EN EL TALLER DEL MAESTRO ANTONIO PICHILLÁ
Llegamos en un viaje algo largo, desde la capital de Guatemala, hasta San Pedro la Laguna, para conocer el Centro de Investigación Científica que maneja el Dr. Domingo Yojcom. Era un viernes. Íbamos en un busito, un poco apretados, los 12 estudiantes del curso de Literatura y cultura popular, su coordinador y yo. Desde que entramos al lugar, sabíamos que nos deparaban sorpresas que luego pudimos comprender mejor. En el CIC la información fue sorprendente. Conocer a alguien como el Dr. Yojcom fue impresionante. La manera en que podía decirnos sobre cuestiones intensas y complejas, con una facilidad sorprendente y en un tiempo comprimido. Luego escuchamos una lectura breve y una conversación con Pedro Chavajay que muy amablemente llegó para que lo conocieran los estudiantes que habían ya leído un libro de él. Y la última fase fue ir al Taller de Arte de Antonio Pichillá. Nosotros ya habíamos visto cuadros e imágenes de Antonio. Pero la sencillez con la cual él nos fue dando un tour por su obra fue asombroso, para todos y para mí, que era la única mujer del grupo. Ese día aprendimos de forma condensada a comprender varios mundos con los cuales nos habíamos cruzado pero donde nunca habíamos entrado. La obra de Pichillá fue algo que no hemos olvidado, y que nos ha marcado a cada uno, a lo largo de estos meses, de distintas y variadas formas. La idea del nudo, relacionado con la filosofía, con la vida, con la muerte, fue algo central. La forma en que estamos formados de nudos internos y externos. La forma en que complejamente nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Eso estuvo en la mirada que dimos a su obra, y la humildad y facilidad de comunicación de Antonio nos ha dejado pensando. Que es lo que la obra de arte debería siempre hacer. Ir a San Pedro fue una revelación, y también nos orientó el proyecto final. Comprender la cultura otra, a través del arte, la literatura y el desarrollo de un pensamiento excéntrico hoy todavía para nosotros, abrió algunas fisuras, desde donde se pueden seguir colando otras reflexiones interesantes y que quizás nos enseñen más que cualquier manual de filosofía.
miércoles, 26 de junio de 2019
UN DÍA EN LA FLEX CON ANABELLA ACEVEDO
Encontré esta foto en una viejita computadora que ya no uso. Fue un día especial. Contar con la amistad de Anabella Acevedo que procede de 1994. Cuando nos conocimos antes de que yo partiera para Estados Unidos a buscar una vida académica que me hiciera crecer intelectualmente.
Hacer proyectos con Anabella siempre ha sido interesante. Hay muchas complicidades. Ya no hay que hablar mucho para quedar en qué se va a hacer. Y a pesar de que contamos con amistades diversas, variadas, y heterogéneas, cuando ella y yo nos vemos, podemos estar o no de acuerdo, pero eso no causa separación total. A veces algunos distanciamientos, que nunca rompieron nuestra amistad. Quiero pensar hoy que esa amistad es duradera. Que no se va a romper. De hecho cuando ella me invitó para esta oportunidad, para cerrar con una conferencia la Flex que ella había organizado, me pidió tratar el tema de la poesía joven guatemalteca. Al final decidí hacerlo con un trabajo como de 6 páginas, para leer allí, ese fue el engendro del ensayo que después ganara en Xela los Juegos Florales. Creció de 6 a 60 páginas que era lo que solicitaba el concurso. Fue interesante que de una idea engendradora, creciera un trabajo que se convirtió en un capítulo de un libro que pronto publicaré. Lo que todo esto quiere decir, es que cuando las amistades son fuertes no se rompen. Cuando tenés imaginación hay creación y cuando tenés el aire para escribir, pensar, analizar y lucubrar sobre temas, la crítica emerge desde espacios excéntricos. Porque ese trabajo nació de una idea singular, creció tanto que se convirtió en ese ensayo con el que me premiaron el género del ensayo en 2013. Y yo le quedé agradecida a Anabella por todo. Por las veces que nos ha recibido en las distintas casas donde ha vivido, como que yo fuera de su familia. Ha escrito varias veces sobre mis libros. Me ha presentado en lugares donde he adquirido fama local al menos. Ha recibido en su casa también a amigos míos, que ha hecho suyos. En fin. Espero que esta hermandad no se acabe sino hasta que yo definitivamente salte al cenote y encuentre a mi dios, pero eso sí con una copa de vino blanco (no me gusta el vino tinto) y si puedo tomar un "papa noir", como se llama el vino de Toulouse, pues mejor.
Encontré esta foto en una viejita computadora que ya no uso. Fue un día especial. Contar con la amistad de Anabella Acevedo que procede de 1994. Cuando nos conocimos antes de que yo partiera para Estados Unidos a buscar una vida académica que me hiciera crecer intelectualmente.
Hacer proyectos con Anabella siempre ha sido interesante. Hay muchas complicidades. Ya no hay que hablar mucho para quedar en qué se va a hacer. Y a pesar de que contamos con amistades diversas, variadas, y heterogéneas, cuando ella y yo nos vemos, podemos estar o no de acuerdo, pero eso no causa separación total. A veces algunos distanciamientos, que nunca rompieron nuestra amistad. Quiero pensar hoy que esa amistad es duradera. Que no se va a romper. De hecho cuando ella me invitó para esta oportunidad, para cerrar con una conferencia la Flex que ella había organizado, me pidió tratar el tema de la poesía joven guatemalteca. Al final decidí hacerlo con un trabajo como de 6 páginas, para leer allí, ese fue el engendro del ensayo que después ganara en Xela los Juegos Florales. Creció de 6 a 60 páginas que era lo que solicitaba el concurso. Fue interesante que de una idea engendradora, creciera un trabajo que se convirtió en un capítulo de un libro que pronto publicaré. Lo que todo esto quiere decir, es que cuando las amistades son fuertes no se rompen. Cuando tenés imaginación hay creación y cuando tenés el aire para escribir, pensar, analizar y lucubrar sobre temas, la crítica emerge desde espacios excéntricos. Porque ese trabajo nació de una idea singular, creció tanto que se convirtió en ese ensayo con el que me premiaron el género del ensayo en 2013. Y yo le quedé agradecida a Anabella por todo. Por las veces que nos ha recibido en las distintas casas donde ha vivido, como que yo fuera de su familia. Ha escrito varias veces sobre mis libros. Me ha presentado en lugares donde he adquirido fama local al menos. Ha recibido en su casa también a amigos míos, que ha hecho suyos. En fin. Espero que esta hermandad no se acabe sino hasta que yo definitivamente salte al cenote y encuentre a mi dios, pero eso sí con una copa de vino blanco (no me gusta el vino tinto) y si puedo tomar un "papa noir", como se llama el vino de Toulouse, pues mejor.
EL MUNDO ES TODO LO QUE ACAECE
(Aida Toledo. México: Universidad de Aguascalientes, 2018)
Todo lo que acontece, la sucesión de hechos que se producen en determinado tiempo y lugar, deviene en la realidad, mediante la cual nos vinculamos con el mundo en que vivimos. El mundo es todo lo que acontece, es el título de mi libro de cuentos, tomado de una frase del Tractatus de Wittgenstein. La misma idea inserta en El sueño creador de María Zambrano. Quizás vista por mí, alguna vez en la poesía de Parra. Así es el mundo de las ideas. Da vueltas, gira, se concentra en algo que vivimos, que se sucede y cae en un tiempos que no imaginamos. Ahora que lo pienso, el título del libro quizás se refiera, a cómo este mundo acontecido en hechos que devienen en un tiempo y lugar, hacen mi vida y la de mis personajes. Y mis personajes viven aquellos hechos como yo los he vivido, los he visto, he sido testiga, o los he imaginado. El mundo acontece en mí, se inventa en mi imaginación creadora, sucediéndose en tiempos continuos y discontinuos. A saber.
(Aida Toledo. México: Universidad de Aguascalientes, 2018)
Todo lo que acontece, la sucesión de hechos que se producen en determinado tiempo y lugar, deviene en la realidad, mediante la cual nos vinculamos con el mundo en que vivimos. El mundo es todo lo que acontece, es el título de mi libro de cuentos, tomado de una frase del Tractatus de Wittgenstein. La misma idea inserta en El sueño creador de María Zambrano. Quizás vista por mí, alguna vez en la poesía de Parra. Así es el mundo de las ideas. Da vueltas, gira, se concentra en algo que vivimos, que se sucede y cae en un tiempos que no imaginamos. Ahora que lo pienso, el título del libro quizás se refiera, a cómo este mundo acontecido en hechos que devienen en un tiempo y lugar, hacen mi vida y la de mis personajes. Y mis personajes viven aquellos hechos como yo los he vivido, los he visto, he sido testiga, o los he imaginado. El mundo acontece en mí, se inventa en mi imaginación creadora, sucediéndose en tiempos continuos y discontinuos. A saber.
domingo, 23 de junio de 2019
DESMATERNIDADES REFLEXIONES FEMINISTAS A PROPÓSITO DE LAS PIEZAS DE MONICA MAYER
No hace falta que lo digan, pero el concepto de la maternidad ha cambiado desde hace varias décadas en un país que como Guatemala, estuvo en una larga guerra, donde las mujeres participaron militando, en los distintos ejércitos, en la clandestinidad, y por supuesto y como siempre nos ha sucedido, hubo que trabajar casi siempre para la manutención diaria de la marimba de hijos que fueron/fuimos teniendo (esto sí es una metáfora, porque solo tengo una hija). Muchas tuvieron que dejar de estudiar, que era algo que todavía estaban haciendo, dado que en un país que camina para atrás, cuesta terminar una carrera universitaria, si acaso una la ha empezado.
Este tema se me ocurrió ahorita, porque me recordé de que por mucho tiempo me pasé sin hijos/hijas, ahora hasta me sobran los postizos y postizas. En su defecto amé hasta el fondo a mis dos sobrinos, un par de gemelos que mi hermana mayor tuvo, hombre y mujer. Los amé como solo puede amar una no-madre. Así después amé a mi propia hija con gran pasión, entrega y sacrificio. Fui lo que se llama una madre entregada a la vida de mi hija. Y todavía por ahí ando terminando mi labor, sin mucho éxito. La maternidad en Guatemala no es fácil como posiblemente no lo es en ningún lugar del mundo. Lo que sucede es que en algunos países una puede resolver lo de la cuidada diaria de la/el pequeño, sin tanto dolor. El crecimiento de estos niños no es fácil. Y por eso entiendo que hoy, las mujeres que conozco, bastante jóvenes y altamente inteligentes, no quieran, se nieguen o estén convencidas que tener hijos no era el fin primordial de ellas. La maternidad yo no la viví siendo joven. Digamos que tuve a mi hija después de los 30, cuando ya había vivido lo suficiente, para no pensar que quería seguir de farra cuando iba hacia los 40. A mí me funcionó bien. No fue lo mejor para mi hija, porque su padre resultó tener otras hijas, y eso le provocaba a ella una gran inestabilidad. No digamos a mí, que era la del error de tener una hija con un hombre que ya había tenido varias familias. En ese sentido les decimos desde esta palestra, que lo piensen muy bien. Que se valoren y entren en relaciones más parejas. Donde no hayan tantos compromisos. Que se lo piensen. Y aunque nadie me esté pidiendo mi opinión, aquí desde este blog quisiera que muchas no cometieran el error de dejar de estudiar, por dedicarse a poblar este mundo con hijos que no podrán cuidar, y sin suficientes recursos económicos, que los hijos/hijas siempre recordarán. En familias muy numerosas, la desigualdad de trato es fea. Yo siempre recuerdo la propia, y sé porque tempranamente me di cuenta de todo, que mi vida no iba a ser fácil y no lo fue. Por eso, la falta de ganas de ir por el mundo teniendo hijos con varios. No lo hice. Al menos eso sí hice bien. Le di a mi hija lo único que le podía dar bien, cuidarla y mantenerla sin privaciones. Aunque tuviera que compartir a su padre con las otras hermanas. Las piezas de Mónica Mayer me traen este tipo de reflexiones. Porque sus piezas hoy piezas del museo de la mujer desde la década del 70 en México, me parece que siguen teniendo vigencia, porque por eso el arte feminista tiene sentido todavía para muchas, porque las cosas han ido cambiando, pero así como el racismo no ha terminado ni se ha eliminado, así también el sexismo sigue vigente, y desde nuestros equivocados conceptos de liberación, creemos practicar el feminismo, de manera un tanto tergiversada, porque hemos introyectado las nuevas y recientes estrategias patriarcales con las cuales estos grupos que a veces nos oprimen, se renuevan, para seguir manteniendo el control. Veo y sigo viendo en la obra de Mayer, que su propuesta está en una práctica de la libertad de acción, pero también siguen vigentes los temas de la maternidad, de la desigualdad de roles, de la falta de oportunidad de las mujeres para terminar carreras, y profesionalizarse. Ver arte feminista ayuda por lo menos a reflexionar a propósito de observar con ojo crítico, que las cosas no han cambiado tanto para las mujeres desde la década del 70 cuando Mayer está proponiendo las piezas reflexivas de verdadero carácter feminista. Claro que el mundo ha cambiado. Principalmente el tiempo ya no es el mismo. Parecemos estar en ese tiempo de la ficción. Y por eso debemos volver a mirar aquello que ya no miramos. Hay que ver y analizar con ojo crítico nuestras propias vidas, aunque pensemos (como yo lo pienso) que ya no tengo tanto que vivir. No estoy siendo pesimista. Al escribir esto, al revisar estos días la obra de Mayer me he dado cuenta, que las cosas no han cambiado tanto. Que si no nos ponemos vivas y reaccionamos corremos el mismo riesgo que nuestra generación de seguir en el círculo vicioso de las nuevas estrategias patriarcales, para manejar nuestras vidas. Si les puedo ser sincera, ser independiente totalmente al menos me ha servido para no sentir tanta opresión. Puedo escribir lo que quiera, puedo ser libre cuando escribo. En esta etapa de mi vida, si estuviera encarcelada en funciones domésticas desfasadas, seguro me largaba del lugar. Pero también hay que pensar en las otras opresiones y volver a ser cautas y no olvidar que ese sistema que nos ha regido la vida, hasta de cuántos, cuándo y dónde y con quién podemos tener hijos, está allí de nuevo, para decirnos cómo manejar nuestro cuerpo, que fue una de las luchas de las feministas como Mayer en la década del 70.
viernes, 21 de junio de 2019
DA MIEDO LO DE LAS ESTATUAS
Da temor caer en el abismo
Siento vértigo en todas las orillas
Estoy en ese punto
En donde mi vida
Se desliza hacia los vértices
Parada frente al precipicio
De todas mis pasiones
De todo
Lo que ya no es
De lo perdido
De lo extraviado
De lo olvidado
De lo borrado
Digo que lo de las estatuas
Da pavor
Da pavor verse
Tan blanca
Tan erguida
Tan sensual
Tan desnuda
En medio de una plaza
Da verdaderamente
Miedo
Hacerse sal
Convertirse en piedra
Sería menos duro
Volverse aire
Viento
Ceniza
Y caer
Diluida
Esparcida
Olvidada
Da temor caer en el abismo
Siento vértigo en todas las orillas
Estoy en ese punto
En donde mi vida
Se desliza hacia los vértices
Parada frente al precipicio
De todas mis pasiones
De todo
Lo que ya no es
De lo perdido
De lo extraviado
De lo olvidado
De lo borrado
Digo que lo de las estatuas
Da pavor
Da pavor verse
Tan blanca
Tan erguida
Tan sensual
Tan desnuda
En medio de una plaza
Da verdaderamente
Miedo
Hacerse sal
Convertirse en piedra
Sería menos duro
Volverse aire
Viento
Ceniza
Y caer
Diluida
Esparcida
Olvidada
(m.díaz. Territorio invisible. Imagen)
jueves, 7 de febrero de 2019
La novelística de Byron Quiñonez: algunas
reflexiones sobre el contexto literario en que aparecen sus novelas
Los inicios
de siglo desde la modernidad latinoamericana periodizada entre 1909 y 1970,
evidencian en la literatura y el arte el aparecimiento de fisuras y quiebres en
los registros artísticos. La postmodernidad como sensibilidad se periodiza por
la crítica latinoamericana a partir de 1970, avanzando en el siglo hasta
finales del siglo XX.
Al cambiar
el siglo, las tecnologías de la información se transforman mucho más y
posibilitan mayor velocidad de la información, lo cual le ofrece al nuevo siglo
la oportunidad de colocarse con sus vertientes artísticas en espacios mucho más
comunicados, pero con un perfil de masa más pronunciado. Guatemala no fue una
excepción aunque haya tenido fuertes contrastes. El país firmaba la paz en
1996, y la nueva sensibilidad de postguerra en Guatemala, dio oportunidad de
nuevo a ciertos quiebres y aparecimientos de fisuras que estaban en relación
con el relajamiento político que se estaba viviendo.
Se abren
espacios literarios para la juventud que estaba deseosa de empezar la práctica
de la literatura, se hacen talleres, exposiciones, happenings y otros eventos
públicos, donde se advierte una nueva sensibilidad de nuevo siglo, coincidente
con otras partes del mundo, donde había y no había habido guerra civil. El
autor que estudiamos, Byron Quiñonez aparece en la escena a fines del siglo XX e inicios del XXI.
Publica su primer libro de cuentos en el año 2001, se lo publica una editorial
alternativa del momento, Editorial X, y el libro se titula: Seis cuentos para fumar (2001). La
publicación del primer libro de este autor, lo ubica en la nueva sensibilidad
del nuevo siglo.
El que sus
narrativas tengan carácter de literatura negra no es casual. Porque se han
abierto vetas narrativas por los narradores de las dos últimas décadas del
siglo XX, donde advertimos dos o tres tendencias, entre las cuales se ubica la
que se desarrolla en la obra de Quiñonez. Se trata de la tendencia y el trabajo
hacia la novela policial y negra, cuyos antecedentes mayores están en la obra
de alguien como Rodrigo Rey Rosa, principalmente en algunos de los cuentos de El cuchillo del mendigo (1986), El agua quieta (1989) y Cárcel de árboles, relato largo, con la
tendencia de la novela corta de Quiñonez, de 1991.
Existe otro
antecedente en la novela de Dante Liano, titulada El hombre de Montserrat (1994), donde Liano inmerso en la temática
de la guerra interna, coloca a su personaje, un militar de carrera, en medio de
un asesinato, que él mismo tendrá que enfrentar, tanto como investigador como
por sospechoso. Podemos advertir que la novelística de Liano en este registro
tiende a la carnavalización y al espíritu crítico que acompaña buena parte de
su obra creativa, y en ese sentido no entabla relaciones intertextuales con la
obra de Quiñonez. Porque una característica central de la obra de Byron son las
atmósferas enrarecidas, que hacen obvio que sus tendencias narrativas, estarán
más amarradas a los nuevos espacios que como sujeto social, encuentra en la
postguerra guatemalteca, donde empiezan a emerger las historias, unas más crueles
que otras, de lo acontecido durante el conflicto armado. Pero también aparecen
las nuevas mitologías de las violencias tanto de guerra, como de postguerra,
donde Quiñonez que es un sujeto de ese
momento, puede utilizar los insumos ofrecidos por las violencias diarias a las
que se encuentran expuestos los sujetos urbanos, para ambientar sus historias,
y mezclar mitos antiguos con postmodernos, en una ciudad cuyos ciudadanos han
visto, oído y leído sobre los extremos de la violencia sobre lo humano, y están
en medio de un imaginario de postguerra, que podría rebasar la admitido por la
tolerancia de lo inaudito.
En este
periodo del nuevo siglo, la tendencia tanto de la narrativa como de la poesía,
será exacerbar las violencias, y convertirlas en algo mítico, muy atado a la
famosa vena siniestra, que Juan Fernando Cifuentes, observaba ya en las
narrativas cortas, escritas por hombres y por mujeres de Guatemala, en la
última década del XX y de las cuales quedaron algunos escritos críticos que se
publicaran en Palo de Hormigo.
Nos
interesa situar la obra de Quiñonez, en relación con las novelas que tienen
cierto perfil gótico. Las llamadas narrativas negras o policiacas, que son
lecturas apetecidas por la juventud de hoy, que encuentra en ellas resabios de
las violencias que les han quedado a un nivel casi mítico, porque son sujetos
del nuevo tiempo, y van a exorcizar sus miedos, leyendo estas historias,
creadas por los escritores del siglo XXI, que regresan a retrabajar los mitos y
leyendas de lugares oscuros, siniestros y terribles, del siglo XIX.
La
narrativa de lo oscuro, de lo siniestro a la que nos referimos, está
concentrada en los relatos cortos de Rey Rosa, que sería digamos, un referente
en el tema. Pero tendríamos que rebuscar en los libros, revistas y
publicaciones de la última década del 90 para ir encontrando vínculos e
intertextualidades entre unos y otros escritores, para poder comprender mejor
el contexto literario en el que podemos ubicar la narrativa de Quiñonez.
Hijo del
rock nacional e internacional, Quiñonez también está amarrado a una línea de
desarrollo de lo contracultural. Y quizás por eso los personajes de sus
narrativas tienen transformaciones, metamorfosis y cambios. Se pueden leer sus
obras en relación al zoomorfismo, pero
no con los mismos lineamientos del siglo XX, sino buscando en sus
simbolizaciones híbridas entre humanos y animales, las otras connotaciones que
tienen estos personajes, dentro de los mundos oscuros y siniestros de una
sociedad que llegó a los extremos de la deshumanización, al enfrentar a civiles
desarmados con soldados y especialistas en sobrevivencia en campos de
guerra. ¿Se puede entender lo sucedido
respecto a las distintas violencias que se dieron y los alcances de la tortura
en los tiempos de la guerra en Guatemala? No lo creo. Nosotros tratamos de
digerir todavía las historias que se cuentan de los sobrevivientes, y también
de los testigos al encontrar los cuerpos mancillados y deshechos de hombres y
mujeres que tuvieron que enfrentarse solo con su juventud, a una máquina de
destrucción, sin tener con qué defenderse. Por eso ¿cuál ha sido la forma de
sublimar todo aquel horror, por no haberlo vivido, no entenderlo a cabalidad,
no acertar a preguntar con detalles, a causa del miedo? Si la pregunta se la
han hecho los y las escritoras, quizás estas narrativas negras, policiacas y
siniestras, estén respondiendo literariamente a estas interrogantes sociales,
que los colectivos que no escriben ni crean, no pueden ni siquiera somatizar.
Las narrativas negras de Quiñonez aparecen en la oscuridad de un tiempo casi
sin memoria. Los personajes son míticos, están simbolizados en espacios no religiosos,
en espacios donde lo inhumano superó las expectativas de lo humano. Para ver
qué tanto propone, lo mejor será leer sus narrativas y desde nuestro sillón de
lectores, opinar sobre nuestra propia experiencia de lectura.
viernes, 11 de enero de 2019
ESCUCHAR LA VOZ
(Discurso
en Xela, al recibir la Maestría en Literatura creada por el Comité Organizador
de los Juegos Florales de Quetzaltenango en 2017)
Escuchar la voz.
Decir con palabras inventadas. Analizar aquello que desde dentro se reconoce.
Posiblemente ese haya sido parte del trayecto de un proyecto estético que no se
ha detenido desde 1980. Pertenezco a una generación de escritoras y escritores
que apareció en la escena literaria en una de las décadas más sangrientas del
conflicto armado interno. Y por eso, aparentemente, debimos haber trabajado
nuestras textualidades, sobre coordenadas del compromiso político, o en el peor
de los casos, de la apatía política de aquellos tiempos. Eso no sucedió.
Estábamos en otra frecuencia, y quizás por eso, no encajábamos en los moldes
del tiempo en que aparecimos. No hacíamos literatura comprometida con las
izquierdas ni con las derechas latinoamericanas. Escribíamos desde las orillas,
desde los bordes. Teníamos cierta consciencia marginal, en mi caso, desde el
mundo de las mujeres cuya juventud se iba yendo durante la guerra civil. Y esa
angustia, el dolor de la pérdida de amigos y parientes, eso sí que estaba y ha
quedado anotado en nuestras primeras publicaciones. Metaforizar las relaciones
amorosas con el contexto histórico es una de nuestras propuestas.
Aparecer en los
periódicos del momento, en Tzolkin en mi caso, fue la única manera de estar
viva literariamente hablando. Fue el destino. Un novio que conocía a uno de los
que trabajaba allí. La recomendación vino de él en ese momento. Y Rafael Gutiérrez
que era el amigo del amado de turno, me publicó de manera especial, junto a
otra poeta que desapareció de la escena de los ´80, Amada Cabrera, y cuyo único
libro se tituló: Canto de caracolas
(año). Allí aparecieron poemas que yo estaba escribiendo. Y luego, relatos
cortos que venía construyendo desde el inicio de mi pulsión literaria que la
ubico en la década de 1970, cuando tomé un curso de literatura con Margarita
Alzamora. Yendi se llamaba uno de los relatos que Rafael Gutiérrez me publicó.
El año posiblemente 1988. Y los poemas también son de ese año. Aunque parezca
naif creo firmemente que ese factor destinal, me sacó del total anonimato de la
ciudad letrada guatemalteca. Luego vendría mi primer libro en 1990, junto a
escritores ya reconocidos como Antonio Brañas, Mario Roberto Morales y Rafael
Gutiérrez. Y un punto a mi favor, fue que Ana María Rodas a quién yo no conocí
sino hasta 1989, cuando leyó el borrador del libro, dijo que quería escribir el
prólogo. Ese apoyo fue crucial. Aparecer en la colección titulada Poesía
guatemalteca siglo XX, fue muy importante para mí entonces. La edición fue de
1000 ejemplares y la publicó el Ministerio de Cultura. El diseño del proyecto
era de Enrique Noriega, y el apoyo institucional, de Juan Fernando Cifuentes y
Marta Regina de Fahsen, la ministra en turno. Nada está fuera de las
coordenadas del destino que una tiene como escritora cuando los astros se
colocan en posición para que algo que iba a ocurrir, ocurra. Y así fue el
inicio. La carrera del oficio de la escritura se va ganando con mucha lectura
necesaria, y también porque la vida va cambiando y se toman decisiones
cruciales. En 1995 yo ya vivía en Estados Unidos, pero antes de irme, en 1992
había sometido mi segundo libro de poemas titulado: Realidad más extraña que el sueño, a los Juegos Florales del 15 de
Septiembre” de la ciudad de Guatemala. El libro yo lo había escrito en tres
meses. Y me dieron el segundo lugar. Y por primera vez salí en Prensa Libre, con una reseña y una foto
personal, y todo aquello que te hace famosamente local.
El oficio de la
escritura lo sé muy bien, es una actividad que puede empezar siendo colectiva,
pero luego se transforma en una muy soledosa y personal. En ese trayecto me di
cuenta que tenía muy desarrollada la pulsión y que necesitaba más tiempo para
trabajar mis propios textos y dedicarme más a la lectura que no había hecho.
Irme a Estados Unidos fue la forma, para escapar del medio, pero también de
estudiar una maestría. Y por eso me fui. No me fui sola, mi hija siempre estuvo
en ese proceso. Ella me vio crecer como escritora y yo la vi crecer como ser
humano. Y se lo agradezco tanto, porque sé que sin ella, sin su apoyo,
posiblemente no hubiera desarrollado tanta pasión por la escritura y el
análisis de mi propia obra y la de otros y otras.
A partir de
estar fuera, experiencia que me transformó de diversas formas, pude desarrollar
la actividad literaria y de análisis de manera más fuerte. Los estudios de
maestría en arte y luego el doctorado en literatura y estudios culturales, son
capaces de hacerte una persona mucho más analítica, si te esforzás, y eso hice
yo, pienso. De todos modos estando allá me di cuenta que el perfil del/la
escritora a nivel latinoamericano, había cambiado. Especializarte no te alejaba
de la escritura creativa, te la fortalecía, si no te dejabas atrapar solo por
lo académico. Y pienso a la distancia, que lo que he escrito, lo que he logrado
a nivel creativo, está mediado por mi capacidad desarrollada hacia el análisis.
Y quizás por eso, haber ganado los tres premios en los Juegos Florales
Hispanoamericanos de Quetzaltenango, en diversas fechas y en distintos géneros,
sea una forma de constatar, que el perfil de escritora que tengo, es amplio, y
abarca otros géneros, no solamente uno. Como les ha sucedido a otros compañeros
y compañeras escritoras, que han llegado a ganar tres premios en Xela, pero en
el mismo género, lo cual también representa una especialización en el campo en
que hayan alcanzado estos méritos.
Acerca de la
estética de los trabajos con los cuales he concursado y ganado en 2003, 2010 y
2013, puedo decir que se trata poemas, relatos cortos y un ensayo largo sobre
poesía, los tres trabajos fueron esfuerzos de largo aliento. El libro de poemas
Con la lengua pegada al paladar (2003), lo iba escribiendo cuando salí de
Pittsburgh y terminé mi doctorado en el 2001, de hecho el sujeto lírico, la voz
que canta, está dentro de la biblioteca. Hice un borrador y me lo llevé a
California y luego a Alabama, y desde allí con la experiencia del racismo y la
exclusión, el libro creció y se fortaleció como propuesta, y al someterlo al
concurso en 2003 tuve la suerte de que mi jurado fuera mexicano y de la UNAM.
Recuerdo ahorita que Eugenia Revueltas la crítica mexicana, era parte del
jurado. En el caso de los cuentos o relatos cortos, yo tenía bastante
experiencia en la escritura de la narrativa corta desde 1970. En 1987 habíamos
publicado con otros compañeros, un opúsculo: Diz-cuentos; luego yo publiqué
relatos cortos y muy cortos titulado: Pezóculos (Palo de Hormigo, 2001), y
seguía construyendo textos cortos, unos eran reescrituras de 1980, 1990 y otros
más nuevos. Y por eso cuando volví de Estados Unidos a Guatemala, y no tenía
trabajo, me dediqué a su escritura, y parte de ese material ganó el premio con
el título: Como en historia de Faulkner en 2010. También mi jurado era
mexicano, y otra mujer que no conocía en aquel momento Yosahandi Navarrete, era
parte del jurado desde la UNAM también. El tercer premio, que es de ensayo, lo
empecé a escribir motivada por mis lecturas de poesía joven que hacía en ese
momento. Ese ensayo se convirtió en una investigación que me llamó la atención
sobre la poesía que estaba escondida o evidente en la escena literaria. Me
planteé desde la investigación una pregunta, y me la respondí, pero traté que
mi ensayo fuera creativo, y no académico, aunque lo pareciera. Daba mucho mi
opinión, y eso no es académico, es creativo. Y eso le gustó al jurado de
Universidad de Mérida, si no estoy mal ahorita en la memoria. “Lanzando
piedrecitas al abismo”, es el título. Lo tomé de un poema de Luis Eduardo
Rivera, donde habla desde su propia juventud, y la escritura de poesía. Es una
reflexión sobre su propia estética. Y eso me pareció importante para tratar el
tema en el ensayo.
Puedo decir esta
noche que le agradezco al actual comité de los Juegos Florales de
Quetzaltenango el honor de la Maestría, la recibo en nombre de mi papá que es
de Quetzaltenango, en el de otras escritoras que no han ganado en Xela, además
de las desaparecidas, que ya no lo harán.

domingo, 30 de diciembre de 2018
DESCOLONIZAR EL LENGUAJE
Tal y como Parra lo vaticinó, la antipoesía le cambió el nombre a las cosas. Literalmente lo que antes se llamaba casa ahora se llama tumba. Al menos en su propia experiencia de vida y de muerte. Según su último penúltimo deseo, al morir quería ser enterrado en su casa mirando hacia el mar. Aquella, se convirtió en su tumba. Y le agradecemos a quienes hayan hecho posible tomar en cuenta los deseos del difunto. Regularmente cuando uno-a se muere, los deudos hacen lo contrario, de lo que una deseaba. Pero en este caso no. Lo enterraron donde él lo pidió. Y qué bueno porque abre nuevas posibilidades al lenguaje. Ahora ya podemos decir: Vamos a mi tumba, por decir vamos a mi casa o viceversa. También cambió aquello de que solo los religiosos son enterrados en las catedrales. Dado que a un poeta plebeyo lo enterraron en su catedral, lugar de culto para sus antiseguidores (como yo).
Los homenajes que otros como yo le hicimos a Parra en silencio y casi anónimos, son múltiples. Así como he escuchado a gente decir abiertamente, que no les gusta la poesía de Parra. Que no entienden por qué la gente se siente tan atraída por ese tipo de poesía que casi no es poesía. Y sí, tienen razón, porque se trata de gente que es limitada en sus lecturas, y además tiene "actitud" como se dice en inglés, y plantea esos argumentos, como que tuviera firma.
A Parra le hubiera de hecho gustado mucho conocer a más detractores que los que conoció en vida. A lo mejor a estos anónimos detractores si es cierto eso de la vida después de la muerte, se lo encuentren por ahí, y le haga mucha gracia que hasta en la muerte andan hablando mal de él. En fin. A mí me parece muy interesante en su poesía que efectivamente su actitud poética, que era anti sistema, tenía una intención muy clara sobre el idioma español que hablamos en Latinoamérica. Porque aquí en mi país y en otros países todavía escuchamos que estamos escribiendo mal tal o cual cosa. Y que nada nos cuesta revisar la RAE. Pero efectivamente uno de los objetivos que veo muy claro en la agenda parriana es esto, enfrentarnos poéticamente con la RAE. Se ha de haber pronunciado en el pasado con la z y con otros sonidos muy españoles, supongo, durante la colonia española. Pero cuando entraron a fondo los modernistas (a fines del XIX) sobre el verso castellano, y lo desvirgaron, le cambiaron los acentos no gráficos al verso, y a partir de allí la cosa cambió. Para más tarde cuando Parra apareció en el aire chileno con su verso cacofónico y su falta de reverencia con el idioma, intentando decirnos en sus versos, que le iba a cambiar el nombre a las cosas, una de sus buenas intenciones seguía siendo descolonizarnos lingüísticamente, cosa que él había visto y seguido de parte de los modernistas de todos los lugares de Latinoamérica. Fueron los primeros que descolonizaron el verso castellano, y lo convirtieron en el verso español que hoy se escribe y se lee y a veces hasta se recita, en distintos lugares de América Latina.
Me encanta pensar que Parra logró ser enterrado frente al mar tal y como lo deseaba. Y que si una quiere finalmente ir a verlo, puede ir a su casa, como que si allí estuviera. Cuando en realidad va a su tumbacasa. Si nos sale a recibir, pues ya estaremos muertos, parece.
viernes, 21 de diciembre de 2018
VIAJAR A CHILE
No recuerdo el año. Yo trabajaba en Alabama. Conocí a una estudiante de la maestría que era originaria de Chile. Como "un golpe de dados jamás abole el azar", decidí pedirle si acaso podría hacerle llegar uno de mis libros a Nicanor Parra. ¡Como que ese país no fuera larguísimo, aunque delgado! Yo creía que los libros podían llegar así nomás con desearlo o por correo. Lo que ocurrió fue que el papá de mi estudiante que era periodista, hizo un viaje a Las Cruces para irle a dejar a Parra mi librito,con la intención periodística de ver a Parra en su casa. Contó más tarde que finalmente llegó a la casa de Parra y que afuera vio parqueado su carrito volkswagen. Tocó y una señora le salió a abrir. A lo lejos vio que alguien corría la cortina de la ventana. La señora le preguntó que qué quería, a lo que él respondió en voz alta que le traía un libro a Parra. La señora fue hacia la puerta, y volvió con el padre de mi estudiante, y le dijo que qué libro era ése y de quién? A lo que el señor respondió que era de una profesora que vivía en Estados Unidos. Eso hizo que Parra aceptara que el padre entrara, y le pusiera en sus propias manos el librito. Se sentaron(según relató luego en la nota periodística)y Parra hojeó el libro detenidamente. Ah le dijo, ¿la profesora me lo envió? ¿Y por qué? Al señor se le ocurrió decir, que yo era una admiradora suya. Lo cual en el fondo era y sigue siendo una gran verdad. Allí se estuvo Parra sonriendo a veces, mirando de soslayo al visitante, y mirando el libro cuyas páginas iba sosteniendo porque se trataba de un libro de hojas sueltas. Habiendo terminado, le pidió más señas, pero el señor realmente no había contemplado que le haría ese tipo de preguntas, porque en realidad no sabía nada de mí, más que mi nombre, y que era profesora en Alabama. Como la vida es un pañuelo. Parra le agradeció que hubiera ido hasta allá a dejarle el libro. Y que me diera saludos (no se dejó tomar la foto). Me envió una tarjeta con su firma, agradeciendo. Pero para mí, el solo hecho de la historia era el mejor regalo que me pudieran hacer desde Las Cruces.
domingo, 25 de noviembre de 2018
POEMAS DE AIDA TOLEDO
EN CONMEMORACIÓN DE LA NO VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
(Mariana Pinto imagen)
I. EN ESTE SUEÑO EL CUERPO DE UN HOMBRE
Me denuncia
Es un hombre blanco
Delgado
Pelo castaño
Ojos redondos
Y dientes grandes
Está acostado en la sala
De la morgue
Sus ojos
Han quedado abiertos
Y el rictus de su boca
Dice
Aida
Y me acusa
II. REDUCIDA DENTRO DE UNA CASA DE MUÑECAS
Huyo
De dos gatos que
Relamiéndose
Me siguen
MIAU me dicen
RRRR MIAU me dicen
Y yo grito
Saltando las ventanas
Abriendo y cerrando las puertas
Que ellos tiran
III. SOÑÉ UN CERDO
Era rosado y gigante
Me lo comía enterito
Parecía un sacrificio
Lo cierto era
Que despertaba
A otro sueño
A otros cerdos
A otras sangres
A otros sacrificios
IV. FRENTE AL ESPEJO
Adentro del espejo
Lo que fui
Niña precoz
Ahora
Despojada de todo
VI. QUE MEJOR NO
Que mejor me vaya
Que mejor regrese
Que me vaya al baño
Y puje
Que mejor no
Que mejor me vaya
A la farmacia
Que mejor me apure
Que mejor corra
Que mejor corra bastante
Que mejor no
Que mejor sí
Que mejor compre ese libro
Que ese libro es necesario
Que es necesario leerlo
Que
Cuando acabe
Repita y repita la palabra
L-I-B-R-O
O
Que mejor no
Que mejor me vuelva a ir
E inicie
De nuevo
La rutina
VII. NADA QUE VER
Nada que ver con la guerra
Nada que ver con los árboles
Nada en la punta de los volcanes
Nada en la memoria
Solo puntos equis e interrogaciones
Nada de sentimientos
Nada de dolor
Algo que ver con la guerra
Algo que ver con la angustia
Algo que ver con la pérdida
No nada
Nada de años para esperar
Nada de tiempo para gritar
Desde la torre
Nada de castidades
Y las llaves
Nada que ver con las llaves
EN CONMEMORACIÓN DE LA NO VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
(Mariana Pinto imagen)
I. EN ESTE SUEÑO EL CUERPO DE UN HOMBRE
Me denuncia
Es un hombre blanco
Delgado
Pelo castaño
Ojos redondos
Y dientes grandes
Está acostado en la sala
De la morgue
Sus ojos
Han quedado abiertos
Y el rictus de su boca
Dice
Aida
Y me acusa
II. REDUCIDA DENTRO DE UNA CASA DE MUÑECAS
Huyo
De dos gatos que
Relamiéndose
Me siguen
MIAU me dicen
RRRR MIAU me dicen
Y yo grito
Saltando las ventanas
Abriendo y cerrando las puertas
Que ellos tiran
III. SOÑÉ UN CERDO
Era rosado y gigante
Me lo comía enterito
Parecía un sacrificio
Lo cierto era
Que despertaba
A otro sueño
A otros cerdos
A otras sangres
A otros sacrificios
IV. FRENTE AL ESPEJO
Adentro del espejo
Lo que fui
Niña precoz
Ahora
Despojada de todo
VI. QUE MEJOR NO
Que mejor me vaya
Que mejor regrese
Que me vaya al baño
Y puje
Que mejor no
Que mejor me vaya
A la farmacia
Que mejor me apure
Que mejor corra
Que mejor corra bastante
Que mejor no
Que mejor sí
Que mejor compre ese libro
Que ese libro es necesario
Que es necesario leerlo
Que
Cuando acabe
Repita y repita la palabra
L-I-B-R-O
O
Que mejor no
Que mejor me vuelva a ir
E inicie
De nuevo
La rutina
VII. NADA QUE VER
Nada que ver con la guerra
Nada que ver con los árboles
Nada en la punta de los volcanes
Nada en la memoria
Solo puntos equis e interrogaciones
Nada de sentimientos
Nada de dolor
Algo que ver con la guerra
Algo que ver con la angustia
Algo que ver con la pérdida
No nada
Nada de años para esperar
Nada de tiempo para gritar
Desde la torre
Nada de castidades
Y las llaves
Nada que ver con las llaves
miércoles, 21 de noviembre de 2018
LAS ESTRELLAS EN POSICIÓN CON JOSÉ AGUSTÍN
A lo largo de mi vida he visto dos veces en persona a José Agustín. La primera fue en 1985. Nuestro profesor de Seminario de Literatura en la USAC, nos llevaba a escuchar a uno de los escritores mexicanos más importantes. José Agustín llegó muy a la moda, vestido de negro impecable, con un traje sastre. Escucharlo esa vez fue impresionante para alguien que como yo, escribía textos narrativos que estaban ya en la onda de JA sin saberlo bien. A partir de ese año leí varios libros de Agustín, entre ellos La tumba, su primera novela que realmente me impresionó por la velocidad y la lucidez de la narración. La segunda vez tiene que haber sido entre 1990 y 1994, no recuerdo el año. La Embajada de México lo volvió a traer. Y lo escuchamos en el Musac. Ahora venía vestido con una chaqueta de cuero besh o caki (en mi memoria). Yo nunca le había hablado, pero ese día fue especial, Enrique Noriega, le había hablado de mí, meses antes cuando lo había visto y conversado con él en México. Enrique no estaba pero le había dejado dicho que yo lo podía antender. Cuando Agustín llegó al acto, preguntó por mí, y yo con una poca de vergüenza, tuve que subir con él al estrado, y escuchar allí su lectura. Seguro que fueron las estrellas colocadas en posición las que me dieron esa oportunidad. No tengo ninguna foto del día ese. Una lata. No era tiempo de celulares ni mucho menos. Pero vaya que la memoria registra todo. Y esa escena la había olvidado y ha salido a flote hoy que recuerdo sus libros, el impacto que su obra ha tenido en mí como escritora, como lectora. De hecho con el tiempo, seguí leyendo a Agustín. lo incluí en 1999 en mi disertación como uno de mis autores, con la obra Ciudades desiertas. Y no me quedó mal el análisis. Hoy que lo estoy recordando me doy cuenta de lo importante que ha sido leer a Agustín varias veces, en distintos tiempos. Y cosa casi improbable fue que lo viera dos veces, que una de ellas estuviera sentada junto a él en su lectura, y que luego nos volviéramos a ver frente al libro Ciudades desiertas (él dentro del libro) en un diálogo crítico con su obra.
A lo largo de mi vida he visto dos veces en persona a José Agustín. La primera fue en 1985. Nuestro profesor de Seminario de Literatura en la USAC, nos llevaba a escuchar a uno de los escritores mexicanos más importantes. José Agustín llegó muy a la moda, vestido de negro impecable, con un traje sastre. Escucharlo esa vez fue impresionante para alguien que como yo, escribía textos narrativos que estaban ya en la onda de JA sin saberlo bien. A partir de ese año leí varios libros de Agustín, entre ellos La tumba, su primera novela que realmente me impresionó por la velocidad y la lucidez de la narración. La segunda vez tiene que haber sido entre 1990 y 1994, no recuerdo el año. La Embajada de México lo volvió a traer. Y lo escuchamos en el Musac. Ahora venía vestido con una chaqueta de cuero besh o caki (en mi memoria). Yo nunca le había hablado, pero ese día fue especial, Enrique Noriega, le había hablado de mí, meses antes cuando lo había visto y conversado con él en México. Enrique no estaba pero le había dejado dicho que yo lo podía antender. Cuando Agustín llegó al acto, preguntó por mí, y yo con una poca de vergüenza, tuve que subir con él al estrado, y escuchar allí su lectura. Seguro que fueron las estrellas colocadas en posición las que me dieron esa oportunidad. No tengo ninguna foto del día ese. Una lata. No era tiempo de celulares ni mucho menos. Pero vaya que la memoria registra todo. Y esa escena la había olvidado y ha salido a flote hoy que recuerdo sus libros, el impacto que su obra ha tenido en mí como escritora, como lectora. De hecho con el tiempo, seguí leyendo a Agustín. lo incluí en 1999 en mi disertación como uno de mis autores, con la obra Ciudades desiertas. Y no me quedó mal el análisis. Hoy que lo estoy recordando me doy cuenta de lo importante que ha sido leer a Agustín varias veces, en distintos tiempos. Y cosa casi improbable fue que lo viera dos veces, que una de ellas estuviera sentada junto a él en su lectura, y que luego nos volviéramos a ver frente al libro Ciudades desiertas (él dentro del libro) en un diálogo crítico con su obra.
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