EL INEVITABLE IMAGINARIO RULFIANO
Cuatro murmullos y un relincho en los llanos del silencio (Guanajuato, 2012), es el libro donde Balam Rodrigo, el poeta chiapaneco vuelve a Rulfo y a Pedro Páramo (1955).
En el libro de Balam Rodrigo, las voces de algunos de los personajes de la novela del 55, vuelven a dialogar, a murmurar, a contar, partes de la historia que quedaron ambigüas o que simplemente hemos olvidado.
Leer el ibro del chiapaneco tiene como resultado encontrarse con las voces líricamente logradas de personajes muy fuertes y abultados como Susana San Juan, Pedro Páramo o Dolores Preciado. Balam Rodrigo les prodiga la frase poética que Rulfo no pronunció o escribió, aunque en la intensidad de la ficción sí hayan estado. La historia no cambia, lo que se intensifica es la poeticidad de lo que se había narrado.
Logramos en la lectura de Cuatro murmullos, acercanos a los mundos de los personajes, mucho más, como en el caso de Pedro Páramo, de quién no sabíamos hasta donde había idealizado la figura de Susana.
Por otro lado la Susana de Balam, está siempre en ese espacio masculino del deseo. Balam Rodrigo no transfigura a este personaje. Lo que se logra en el espacio dedicado a Pedro Páramo es visualizar el grado de idealización al que llega la figura de San Juan, en la mirada del cacique de la Media Luna.
Cuando una recuerda la lectura de la novela, Dolores Preciado es la madre que desea que el hijo la vengue. Juan Preciado por otro lado es un muchacho débil, manejado por su madre.
En el libro de Balam, los personajes están intensamente llenos de sentimientos, que no observamos en el libro de Rulfo. Desposeídos y fantasmales, los personajes de Rulfo se reencarnan en voces poéticas que logra Balam Rodrigo, en su homenaje poético con Juan Rulfo. Motivos o no, los poemas de Balam nos regresan a Rulfo y a la única novela del autor. Crea y sobrepone imágenes, que ya estaban instaladas en nuestro imaginario rulfiano, para retraer con mucha más intensidad a personajes que han quedado grabados, para bien o para mal, en nuestro imaginario literario.
miércoles, 31 de octubre de 2018
martes, 25 de julio de 2017
Flores
en la boca de un jarro o apostilla sobre la
poesía quetzalteca
contemporánea
Intelectuales
apolíticos
de mi dulce
país,
no podréis
responder nada.
O.R.
Castillo
Hablar de la “poesía quetzalteca”, aún
la de hoy e intentar valorar y dar opinión, sobre lo que se escribe en ese
territorio, posee muchos riesgos, sobre todo si no tenemos suficiente
información. La presencia de los poetas quetzaltecos en el corpus de la poesía
guatemalteca ha sido parte de la tradición. Si nos situamos no tan lejos en el
tiempo, recordaremos que la sola mención del nombre de Otto René Castillo
despertaba en toda una generación, ligada a los procesos políticos, gran
exaltación aunque lo único que conocieran del poeta fueran unos cuantos versos
de “Vámonos patria a caminar”, famoso poema-paradigma de finales de la
modernidad literaria tanto quetzalteca como nacional.
Es indudable que Castillo viene a ser
el antecedente instalado en el imaginario de lo que es ser “un poeta de
Quetzaltenango” durante el periodo moderno de la cultura guatemalteca. Si
hacemos memoria entonces, el antecedente para hablar de poesía procedente de
Xela, sería el poeta cuya fama se construyó en relación con su compromiso
político, su militancia en uno de los grupos de la guerrilla rural FAR, y la
poesía política que escribió en tiempos de “no guerra”, como diría Otoniel
Martínez ya hace tiempo en una entrevista que le hicieron respecto a La ceremonia del mapache, su única
novela publicada. Así dice Castillo en uno de estos poemas: “Pequeña patria
mía, dulce tormenta,/un litoral de amor elevan mis pupilas/y la garganta se me
llena de silvestre alegría/cuando digo patria, obrero, golondrina./Es que tengo
mil años de amanecer agonizando/y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,/flotante
sobre todos los alientos libertarios,/Guatemala, diciendo patria mía, pequeña
campesina”. (La patria, el amor y la
lucha, 73.) El poema “Vámonos patria a caminar”, contiene todo el aliento
épico con el que Castillo concebía al país. La veía pequeña y campesina, y se
veía en el deber de liberarla. Su conciencia social en la poesía era muy fuerte
y realmente se sentía comprometido con el momento político que le había tocado
como destino. El verso es largo y tiene como hemos mencionado un aliento épico
que Castillo no pierde en todo el poema. Se trata de una exaltación poética
sobre el deber cívico y la obligación de servir al país, que se encuentra
prisionero y oprimido. El poema además termina con una esperanza, la certeza de
los grupos que militaban en ese entonces que dedicarse al compromiso político
era la única forma de servir a un fin patriótico, y dice al final del mismo poema:
“…tengo mil años de llevar tu nombre/como un pequeño corazón futuro/cuyas alas
comienzan a abrirse a la mañana” (La
patria, el amor y la lucha, 75).
Otto René Castillo nació en
Quetzaltenango en 1936, es contemporáneo entonces de Marco Antonio Flores (1937)
y Ana María Rodas (1937) por edad, y sobre quiénes se ha hablado en este ensayo
como dos de los escritores que aparecieron como emergentes, ya que se trataba
repentinamente de formar parte de un grupo bastante más joven que ellos, en el
momento en que finalmente tenían acceso, por diversas razones, a la escena
literaria y política de fines de los 60 e inicios de los 70. Castillo
pertenecía a una generación, que cronológicamente militó de diversas maneras o
negó esa participación por temor o por escepticismo. Sin embargo todos ellos
como parte de los contextos tanto políticos como literarios, escribieron una
obra fragmentada como una pieza de la agenda de las izquierdas donde
participaban de diversas maneras. Por eso y de acuerdo a su biografía Otto René
sale de Guatemala para irse a preparar como todo un intelectual orgánico, y
viaja a Alemania en 1959 para estudiar con una beca en la R.D.A., de allí
saldrá abandonando los estudios de filología para ingresar a un colectivo de
cineastas, dedicados a crear documentales, género cinematográfico muy en boga
en aquella época beligerante. En 1964 Otto René regresa a Guatemala y se dedica
a la militancia en actividades culturales. Dirige el teatro experimental de la
municipalidad de Guatemala. En 1965 es exiliado y viaja por Europa y otros
lugares, volviendo a Guatemala en 1966 cuando entra a formar filas de las FAR
de forma clandestina. En 1967 lo atrapan, los encarcelan y asesinan en Gualán,
Zacapa, cuando tenía 31 años, dejando escritas tres obras con las cuales lo
recordarán por décadas: Tecún Umán
(1964), Vámonos patria a caminar
(1965) y la colección de su obra: Informe
de una injusticia. Militar en la
guerrilla para el poeta era parte de lo que concebía como lo que le estaba
destinado, que es un factor muy importante para la determinación de su obra
poética. De hecho en un poema amoroso dice a manera de premonición de la
siguiente manera: “No damos importancia/a tal suceso,/porque aún ignoramos/que
después/sólo serán el viento/y la lluvia/los que nos acompañen/por el
mundo/cuando la vida,/mi áspera vida,/nos separe” (La patria, el amor y la lucha, 53)
A causa de ese tipo de vida de corte
militante su obra no es muy extensa ni pudo dedicarse al oficio de la escritura
como hoy lo pueden hacer los quetzaltecos que se encuentran ya insertos en la
vida de las ciudades, especialmente en la ciudad de Guatemala y que hemos
mencionado en el corpus de autores de este trabajo. Sin embargo, el estigma del
quetzalteco que hizo carrera, y que se encuentra instalado en la figura de Otto
René Castillo es de difícil tratamiento como antecedente personal, y es un
símbolo difícil de liar con él a nivel de imaginarios. Es innegable que dentro
de quién era, un militante de las FAR, que había decidido ir a luchar por la
justicia, la exclusión y la búsqueda de una mejor vida para los pobres, había
un poeta que sentía, que sufría también como cualquier mortal, además que en
poco tiempo, dentro de una época muy intensa, Castillo había desarrollado su
poesía, y dejaría no solamente un legado de poemas políticos y de compromiso
como parte de la agenda de las izquierdas guatemaltecas, si no también nos
dejaría un grupo de poemas distintos, de corte amoroso, donde da cuenta del
lugar donde vivía, Berlín; o de los viajes, los paisajes y las maneras cómo él
y su amada se conducían en aquellos años duros de la postguerra en Alemania y
del inicio de la guerra de guerrillas en Guatemala. En un poema que puede
darnos idea del alcance de su poesía no política, y en donde no pierde sentido
la conciencia de ser un individuo de su momento, Castillo escribe lo siguiente:
“Llovía sobre Berlín./Juntos nos paramos al final de la avenida,/frente a la
Puerta de Branderburgo,/a la orilla de todo vuelo./Unidos ya para siempre por
amor y ternura;/por la durísima lucha de la época./Unidos por estas pequeñas
manos, que te saludan;/por esos ojos azules que me llaman por mi nombre./Unidos
ya por toda la vida y toda la muerte” (La
patria, el amor y la lucha, 38). Muy a pesar de su compromiso político y de
ser considerado un mártir nacional, la figura de Castillo como poeta icónico
legó a las nuevas generaciones una manera de escribir poesía basada en las
distintas experiencias de la vida que se vivía. No hay impostación en su
compromiso político y en la toma de conciencia social, que va percibiéndose en
sus poemas en tanto avanzamos en la lectura cronológica de sus textos. Logró
conjugar en poco tiempo y siendo joven todavía, una obra corta, pero bastante
intensa. Hecha a fragmentos, en partes, como cosidos pedazos de sentimiento. Y
si los leemos con cuidado, no perdió nunca la conciencia crítica que algunos
autores de ese momento no supieron dosificar. Ya que casi cualquier poema
dejado como legado por Otto René tiene una coherencia en el sentimiento que lo genera.
Y es un poco extraño el cuidado formal de los poemas, sobre todo donde la
agenda nacional no entra a funcionar. Allí Castillo está trabajando con una
mirada crítica sobre su entorno, no importando si está en Berlín o en
Guatemala, con el sentimiento que le genera el dolor, la certeza de saber que
le queda poco tiempo de vida, porque ha podido intuir que su vida será corta. Es
con este tipo de referente que los poetas coterráneos suyos tienen que
enfrentarse, y hay toda una institución que lo recuerda y que considera poesía
todo lo que se le parezca, sin importar el nuevo contexto de los poetas. Sin
embargo Castillo pertenecía a otra generación que ya no se corresponde con el
pensamiento de hoy ni el tratamiento de la poesía. Eso es una realidad.
Los autores de Xela que hemos
mencionado en este trabajo: Héctor Rodas, Vania Vargas, Julio Serrano y Martín
Díaz pertenecen a dos momentos de la escritura de Quetzaltenango, que casi nada
tiene que ver con la estética desarrollada por su antecesor, pero con quién lo
quieran o no, tienen una conexión casi umbilical. Y es interesante que en el
caso de Rodas y su generación, la figura de Castillo todavía tuvo en su momento
y tiene relevancia, porque él personalmente nació en la fecha en que Otto René
vuelve a Guatemala, además que el contexto político y todo el inicio de la
guerra de insurgencia es parte de su experiencia vital siendo niño y luego
adolescente, en el área digamos rural, por estar Quetzaltenango ubicada en el
altiplano guatemalteco. En cambio para los tres escritores más jóvenes nacidos
en 1978, 1983 y 1985, la estética de Otto René ha quedado únicamente como un
antecedente literario, que han leído, oído o repetido en sus estudios de
secundaria, pero que al final les queda lejos estéticamente, y a nivel de
búsquedas hay una especie de abismo que no tratan de saltar, o al menos no nos
enteramos al leer sus escritos. En los poemas de Rodas, Vargas y Serrano
podemos advertir algunas tonalidades, sobre todo en la intensidad con la cual
trabajan las imágenes de la ciudad en una versificación que está instalada en
la tradición de la poesía guatemalteca en general, y que se produce cuando el
sujeto lírico trata de entender su propia emotividad, analizando y poniendo el
ojo en partes de la ciudad que mantiene una atmósfera, eso sí, que es siempre
un tanto depresiva, y llena de contradicciones, la cual les sirve para
representar los sentimientos que albergan. Y aunque entre Serrano, Vargas y
Díaz hay menos de diez años de diferencia en edad, lo que significa que son de
la misma generación, los escritos de Díaz tienen otro registro o al menos en el
libro que estamos revisando. Se trata de representaciones del caos y la crisis
social por un lado, pero por otro, se establecen y se contraponen dos mundos
paralelos, que ya hemos mencionado en el apartado donde comentamos Este mal, segundo poemario publicado por
el poeta joven quetzalteco. En la figura de estos poetas de Xela, observamos
entonces distintas estéticas, tres o cuatro maneras personales de concebir el
verso, de pensar la poesía, de construirla en sus imaginarios en base a su
propia experiencia adentro y afuera de Quetzaltenango.
Como
una manera de concluir
No se pretende en este trabajo hacer
un recorrido histórico de la poesía de Quetzaltenango, que es necesario y será
realizado por quienes conozcan mejor el medio y las circunstancias,
implementando un trabajo de investigación historiográfico. La idea aquí es discutir
cómo el ícono del poeta en los imaginarios líricos de Quetzaltenango, todavía
sigue siendo una estética que se encuentra históricamente determinada por el
compromiso político, y que fuera también una literatura de ruptura a nivel
formal, porque ni Castillo ni sus contemporáneos Flores o Rodas continuaron
cultivando una poesía de corte clásico, sino por el contrario siguieron
desarrollando hacia la libre versificación, en donde aparecieron otras
construcciones provenientes también de la comunicación con distintos lugares
del mundo, cuando los medios de comunicación modernos se instalaron en las
ciudades, y empezaron a tener impacto en el ideario estético de sus escritores.
Es evidente en la poesía de Castillo, que ya no se trataba de la poesía de
perfil modernista que él probablemente había cultivado antes. Se trataba de
otra forma de pensar poéticamente, que cambió en el proceso de transculturación
al que se vio sometido, por cuestiones de estudio y de relaciones amorosas y
luego familiares. Es mucho más visible este operativo lingüístico sufrido en su
poesía en la temática de los textos que no tienen abiertamente la carga
nacionalista. Una buena lectura de los poemas amorosos o reflexivos sobre otros
temas que no fueran el puramente épico, le da a quien lee a Castillo una señal
para comprender que en su poesía no comprometida, aparecen ya los antecedentes
de la nueva poesía quetzalteca, o sea la que escribirá tanto la generación de
Héctor Rodas que es como el grupo de la transición hacia la estética de las
nuevas generaciones que han nacido, crecido y desarrollado su obra primigenia
en Xela, para luego salir de su terruño buscando otros derroteros, hacia la
ciudad de Guatemala, proceso que han sufrido los tres poetas jóvenes de
Quetzaltenango mapeados con el grupo poco visibilizado de la ciudad.
Habrá que seguir indagando hasta dónde
el peso de llevar a cuestas la fama, el reconocimiento, el perfil casi
mesiánico de Otto René Castillo, no incide de algunas maneras que no hemos
detectado en el desarrollo de su obra incipiente. Lo que sí es cierto y podemos
confirmarlo, es que la historia de vida de Castillo, es también la historia del
hijo pródigo, del sujeto quetzalteco que sale de la provincia inicialmente
hacia la ciudad de Guatemala, y luego por cuestiones de militancia en el
partido comunista viaja a Europa y su destino es Berlín, la ciudad dividida, el
emblema de los estragos de la postguerra mundial, la ciudad que lo hará
repensar otros categorías fraguadas en su vida en Guatemala, y que será un
factor de fuerte incidencia en el cambio de registro de su propia poesía.
domingo, 23 de julio de 2017
miércoles, 5 de julio de 2017
martes, 4 de julio de 2017
FLORECIENDO NUESTRO SEPULCRO: LA POESÍA DE ALFREDO BALSELLS RIVERA
La edición de la poesía de Alfredo
Balsells Rivera, publicada este año por la Editorial de la Tipografía Nacional,
tiene varios objetivos precisos. Se trata de recoger la mayoría de la producción
poética de un autor que es poco conocido y estudiado dentro y fuera del
territorio nacional, y de abrir nuevos campos de investigación sobre su obra
lírica, para completar su perfil,
al unirla con los estudios existentes sobre su obra narrativa.
Su obra se ubica cronológicamente
dentro de las búsquedas de la vanguardia latinoamericana. Su poesía es una
especie de re-descubrimiento de las bases de la lírica contemporánea
guatemalteca, y por eso es crucial también su publicación. Es comprobado que uno de los graves
problemas de la historiografía nuestra es la ausencia de firmes proyectos
editoriales, que vayan dejando publicaciones, que con el tiempo puedan usarse
como fuentes fiables de consulta, para esbozar o perfilar su historia.
Balsells Rivera nació en 1904 y
murió en 1940, o sea que su producción, es también el testimonio impreso de las
preocupaciones estéticas de la generación, que estaba publicando sus primeros
escritos, a lo largo de las tres primeras décadas del siglo xx. De esa cuenta es
posible encontrar y señalar algunas similitudes como rasgos intertextuales,
entre su poesía y la de sus contemporáneos.
Si para este momento, la poesía
latinoamericana había ido saliendo de un modernismo que había avasallado a toda
la generación anterior, la poesía que se encuentra recogida en este volumen, le
permite a quien lee, revisar textos que pertenecen a una manera de sentir y de
escribir propia del periodo entre guerras mundiales, y que por eso se
corresponde con una sensibilidad vanguardista.
El libro recoge completa la
publicación que le hiciera la Universidad de San Carlos a Balsells en 1964, y
que fuera titulada simplemente como Poesía,
en la cual aparece impresa la obra que el poeta creara entre 1930 y 1940. Este
dato nos permite afirmar que el libro contiene poemas correspondientes a la
segunda fase de la vanguardia latinoamericana, conocida como postvanguardia
(1930-1945), pero dentro de una vertiente temática alejada de la poesía del
compromiso político.
Si revisáramos este libro buscando
cierto orden cronológico, veríamos que al inicio aparece la poesía escrita
durante la tercera y cuarta décadas del siglo xx. En tanto que en el anexo, que
se encuentra en la segunda parte del volumen, el lector o lectora, podrá
revisar y leer poemas que fueran publicados en los diarios durante la segunda
década del siglo xx, y que han sido incluidos en esta edición, gracias a la
colaboración de los familiares del poeta, que han suministrado los materiales.
Esta poesía correspondería cronológicamente, dentro de los estudios de la
poesía latinoamericana, a los poemas escritos durante la época de la vanguardia
histórica, periodo de tiempo que abarca la literatura publicada entre 1900 y
1929.
Las palabras prologales de Humberto
Hernández Cobos, que acompañan la edición de la USAC, nos permiten constatar
que la lectura de sus poemas evidenciaba ya un nuevo registro dentro de nuestra
poesía. Advertía con gran acierto que se trataba de una estética ligada a las
corrientes de postguerra, ya que era posible encontrar elementos futuristas,
estridentistas y surrealistas, en los poemas de ese volumen, y los identificaba
con la poesía latinoamericana y específicamente guatemalteca, que se había
escrito y publicado coincidentemente con los mismos rasgos. Hernández también elaboraba
en su prólogo un perfil del escritor vanguardista, explicando que una de las
razones de la presencia de estas tendencias europeas en su poesía, era
provocada por la oportunidad de viajar y de presenciar las eclosiones de los
ismos de las vanguardias, en el momento mismo en que se están sucediendo en
Europa, entendiendo esa circunstancia como factor central para el desarrollo de
su poesía.
La poesía del anexo de este volumen
fue publicada por el autor en algunos periódicos como el Excelsior, diario guatemalteco de inicios de siglo xx, fundado por
el Dr. Aguirre Velásquez, en donde
Balsells era jefe de redacción, además de escribir crónicas culturales,
utilizando inicialmente el seudónimo de Paco Espiral. Le tocó como a otros
cronistas del momento, cubrir las noticias del mundo e informarse de los
últimos acontecimientos en relación con la posguerra europea y el advenimiento
de la segunda guerra mundial. Se trataba de un tiempo ya moderno para la ciudad
de Guatemala, donde uno de sus elementos era la presencia de las salas de cine,
y la asistencia masiva de la juventud. Balsells mismo utilizaba en las crónicas
publicadas en el Excelsior la palabra
“peliculeando” para referirse a una de las nuevas actividades del sujeto
moderno latinoamericano, que se convertiría con el tiempo en marcado rasgo de
su obra. En 1925 Balsells pasa a
trabajar en El Imparcial como
redactor y desde allí seguirá publicando crónicas y poemas. En septiembre de
1926 es contratado para formar parte del Diario
de Guatemala como jefe de redacción.
Los textos de esta parte tienen
características peculiares. Parecen ser parte de una serie mayor de poemas, a
los que no hemos tenido acceso. En este apartado aparecen dos poemas titulados
con el nombre de “Trópico”, que parecen corresponder a dos estéticas o
momentos, porque manejan técnicas distintas. Asimismo, el poema del mismo
nombre, aparecido en la edición de la USAC de 1964, y que está dedicado a
Carlos Samayoa Aguilar, está temáticamente más relacionado con el primer poema
“Trópico” del anexo. Ya que el tercer poema fue tomado de la página homenaje,
que los periodistas y amigos, le hicieran a Balsells diez años después de
fallecido, y del cual no sabemos exactamente la fecha de escritura, o a qué
serie de poemas suyos pertenecía. Lo único que sí conocemos es que se encuentra
dentro del álbum de recortes que la familia conserva. Los motivos de este
último texto están más en relación con elementos un tanto tradicionales, que no
se observan claramente en otros poemas de la misma sección. El poema “Mar
caribe” que aparece en la edición de la USAC, y que se encuentra también
incluido en el anexo por ser parte del álbum de recortes del autor, provoca
cierta ambigüedad temporal, parece ser el mismo texto, con ligeras variantes
léxicas en la edición de la universidad.
Pensamos que no es un poema de la etapa 30-40, sino corresponde a la
década de los 20, tal cual expresa Miguel Angel Asturias en el texto de
despedida el año de la muerte del poeta, y que la presente edición incluye para
los lectores. De acuerdo a los amigos, Balsells escribe este texto siendo
bastante joven, y les obsequia una copia del poema luego de haberlo escrito
durante un viaje en barco. Otro texto más en donde se observan algunas
diferencias, sobre todo formales, es el dedicado a Don Francisco Núñez
Archivero, que se inserta en el anexo por ser también parte del álbum de
recortes, al que se le ha escrito a mano la autoría de Balsells.
En general, los poemas de esta
segunda parte de la nueva edición de su poesía, y que pertenecen claramente a
la etapa de 1924-26, nos permiten afirmar que la vena vanguardista de Balsells
se va definiendo con mayor claridad, en el proceso de desarrollo hacia la
definición de un estilo. Hay una constante alusión a los objetos de la modernidad
y su persistente contraste con el trópico, lo que él intuye y ve como lo
premoderno. El uso de la experimentación en el lenguaje, presentado en la
desmembración y la fragmentación del mismo, además de la ausencia de una
métrica clásica, son algunas de sus marcas. También cierta insistencia al
utilizar el “universo de la página en blanco”, en función de la búsqueda de
otros sentidos en el poema. Y como los textos fueron publicados en los diarios
del momento, su poesía posee también la huella de la inmediatez, escritura
fresca, sin ampulosidades y con los rasgos de un lenguaje periodístico, que
tendía a buscar nuevas formas de expresar los sentimientos y las emociones del
sujeto moderno guatemalteco con el cual se identificaba, y que pueden ser
comprobadas en una lectura y análisis del estilo, y los temas de la crónica
periodística que ejercitó durante los mismos años de escritura de los poemas.
domingo, 2 de julio de 2017
EL HIJO DE CASA DE
DANTE LIANO: UN POCO DE SANGRE EN LA
PRE-MODERNA CIUDAD DE GUATEMALA DE MEDIADOS DE SIGLO XX
EL hijo de casa(2004) es la última novela publicada por
Dante Liano en Barcelona, España, por Roca Editorial del Libro, S.L. El libro
ha circulado por distintos países y es muy apreciada, no solo por la calidad de
su narrativa, sino también porque está en algunas de sus mejores partes, dentro
del género de la novela policíaca latinoamericana.
La historia en sí parte de un hecho real, como lo fuera el crimen del
Torreón, acaecido en la Guatemala de la primera mitad del siglo, más
exactamente en 1952. Sin embargo uno de los rasgos más impactantes de la novela
no está en el hecho del crimen en sí, ni en la investigación que hacen los
personajes detectivescos, sino en la forma en que la novela va tejiendo las
implicaciones del crimen, a nivel social, político y moral. De hecho desde el
título, “el hijo de casa”, es una frase que suele usarse aún hoy, para
identificar a los niños que son recogidos por caridad de la calle, llevados a
los senos de las familias de clase media, pero nunca reconocidos ni tratados,
como hijos legítimos. En el fondo la historia se arma muy amarrada a esta frase
peyorativa, y que designaba, sobre todo en la época en que se ubica el crimen,
a esos “hijos” que sufrían una serie de humillaciones sociales, provocadas por
su calidad de hijos de casa, como si este estatuto tuviera relación con la antigua esclavitud. Son innumerables
los malos tratos que se solían y se suelen hacer en este tipo de relación
familiar, a los hijos de casa. Regularmente el hijo/a de casa se encuentra en
una posición de desigualdad tremenda, en relación con los miembros
consanguíneos de las familias. Nos parece que Liano está testimoniando
narrativamente los alcances de este tratamiento, dentro de un país donde la
paternidad irresponsable es grande, y donde los hijos “bastardos” suelen quedar
desamparados, y expuestos a ser reclutados como “hijos de casa”.
Lo más llamativo de la novela a nivel de personajes es precisamente
Manuel, el hijo de casa, recogido y llevado a la casa de la familia que es
víctima de la matanza del Torreón. La psicología de este personaje va más allá
de la maldad. En la novela se reflexiona de manera oblicua, sobre las causas
que provocan el odio de Manuel, hacia el padre y hacia toda la familia. Liano
pone en el tapete de discusión el tema del abuso de los niños, tanto física,
moral como sexualmente. El odio de Manuel se acrecienta día a día, ya que
tratado como sirviente, debe atender el desayuno y comidas en general de toda
la familia, pero sobre todo duerme en condiciones poco civilizadas, dentro de
la bañera, donde coloca un colchón y una almohada, debiendo soportar los malos
olores y asuntos relativos al uso del baño, por la familia entera. Los alcances
de este odio llegan a los extremos de la falta de lógica de parte de Manuel, ya
que va acumulando una rabia enorme contra todos, pero especialmente contra el
padre, de quien recibe, de acuerdo a uno de los últimos capítulos de la novela,
un discurso moralista, muy utilizado por las capas medias guatemaltecas,
respecto al abuso cometido contra la servidumbre, y en este caso, sobre los
famosos “hijos de casa”, que pasan a ser parientes para no tener que pagarles
un sueldo, pero de todas maneras son tratados como tales, y abusados en
extremo. El discurso del padre es como un epílogo que le explica al lector, la
manera en que Manuel era abusado sicológicamente por el padre. Teniendo que oír
diariamente, recién levantado, mal dormido, etc. que le debía un enorme
agradecimiento a la familia, por haberlo salvado del horror de la vida en la
calle.
Otro aspecto muy interesante en esta narrativa del guatemalteco, es
cómo se describe la tragedia de la muerte de la familia. Es indudable para
quien haya leído Hombres de maíz, que
es posible establecer relaciones intertextuales entre la matanza de la familia
de Manuel y la matanza de los Zacatón en el libro de Asturias. Y es que en los
dos casos, la matanza la efectúan victimarios que usan machetes, y se describe
en las dos novelas con mucho detalle, la forma en que son cortados los cuerpos
humanos en partes. En realidad sería posible en una lectura de las dos obras,
pensar un poco en los cuerpos fragmentados y sus implicaciones en el desarrollo
de una nación como Guatemala. En los dos casos vemos que quienes cometen el
asesinato son personajes indígenas o de fuerte ascendencia indígena, y el
lector puede hacer fácilmente una relación entre los sacrificios humanos de las
culturas de origen, y esta disponibilidad de los personajes para cortar en
pedazos a los otros, sin tener cargos de conciencia. En general los victimarios
o asesinos de la familia del Torreón son seres amorales, totalmente destruidos
por la pobreza y la ignorancia. Estos personajes están muy trabajados en su
psicología, tanto que el lector puede percibir las contradicciones que aparecen
en su conducta y sacar algunas conclusiones acerca de su proceder.
A nivel de trama detectivesca o novela negra, Liano vuelve a hacer un
tratamiento paródico, menos evidente que en El
hombre de Montserrat (1998 ), porque el desarrollo de la investigación que
hacen los detectives ayudados por el doctor forense, se maneja con ciertas
dosis de incredulidad. Las maneras en que sacan conclusiones sobre la
culpabilidad de Manuel o de la hija de la familia, una niña de 15 años, que de
acuerdo al examen del doctor, era abusada sexualmente por el padre, dota a la
historia de cierto humor negro. El doctor como personaje parece salido de otro
contexto. En general los personajes son seres en procesos fuertes de
degradación. Las cavilaciones de Manuel sobre el crimen y su participación en
él, le esclarecen al lector partes de la historia, que empieza a ser menos
clara para quien lee la novela.
Los victimarios de la familia al final son castigados por el crimen, y
durante el proceso se descubre que además de asesinos eran homosexuales
practicantes, lo que ayuda a pensar en las tonalidades naturalistas que la
novela maneja.
En general la novela usa un tono despiadado con los personajes,
ninguno de ellos se salva de la degradación, el doctor está viviendo en
Guatemala, como dentro de una pesadilla, luego de estudiar en Francia y se
mantiene regularmente deprimido ante el hecho. Sin embargo logra sacar conclusiones
acerca del crimen, que ayudan a la policía a aclararlo.
La visión que tenemos de la ciudad, las casas, los espacios que los
personajes recorren, carecen de color. Es solo en el momento de la matanza que
el exceso de sangre y las descripciones de los cortes y las texturas de la piel
cortada y desgarrada por los machetes, hacen al lector replegarse a escenas
ciertamente fílmicas, provenientes del exceso de programas de la televisión,
principalmente norteamericana.
El tratamiento de la sexualidad en los personajes nos deja un sabor
amargo. Es evidente que a través de las reflexiones sobre la sexualidad de los
personajes, Liano se adentra en la psicología de una sociedad y una cultura muy
diversa y en cierta forma desconocida para el lector no nacional. Se reflexiona
en la novela acerca de los límites de la locura y el debastamiento, provocados
aún por una incapacidad de análisis de los derechos de los otros, en medio de
una sociedad mestiza, donde en algunas acciones es posible aún, hacer conexiones
con la violencia del origen.
ABOLICIÓN DE LA PROPIEDAD DE
JOSE AGUSTÍN: UNA DISCUSIÓN SOBRE LAS TENSIONES ENTRE REALIDAD E IRREALIDAD
La novela que
ahora comentamos es publicada por José Agustín, el escritor mexicano, en 1969,
un año después de los acontecimientos trágicos de Tlatelolco y cuando,
literariamente, el Boom de la novela latinoamericana (Cortázar, García Márquez,
Vargas Llosa y Fuentes) tenía al menos 6 años de estar publicando sus grandes
relatos experimentales o realista mágicos.
Esta novela de
Agustín aparece en el panorama de la novela mexicana y/o latinoamericana para
apoyar la hipótesis en cierto modo, que las tendencias de esta novela durante
el periodo del Boom (1963-1972), tiene otras vertientes, sobre todo cuando
vienen de los narradores, que serían etiquetados por el aparato crítico
literario canónico, como narrativa del post-Boom, moviéndose gelatinosamente
dentro de la estética del nuevo realismo.
La novela de
Agustín es una narrativa corta, donde los estilos están muy mezclados, ya que
los personajes se encuentran en varios niveles de realidad, donde Agustín alude
oblicuamente a las distintas y variadas posibilidades de la nueva narrativa del
continente.
La novela se arma
con dos personajes que conversan dentro de una especie de escenario. De hecho
el ambiente y la atmósfera de esta narrativa del mexicano, nos inclina a pensar
en la estructura de una obra de teatro o de un guión de cine, lo cual tendría
más sentido, dada la propensión del autor a narrar dentro de un registro muy
cinematográfico. Los personajes aparecen en escena, pero no están seguros de
ser ellos mismos, o de si sus acciones son producto de lo real, o de la
escritura de alguien. La novela se mueve dentro de un mundo absurdo, ya que los
personajes, un hombre y una mujer, se encuentran dentro de este escenario y
discuten muy tangencialmente de política, cultura y vida. Cada uno de ellos
está desposeído de veracidad, están diseñados de forma muy común y
estereotipada en cuanto a ser una “muchacha y muchacho”, mexicanos de fines de
la década de los sesenta. Sus nombres no tienen importancia, pero sí su actitud
frente a la vida. Agustín discute aquí (antes que en Ciudades desiertas) el asunto del machismo mexicano. El hombre como
personaje es mucho más inseguro y frágil que la muchacha. Tiene inclusive hasta
síntomas que lo presentan como alguien no tan normal. Hay en Everio (que así se
llama el muchacho) una inseguridad tanto social como cultural, y no puede
controlar sus impulsos más primarios como el deseo de ir al baño constantemente.
Norma, el personaje femenino, está politizado y constantemente ataca
verbalmente a Everio, que se debate entre el nerviosismo y la inseguridad. Sin
embargo hay instantes en que ella se encuentra desarmada socialmente y sometida
a los deseos de Everio. Lo interesante para quien escribe esta nota, es que los
personajes representan a una sociedad civil, totalmente contradictoria,
machista (en los dos casos) y sumida en el absurdo de las discusiones que no
llegan a ninguna parte. Los personajes actúan y responden a los diálogos
creados por ese alguien que los mira u observa desde afuera, desde donde son
dirigidos y acotados, como muñecos, marionetas o personajes de ficción.
La obra es muy
sugestiva, porque dentro de las discusiones de Everio y Norma, Agustín discute
las preocupaciones de la sociedad joven del México de los sesenta, donde las
posibilidades de concretar los proyectos tanto políticos como económicos, se
sucedían dentro de la obra, sumidos en un estadio irreal, donde no se tiene la
certeza de estar viviendo, sino la incerteza de ser quienes son, o el miedo de ser simplemente creaciones o
construcciones humanas, diseñadas por los de afuera, los del poder, los que
tienen la posibilidad de moldear a las sociedades como lo hace el mismo
escritor con sus personajes novelescos.
La novela leída a
fines del siglo xx le demuestra a quien se acerca a ella, que no todos creyeron
en las utopías del “hombre nuevo”, que hubo una parte de la sociedad,
representada en sus escritores más jóvenes, que cuestionaron y trajeron a la
mesa de discusión, en forma de inconformismo y escepticismo, representaciones
literarias que han quedado vivas, para ser revisadas en los años venideros.
Es sin duda José
Agustín uno de los escritores latinoamericanos más críticos sobre el papel que
jugaron las sociedades latinoamericanas, en los procesos democratizadores,
pensados desde los centros de poder económico. También la obra nos retrae a la
problemática actual de los mexicanos en el extranjero. Los personajes de la
novela no tienen certezas, solo miedos. Son maleables y moldeables delante del
lector, que los ve transformarse delante suyo, sin entender bien este tipo de
actitudes, que son propias de sujetos sociales que están permeados y tocados
por fuerzas que no pueden controlar.
Cine latinoamericano
SIN
DEJAR HUELLA DE
MARÍA NOVARO O EL SÍNDROME DE LAS TECUNAS MODERNAS
Sin dejar huella se titula uno de los largometrajes de María Novaro donde
los personajes principales recaen en mujeres nuevamente. El film que se estrena
en el año 2000, había sido filmado durante nueve semanas consecutivas para su
logro. Esta película está -como otras de Novaro- llena de anécdotas de
filmación, como el hecho que en la realidad del filme, las artistas vistieran
ropa muy ligera, cuando en realidad el clima hubiera requerido de abrigo y
botas, o el de que Aitiana Díaz-Gijón pudiera pronunciar el maya yucatero como
auténtica mayera, que hasta los habitantes del lugar lo creyeran.
En
la película se discute el viaje de huída de dos mujeres que se encuentran en el
camino y cruzan sus respectivas historias. Es lo que en el cine se llama
“película de carretera o road movie”, pero en este caso y de acuerdo a la
directora, era inevitable lo del viaje, porque de alguna manera era lo que ella
intuía para este film. Inclusive Novaro misma hace sola el viaje de 3,000
kilómetros( que sus personajes tienen que vivir en la trama de la película)
llevando su videocámara para hacer tomas y su libreta para hacer notas. La
trama del film tiene un enredo de triler también, dado que empieza a
complicarse porque cada una de ellas anda en malos pasos, una trafica con
falsas piezas mayas, y la otra le ha robado al novio que vende drogas, tanto
dinero como mercancía, sin pensar en los peligros que esto representa para sus
hijos, dado que realiza el viaje llevando consigo un bebé que está amamantando.
Estos son los personajes que inician una relación de solidaridad de alguna
manera. Las mujeres se van conociendo durante el viaje de huída, cada una de
ellas viene de medios de sobrevivencia precarios, donde las formas que asumen
para resolverlo colinda con la prostitución y la complicidad. Sin embargo el
tema de la huída (que nos parece sintomático en este film) está retrabajando de
alguna manera, el mito de María Tecún del libro de Miguel Angel Asturias: Hombres de maíz, en donde se produce una
huída en cadena, y en el que son solo las mujeres que huyen de “sus hombres”
las que producen el efecto mítico, y que según la leyenda maya, acaban
convirtiéndose en piedra. Las protagonistas de la película de Novaro huyen
necesariamente de un poder que las acosa, en el caso de Aurelia, ella huye de
los narcotraficantes y del novio que se siente no solo robado, sino también
abandonado; y en el caso de la traficante de piezas mayas, huye de la policía
mexicana norteña, que es presentada en el film como totalmente corrupta. Pero
estos personajes femeninos de Novaro no se encuentran al momento del inicio de
la historia, en procesos de mejoramiento, sino al contrario, se encuentran
metidas en una especie de tragedia de la modernidad. Aurelia, tiene que
mantener dos hijos y está viviendo en la ciudad donde se encuentra el sicópata
que está asesinando a las mujeres en serie. Ella es una obrera, trabajadora de
maquila, que corre el mismo riesgo que cualquiera de las víctimas y se siente
acosada por este hecho. Mantiene relaciones amorosas con un joven de 19 años
que es un narcotraficante menor, y que suele dejar el dinero y la mercancía
escondida en la casa de su novia, como buen ingenuo. Marilú, la otra protagonista,
es también mexicana, crecida en España, y de allí el acento. Este personaje es
un personaje culto, que ha ido y obtenido diplomas en la universidad, pero lo
cual no ha servido para que sobreviva, como ella lo esperaba, de su título,
además que deja claro que en el medio de los museos y estudiosos de las piezas
prehispánicas hay un constante tráfico de piezas y de falsificación de las
mismas, por artistas mayas, que pueden reconstruir una pieza falsa como
auténtica. En suma todo el film nos presenta a ese nivel un realidad cruda y
“real”, del México moderno. Marilú, que cambia de identidad cada vez que lo
necesita está perseguida, no solo policialmente, sino sexualmente, por el jefe
de la policía del sector de la frontera norte. Aquí Novaro discute también y
moldea a su personaje femenino, como alguien sin prejuicios y valores morales,
Marilú es totalmente amoral, ya que aunque la escena no se presenta, la
traficante de piezas mayas, ha tenido que ceder ante el constante acoso sexual
del policía, para poder quedar libre en ese momento. Sin embargo el policía se
encuentra obsesionado sexualmente por esta mujer y empieza a perseguirla
durante el largo viaje que ella emprende, destinalmente, acompañada de Aurelia
y su bebé. Aurelia es un personaje astuto, pero simple, no tiene los alcances
de Marilú ni su cultura universitaria. Novaro se sirve de este contraste para
explicar de forma sencilla, las búsquedas de sobrevivencia de las mujeres
mexicanas durante la modernidad.
Es
interesante que en su relación con el mito de las tecunas asturianas, el efecto
de probabilidad en cuanto a los personajes de Asturias, está siendo trabajado
también en el film mexicano. En la historia del mito de las tecunas, se teje el
mito alrededor de “la maldad o locura” de la mujer que abandona a su hombre.
Esta mujer deja de sentir esa responsabilidad de quedarse junto al esposo u
hombre, y desea irse, huír de esa relación buscando algo. El hombre en esta
obra de Asturias, no encuentra suficientes razones que expliquen la huída de
sus mujeres y convierte su huída en un mito, y nos parece que efectivamente, en
el film, los personajes masculinos no son capaces tampoco de cuestionarse este
aspecto, ni de explicarlo, como una consecuencia de la modernidad, y del cambio
de pensamiento y roles que una sociedad moderna, le exige a las mujeres.
Durante la historia del film, las dos mujeres están acosadas por un poder
represor de corte patriarcal, que las obliga todavía más a huír. El terreno a
recorrer no les provoca miedo. Marilú conoce estravíos y espacios escondidos en
el área maya, por el tipo de trabajo al que se dedica, además que puede hablar
maya yucateco, con lo cual nos muestra Novaro, a la mujer emancipada, culta y
estudiada, que puede valerse por sí misma, en espacios aún prohibidos, y
reservados para los hombres en el pasado. Aurelia lleva consigo inclusive una
pistola, símbolo del cambio de poder familiar. Las dos mujeres asesinan sin
querer a dos narcos que las persiguen en un carro rojo. Pero lo hacen no con la
pistola, sino a través de un truco muy usado en los filmes de Tarzán, el del
hoyo tapado con ramas y lianas, donde caerán los perseguidores. Durante el
enredo del film el novio de Aurelia que aparece en el hotel donde ellas se
hospedan, reclamando el abandono y no el robo, mata con pistola ahora sí, al
perseguidor de Marilú, el sátiro que la ha seguido, asesinando y golpeando para
conseguirlo, a quienes trabajaban con ella en el negocio del tráfico de piezas
mayas falsificadas. Esta manera de urdir la trama y resolverla es típico del
triler policial de hoy día. Un golpe de suerte para nuestros personajes,
deshacerse de sus perseguidores por cuestiones del destino. Porque
contrariamente a lo esperado por un público comercial, en el film, las mujeres
no mueren, no son castigadas en favor de la catarsis del sistema, como en el
film norteamericano Thelma y Louise,
con el cual ha sido provocada Novaro, en distintas entrevistas realizadas a
propósito de Sin dejar huella. Y sí,
de alguna manera, las dos mujeres encuentran la amistad y la camaradería a
través de un viaje, donde como dos buenas tecunas, huyen del poder que las
oprime y controla, para hacer una vida más libre en un espacio, que a nivel de
imaginarios culturales modernos, resulta ser una especie de paraíso, una playa
silenciosa y calma, donde poder pensar y disfrutar del clima y de la vida
familiar sin los conflictos y las represiones que la vida moderna le propone a
sus habitantes en las ciudades grandes como México o Estados Unidos, a solas
con ellas mismas.
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