de Ixcán, y el segundo de Izabal. Las lecturas fueron bilingües en sus propios idiomas y en días de lectura distintos. Pero pudimos apreciar los sonidos y tonalidades de los idiomas maternos, y la manera en que la sonoridad cambia cuando pasa al español. Los dos poetas además manejan un concepto de lectura, que puede estar vinculada con las literaturas orales, que no observamos en las escritoras que leyeron sus textos en español, aunque todas manejaban un español cotidiano y actual.
Un aspecto bastante importante es que los lectores que nos brindaron la oportunidad de escucharlos en clase, poseen un nivel escolar alto por un lado, pero por otro, también poseen saberes comunitarios o colectivos, provenientes de otros espacios epistemológicos.
En el caso de Velasquez Nimatuj, no la tuvimos invitada en clase, pero escuchamos el poema que escribió y leyó en video. Se trata de un poema largo de tono histórico, y leído en español. En el video que asistimos los estudiantes y yo, pudimos notar que Velasquez deja caer las hojas, y posee una actitud impasible al ir enunciando las estancias en que está dividido el poema de los 200 años. Se encuentra sentada debajo de un árbol, en un espacio abierto y vestida con su traje tradicional de Quetzaltenango, donde efectúa una especie de performance poético muy interesante de analizar. Pues la autora posee una elegancia y un porte distinguido, que asociamos con el texto, de elevado tono reivindicativo y político, que nos retrae a pensar en el impacto que a lo largo de tantos años la colonialidad del poder ha tenido sobre las comunidades mayas contemporáneas, en donde se pueden visualizar aún hoy, una diversidad de orígenes, de acuerdo a los troncos lingüísticos  a los cuales pertenecen los y las autoras.
Podríamos comentar que en las entrevistas, que se realizaron en grupos, los estudiantes aprendieron directamente de la palabra de los/las escritoras sus opiniones y discusiones, acerca de temas delicados social, cultural y políticamente. Se abordó en el caso de las escritoras y del escritor Manuel Tzoc discusiones sobre género sexual y diferencias de género, que están vinculadas hoy, con otro tipo de discusiones sobre las genealogías y los elementos comunitarios, en los cuales no tenemos tanta experiencia e información. Y de los cuales solo nos quedaron algunos insumos teóricos.
El aparato teórico que usamos para analizar situaciones, entrevistas, lecturas están relacionados con las teorías de la descolonización, la mayanización, y los gestos y giros descoloniales. Los intelectuales mayas que leímos en el género del ensayo fueron Ajbee Jiménez, Irma Otzoy, Sam Colop, Demetrio Cojtí y Aura Cumes. 
Pensamos desde esta escritura que las resistencias que los/las autoras hacen desde la creación literaria, están en relación con la teoría que sobre el desprendimiento maneja la crítica descolonial latinoamericana. Y que también se trata de posicionalidades fronterizas en el caso de los diversos autores y autoras. Unos escribiendo de forma bilingüe y otros/as solo en español.
Una preconclusión podría ser que a penas estamos intentando dibujar, esquechar un corpus nuevo de autores/as contemporáneas. Que no podemos hablar de un canon, que es inexistente, porque desde distintos poderes, algunos de estos académicos, todavía se 
 pretende plantear un canon nacionalista que suponemos ya no aplica en las circunstancias y en los aprendizajes que realizamos.






miércoles, 22 de junio de 2022

 REFLEXIONES SOBRE EL CORPUS MAYA EN POESÍA Y NARRATIVA DURANTE EL SIGLO XX

La literatura escrita por escritores/as indígenas contemporáneos, ya se ha señalado que emerge en Guatemala hacia la década del 60 del siglo XX. Morales Santos, Luis de Lión y Sam Colop son algunos de los nombres que van apareciendo entre colectivos culturales ladinos. Morales Santos que es el primer maya en publicar un libro de poemas (Agua en el silencio, 1961) es el fundador de esta genealogía, que va emergiendo paulatinamente, mediada por los cambios en las políticas educativas para los pueblos originarios.
Morales Santos desarrolló en la década del 70 y 80 una obra poética ligada al grupo Nuevo Signo. Se trataba de un grupo cuyos integrantes eran originarios del interior de la república de Guatemala. En tanto Luis de Lión, desarrolla su actividad escritural ligado a la generación del 70, que giraba alrededor de actividades político-culturales, donde se encontraban Marco Antonio Flores, Ramírez Amaya, Ana María Rodas, Mario Roberto Morales, Enrique Noriega, Luis Eduardo Rivera y otros.
La primera publicación de Sam Colop aparece en 1976, y por ser desconocida para los lectores, se titulaba Versos sin refugio, que no traía sello editorial. Sin embargo sabemos que en ese momento, Sam Colop contaba con 21 años de edad a la hora de la publicación. Lo interesante del primer libro de este autor era que venía en edición bilingüe. Al inicio en k' iche' y luego en español. Y eso mismo sucederá con su segundo libro: La copa y la raíz (1978), en la cual la selección la hace entre poesía en versión bilingüe y la narrativa corta en versión en español. Lo que aparece muy interesante es que es una edición de Rin78, una cooperativa de publicación donde escritores noveles publicaron en dicha década.
Nos parece muy importante dar noticia de la inserción de la literatura de Sam Colop, porque no está localizado como uno de los escritores mayas de ese momento, sino se le ubica posteriormente como uno de los intelectuales mayas que va a discutir asuntos sobre relaciones étnicas, políticas y educación, y además como el traductor del Popol Wuj, (2008) en una de las mejores versiones poéticas que se conocen de ese libro. Pero todo esto acontece posteriormente a estas dos primeras publicaciones, donde Colop se va a ubicar como uno de los tres autores que inician el primer recorrido literario desde el corpus maya contemporáneo.
La primera vez que leí un texto de Sam Colop, lo encontré en una edición colectiva compilada por Lucrecia Méndez para Rin78, se titulaba Joven narrativa guatemalteca (1980).Y allí aparece un texto de este autor k' iche', "Quiché Achí, guerrero". Colop aparece entre otro colectivo joven de narradores ladinos, localizado por Méndez, y se constituirá en una de las primeras voces narrativas de autores mayas, en el género del cuento o el relato corto guatemaltecos.
Vale la pena recordar para la historia de la literatura guatemalteca en general, que tanto Luis de Lión como Sam Colop escribieron dentro de los géneros del relato corto y la poesía. En tanto Morales Santos se insertaba dentro de la poesía desde la década del 60.
(Imagen, Mujeres Ajchowen)

SE VA A CAER (patéticas historias para celebrar el 8 de marzo y que nos nazca la consciencia feminista) Han pasado ya muchos años desde que ...