sábado, 3 de septiembre de 2022


(feminismos/abya yala)


SABERES Y VIOLENCIAS
Me he recordado de algunas reuniones entre poetas en los años 80, cuando íbamos leyendo poemas que acabábamos de escribir y compartíamos en lectura con otros poetas regularmente varones. En ese momento los grupos literarios donde yo me movía estaban formados por muchos hombres y muy pocas mujeres. Pero lo mío se dio en el medio universitario, y no era común que hubiera muchas mujeres.
Luego en la década del 90 decidí ir a un taller con un famoso poeta, mayor que yo, que tenía fama de ser un gran tallerista. Con él se habían formado poetas que yo consideraba muy buenos, y con quiénes sostenía una relación literaria que había fortalecido mi escritura.
Lo cierto es que en los dos casos estuve expuesta varias veces a que mis poemas fueran criticados fuertemente por la mayoría de varones del grupo, por no parecer poesía, pero se les unían las pocas mujeres con sus tibias opiniones sobre nuestros textos que no parecían poesía. Al poseer una personalidad combativa esto de aceptar lo que me decían no iba conmigo obviamente, entonces rechacé de manera enérgica cualquier comentario que implicara descontar mis poemas como poemas, y continué desarrollando sin que la opinión de aquellos sujetos, hombres principalmente, me detuviera. 
Me daba cuenta que me encontraba escribiendo de manera distinta a como ellos suponían debía lucir la poesía. Si en ese momento hubiera yo encontrado y leído los poemas de Ana María Rodas de 1973 me hubiera dado cuenta que precisamente sus poemas en el libro discuten el hecho de aceptar las recetas que en aquel entonces los varones, solían dar, sin estárselos pidiendo, sobre todo a los textos escritos por mujeres, que en algunos casos no estaban dentro de la línea o estética nerudiana que a ellos les parecía, era el modelo poético del momento.
Por supuesto que había leído a Neruda, mínimo en los Versos del capitán o el famoso libro de los 20 poemas de amor y una canción desesperada, y sí me gustaba, pero eso no quería decir que mi escritura tomara ese modelo, porque no se me daba en su totalidad. A lo mejor porque nuestra escritura en los años 80 estaba más en sintonía con las escrituras de otros y otras en distintos lugares del mundo, que poseíamos una escritura mucho más conversacional y popular, periférica y descentrada, que lo que Neruda proponía, que también tenía su atractivo.
El punto central de esto que escribo, es recordar que en distintos momentos de mi vida, por dedicarme a la escritura en sus diferentes géneros, he estado enfrente de otros y otras, que quieren darte lecciones de cómo escribir, darte lecciones de escritura, no solo creativamente, sino también ensayísticamente, pero los peores momentos han sido con los puristas del lenguaje, que creen siempre que te pueden mejorar la plana, aunque no posean muchos textos publicados propios con que demostrar que tienen una excelente redacción y que conocen todas las reglas gramaticales a las que se adhieren ese tipo de individuos.
He notado que esta actitud de demostrarte que tu escritura posee muchos problemas de eficiencia, es algo más común cuando se trata de la escritura realizada por las mujeres. Puedo poner muchos ejemplos donde esto se prueba, pero no es esa la intención, sino hablar de cómo en el medio académico y creativo, estamos tan expuestas a ser violentadas y descontadas por sujetos que nos quieren corregir la plana, y que en otros medios menos patriarcales, eso ya no se tolera.
Es más común en la actualidad que en los consejos editoriales y en los equipos de corrección  haya un número mayor de mujeres, porque eso evita estos descuentes de género, sobre todo si las mujeres asumen una actitud menos visceral con los textos, solo por venir firmados por mujeres.
He estado pensando en estas situaciones. Suelen provocar muchas violencias, que yo asumo como de género. Porque se realizan mayormente en los textos escritos por mujeres que en los que hacen los varones.
De esa cuenta que al concursar en espacios de literatura, algunas de nosotras simulemos o escondamos el género en el que estamos escribiendo, para evitar este tipo de reacciones en los jurados, que obviamente tienen un fuerte poder en ese momento. En varias ocasiones simular el género ayuda a ganar el concurso. Por supuesto que esto tiene aristas a comentar, como el caso inverso, cuando los varones simulan ser mujeres en concursos donde los jurados van a cuidar mucho el prejuicio de género, para optar a un premio tal o cual.
El punto central quizás sea el hecho de sufrir las violencias y tener que hacer silencio, porque en las instituciones se han equivocado colocando en espacios de poder de decisión o de evaluación, a individuos que tienen prejuicios de género girados a lo perverso. 
Es evidente que Sor Juana sigue teniendo razón cuando dice lo siguiente: "In malevolam animam non introibit sapientia".




viernes, 2 de septiembre de 2022


                 (m. mayer, imagen)


 LA SORORIDAD COMO RELIGIÓN

Solemos olvidar que el mundo de las mujeres está repleto de experiencias donde hemos llevado las de perder tanto en los espacios domésticos como en los espacios públicos.

En la actualidad las mujeres más jóvenes que se encuentran en espacios laborales de distinta índole suelen sufrir frecuentemente de acoso de parte de sus empleadores, o de jefes menores que se consideran con derechos adquiridos por estar en una posición jerárquica arriba del papel que tienen estas jóvenes. Y suponen que como en todo sistema patriarcal, esto les da derechos de pernada.

En el caso de las mujeres que han adquirido suficiente educación para competir por puestos donde antes solo entraban los varones, uno de los impactos más grandes son las consideraciones y clasificaciones de posición y de salarios. Regularmente ganan menos que los varones que aunque no posean los mismos títulos que ellas, se encuentran valorizados un poco más arriba y reciben más sueldo.

Si una mujer reclama su derecho, puede suceder que acabe despedida, o que se encuentre alguna causa para desacreditarla y de esa manera deshacerse de ella en medio del escarnio. En estas maniobras suelen participar otras mujeres, que se encuentran en relaciones de dependencia con los jefes que regularmente son varones. O que son eslabones de un sistema que las ha atrapado y de dónde no pueden o no desean escapar, porque se ha hecho hábito recibir órdenes sin cuestionar los porqués de tal o cual decisión arbitraria por descuentes de género, clase social u origen étnico.

La experiencia nos muestra en la actualidad que las cosas no han cambiado tanto, y que tampoco los derechos peleados y luego adquiridos en las largas luchas por el derecho a la igualdad y la equidad desde el mundo de las mujeres, tienen un impacto en espacios sociales y políticos que se encuentran tomados por la corrupción, el narcotráfico y sus secuelas a distintos niveles, incluso en el académico.

La relación entre mujeres suele ser en la actualidad muy competitiva por un lado, y tiene un lado perverso que está en relación con las diferencias de edad, de clase social, de preferencia sexual y de origen étnico, donde acabamos destruyendo los lazos de solidaridad que distintos grupos de mujeres de variados lugares, orígenes y estratos, construyeron a lo largo de mucho tiempo como un puente de comprensión entre mujeres con problemáticas similares o con alguna recurrencia en las experiencias de opresión doméstica y pública.

Trabajando en espacios muy patriarcales, mujeres que hemos tenido acceso a la educación superior alta, solemos cuestionar, emplazar y rechazar los nuevos juegos del patriarcado, y escogemos como una opción posicionarnos en espacios donde se puedan habitar ambientes menos opresivos y excluyentes, cambiando nuestras actitudes y pensando y reaccionando más sororalmente, ante mujeres con fuertes situaciones de vulnerabilidad.

Ser más sensibles, abiertas y comprensivas con otras mujeres, que están situadas en espacios demasiado patriarcales, y que precisan de nuestra comprensión y ayuda para salir adelante, puede ser el único aliciente en un mundo que no está hecho para que quepan más mundos, y menos uno donde las mujeres podamos vivir libres de violencias, tanto físicas, psicológicas como epistémicas.





viernes, 26 de agosto de 2022



ENTRE JANET GOLD Y JOSEFA GARCÍA GRANADOS 

Posiblemente era 1992 o 93, Ana Ma Rodas me habló por tel porque había conocido a una escritora norteamericana en Honduras, y ella le había pedido contribuciones de trabajos sobre mujeres centroamericanas. Ana Ma. le había hablado de mí a Janet N. Gold, con quien hasta hoy seguimos siendo amigas. 

Yo nunca la había conocido ni había oído hablar de ella. No eran tiempos de celulares, wasap ni de redes sociales frenéticas. Apenas si bien, teléfonos en casa, y algunos todavía usaban los teléfonos monederos en las calles de la ciudad de Guatemala. Había yo tenido una hija, muy recientemente, y estaba pequeña, a pesar de eso trabajaba como en dos lugares dando clase y no sabía que un día me dedicaría como trabajo y pasión a la investigación en el campo de los ahora estudios culturales, con concentrada atención en el arte, la literatura y la cultura de mujeres de Guatemala, en ese momento y de Latinoamérica con el tiempo. 

Al final Ana Ma. había amarrado el hecho que yo escribiera algo sobre Josefa García Granados de quién yo era devota lectora, al menos de lo que existía impreso en ese momento, y además mantenía una pasión por su figura descentrada y marginal, a pesar de haber pertenecido a las familias coloniales de Guatemala. 

La Pepita casi no se leía en la USAC cuando yo había estudiado allí en la década del 80, y cuando se leía, estaba vedado leer "El sermón". La trabajaban pocos, y solo se la conocía, por haber escrito ese poema entendido como pornográfico. Y eso la descartaba de las lecturas tan doctas que tuvimos que hacer en aquellos años 80. De sus otros escritos casi no se hablaba, seguro nadie buscaba información. Se repetía que no había desarrollado tanto. Un compañero mío sí hizo una tesis sobre ella, cuando nos graduamos en 1989. Total que todos leíamos a la Pepita a escondidas, nadie se atrevía a ir más allá, delante de una escritora que se salía de los límites de todo. De ella tomé el nombre de mi página de internet en el año 1998, Cienvecesuna, nombre de su periódico en el siglo XIX, fundado por ella, y manejado autoritariamente, puesto que ella escribía, lo hacía circular y lo ha de haber pagado, para poder entablar diatribas con puros machos de la época. Se peleó escrituralmente con los salvadoreños que mantenían pugnas con los guatemaltecos en ese revoltoso siglo. Se discutían muchos asuntos políticos y ella no tenía empacho en externar su opinión. Acusada de rara, de vengativa, de mala madre y mala esposa, la Pepita hizo revuelos en el siglo XIX junto a sus compañeros de tertulia, escribió poesía, ensayo periodístico, teatro, y se dio gusto viviendo a su modo. 

Entonces fue sobre ella que escribí el primer ensayo entre 1992 y 1993, y en el 94 ya estaba yo revisando el texto cuando me iba a ir a vivir a Estados Unidos. Por eso me recuerdo bien de todo. 

Janet recibió el manucrito cuando yo ya estaba en USA, y al paso de los años lo puso en un libro Volver a imaginarlas (Guaymuras, 1998), mi texto se llama "Frente al imaginario retrato", y me lo han criticado, en diversos momentos, por la falta de rigurosidad de archivo, como que si en esa época se hubiera podido abrir los archivos o acceder a ellos en medio de la guerra, o en medio de las invisibilizaciones, que las propias familias coloniales hicieron de algunos escritos realizados por sus antecesores, como es el caso de la Pepita. Lo del imaginario retrato salió porque nunca tuve acceso a su imagen visual. Nosotros no conocíamos cómo lucía la Pepita, sino hasta muchos años después. La confundían constantemente con su nieta, la famosa del poema de Martí, María García Granados, hija de su hermano, Miguel García Granados. De quien sí había imágenes, pero de la Pepita la vimos cuando una persona de su familia, muchos años después envió una copia para ser colocada en el volumen que publicó la Tipografía Nacional en el siglo XXI. Y esa es la imagen que yo pongo ahora aquí para engalanar mi escrito de esta mañana.

Total que de Janet aprendí algo. A no dejarme vencer, y seguir rescatando y buscando escritoras que han quedado en el anonimato. Esperando que cuando no seamos mas que ceniza, alguien se ocupe de nosotras. 


jueves, 18 de agosto de 2022

 

ELISA RODRÍGUEZ CHÁVEZ
 
(UN INTENTO DE BIOGRAFÍA)

Aida Toledo

Elisa Rodríguez Chávez, nació en la ciudad de Guatemala en el año 1939, en un periodo histórico conocido como la "dictadura ubiquista". Hizo sus estudios de educación primaria, en el Colegio Belga Guatemalteco. Luego estudió una carrera como secretaria en la Academia Secretarial. No realizó estudios universitarios, pues estaba interesada desde niña en la educación musical, su sueño era ser pianista, y por eso se dedicó a los estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Música, desde los nueve años de edad.

La experiencia universitaria que logró en ese tiempo se resume en algunos cursos de literatura que tomó en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, que efectivamente coinciden con el periodo en que estaba escribiendo el libro Cárcel de su cuerpo (1962). Recuerda todavía que tomó un curso sobre el Quijote de Cervantes, impartido por el reconocido profesor Dr. Salvador Aguado Andreut. 

Los acontecimientos políticos en medio de los que Elisa nació, creció y se convirtió en la escritora que produciría en la década del 60 dos importantes novelas, se pueden situar muy bien, ya que habiendo nacido durante la dictadura de Jorge Ubico, se hizo adolescente y debe haber presenciado la llegada al poder de los dos gobiernos que han dejado marcas y huellas en las generaciones jóvenes que tuvieron la experiencia de primero de la revolución de 1944 y luego la llegada al poder del primer y único gobierno socialista, que se apagó en 1954. 

Lo cierto es que las novelas de Elisa Rodríguez se estaban gestando a inicios de la década del 60, o sea unos años después de la salida del presidente Arbenz, más durante el gobierno del general Castillo Armas, quién es asesinado en 1957. A Castillo Armas lo sustituye una junta de gobierno y a partir de allí la experiencia política de la juventud a la que pertenece Elisa, tiene una experiencia política similar, porque se trata de una serie de gobiernos dictatoriales, de los que no saldrá el país sino hasta la década del 80, cuando se elige mayoritariamente al primer presidente civil.

Las dos novelas de Elisa Rodríguez, Cárcel de su cuerpo y Oro de cobre, fueron gestadas tres años después de 1957. La autora había terminado sus estudios secundarios por completo y había comenzado a trabajar como asistente en una de las unidades educativas de la Universidad de San Carlos. Llevaba cerca de 4 años trabajando en la universidad estatal, cuando da inicio a la escritura de la primera novela. 

El proceso de escritura comienza entonces en 1960. Lo cierto es que los primeros borradores conocidos, aparecieron en el marco del premio de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango en el año 1962. Pero hoy sabemos que durante el proceso de escritura, de primero construye Cárcel de su cuerpo. Lo hace entre 1960 y los primeros cinco o seis meses de 1961. E inmediatamente al terminar la primera versión, inicia la otra novela, Oro de cobre, muy influenciada por los sucesos políticos que observa de cerca en la facultad donde se encuentra laborando. Elisa poseía un borrador ya legible de los dos libros, con los cuales y motivada por su padre, decide someterlas al premio de Quetzaltenango donde Cárcel de su cuerpo resulta ganadora del certamen único de novela y Oro de cobre, obtiene una mención honorífica. 

Sabemos que uno de los impactos más fuertes en las novelas de Elisa, fueron los estudios musicales, los distintos ambientes que ella vivía en el Conservatorio Nacional de Música, y su trabajo en la Universidad de San Carlos. Además de su círculo familiar que fue central para la escritura de la literatura, donde tuvo importantes contactos artísticos, profesionales y humanos, que tienen que haber marcado su obra.

Por otro lado su padre, reconocido escritor guatemalteco, era en ese momento, el Director de El diario de Centroamérica, al momento en que Elisa gana los dos premios de novela, y hoy llama la atención que los organizadores del premio en Quetzaltenago, le avisaran de primero al padre que a la escritora ganadora, y es él precisamente, el que le informa a Elisa del acontecimiento. 

En 1965 la novela Oro de cobre será publicada en libro, y se reeditará posteriormente en el año 2010. La novela premiada, Cárcel de su cuerpo, nunca tuvo una edición en papel, en el presente está publicada en formato digital en México, dentro de una plataforma creada para la novela corta por profesores e investigadores de la UNAM. Y este espacio solo tiene los derechos por la edición digital. Así mismo, el sello Editorial La Pepita publicará en papel por vez primera el libro de Elisa Rodríguez Chávez en el año 2023.

Elisa va a continuar dedicándose a la escritura los años subsiguientes, pero desarrollará hacia el género del cuento, ganando premios con piezas aisladas, “La tormenta”, obtiene el primer premio en los Juegos Florales de Jutiapa; “Dipsómano” gana el premio único en cuento, además obtiene un segundo lugar en prosa en los Juegos Florales de Escuintla. El premio más importante en el género del relato breve es el de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango con un pequeño libro titulado Cuentos en la niebla (1974), que escribe cuando se encuentra viviendo y estudiando piano en el extranjero. Volumen de cuentos que nunca se publicó en libro. Entrevistada en este tiempo de covid, Elisa Rodríguez actualmente estudia dramaturgia, y como parte de las exigencias ha ido escribiendo obras de microteatro. 





sábado, 16 de julio de 2022

 

                                                              (IMAGEN, M. MAYER, MEX)

SOJOURNEAR

Habito este cuerpo y tengo consciencia de ello. Soy una mujer porque tengo lo que me nombra. Habito un cuerpo que hago mío como cuarto propio. Que administro como templo. Soy una mujer que piensa. Soy una mujer que siente. Soy también una mujer que escribe. Escribir es lo único que me hace ser la mujer que habita el cuerpo desde el que hablo. Por eso este cuerpo que habito me pertenece. No es de nadie y a nadie le debe nada de lo que es y sabe. Se lo ha ido ganando a pulso, gastando horas largas y tendidas de lecturas, de reflexiones, de escritura. Rechazando en innumerables ocasiones, una vida normal, para mujeres normales que antes tejían. Y que se sentaban a esperar largos años a los Ulises de sus sueños. Soy esa mujer que consumió años de resistencias a todo. Inicialmente, al lenguaje que le fue heredado desde una construcción diferente. Intentando no saber más, sino quizás ignorar menos. Una mujer que trató sin éxito de no jactarse de lo que sabe. Y que pretendió no embrollar lo que dice, en una espiral de sinsentidos patriarcales. Todo esto para dejar en otro plano la tal vida normal. Sí,  habito este cuerpo bajo mi discreción. Habito este cuerpo como una decisión de vida. Habito este mismo cuerpo que sigue siendo propio. Habito este cuerpo que me permite ser la que firma el texto. La que en libertad dice lo que piensa, lo que siente, lo que le molesta y se coloca todos los días críticamente frente al mundo y la época que le tocó en suerte.  

jueves, 23 de junio de 2022

 MAPEAR EL CORPUS DE ESCRITORES/AS MAYAS DE GUATEMALA

AidaToledo

                                                           (imagen, Danzantes Sotzil)
Recientemente en la clase de Literaturas indígenas (independientemente de las etiquetas) de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, se realizaron una serie de lecturas de poesía organizadas por los estudiantes y la clase. Participaron esta vez, Sabino Esteban, Carmen Tocay, Manuel Bolom Yaxcal , Norma Chamalé y Maya Cú,  Los estudiantes les hicieron entrevistas a Irma Otzoy, Manuel Tzoc Bucup, Carmen Tocay, Maya Cú y Evelyn Macario. Las actividades se realizaron de manera muy dinámica y los estudiantes tuvieron la oportunidad de tener contacto auditivo y visual con los escritores y escritoras.
Dentro de las actividades de la clase, se hicieron lecturas de obra narrativa y poética, y además abordaron ensayos escritos por escritores de origen maya, donde se discuten temas y conceptos sobre multiculturalidad, interculturalidad, mayanización, winaq, posicionamiento fronterizo, etc.
Las lecturas de obra creativa que se hicieron fue variada, pero sobre todo abordaron autores/as que emergieron desde la década del 60 del siglo XX. Entre estos estuvieron Morales Santos, Sam Colop, Luis de Lión, Víctor Montejo, María Elena Nij Nij, Calixta Gabriel, Rigoberta Menchú, Irma Alicia Velasquez Nimatuj y Aura Cumes Simon entre otros/as.
Dibujar un mapa de la literatura maya contemporánea conlleva una serie de problemáticas que nos asaltan en la actualidad sobre identidad, nuevos racismos, invisibilidad y otros temas afines. 
En las lecturas tuvimos la oportunidad de escuchar a algunos de ellos en sus idiomas originarios. Pero también leyeron en español, en traducción que los mismos autores hacen de sus poemas.
Las escritoras que leyeron Tocay, Chamalé y Cú, leyeron sus textos solo en español, porque no escriben en sus idiomas originarios. Esto nos trajo a la discusión el tema de la pérdida del idioma en la escritura de sus textos poéticos. Sobre el asunto del idioma hay muchas hipótesis y problemáticas alrededor. 
Las comunidades mayas de distintos lugares y ciertas generaciones, digamos que las últimas cinco generaciones en una misma familia, han ido dejando de manejar el idioma materno en las relaciones diarias y cotidianas. Sobre todo en algunos lugares comunitarios, más cercanos a la ciudad de Guatemala, o como ha sucedido con familias mayas que tienen unos 50 años de haber migrado a la ciudad, y las siguientes generaciones ya nacidas en la ciudad de Guatemala, han optado por cuestiones de exclusión, que sus hijos, nietos y bisnietos, aprendan a hablar el español, sin la intervención en el aprendizaje, de los idiomas originarios de las familias. Este elemento ha funcionado muchísimo como impedimento para el aprendizaje de los idiomas dentro de las familias, y repercute en la escritura creativa de los y las autoras.
En los casos que escuchamos de las tres autoras, ya no manejaban los idiomas dentro del seno familiar, por varias generaciones. Y habían aprendido el español sin que mediara el idioma que tampoco sus padres hablaban y menos escribían. Eran otro tipo de hablantes del español. Pues su cultura y prácticas comunitarias sí se daban en el caso de Tocay y Chamalé, pero no, en el caso de Cú, que no había estado expuesta tampoco a prácticas ancestrales de su propia comunidad dentro de la ciudad, por cuestiones de economía familiar, que según nos ha explicado estaba limitada incluso por la pobreza y la precariedad.
Los poetas Sabino Esteban y Manuel Bolom, proceden del interior de la república, el primero viene de Ixcán, y el segundo de Izabal. Las lecturas fueron bilingües en sus propios idiomas y en días de lectura distintos. Pero pudimos apreciar los sonidos y tonalidades de los idiomas maternos, y la manera en que la sonoridad cambia cuando pasa al español. Los dos poetas además manejan un concepto de lectura, que puede estar vinculada con las literaturas orales, que no observamos en las escritoras que leyeron sus textos en español, aunque todas manejaban un español cotidiano y actual.
Un aspecto bastante importante es que los lectores que nos brindaron la oportunidad de escucharlos en clase, poseen un nivel escolar alto por un lado, pero por otro, también poseen saberes comunitarios o colectivos, provenientes de otros espacios epistemológicos.
En el caso de Velasquez Nimatuj, no la tuvimos invitada en clase, pero escuchamos el poema que escribió y leyó en video. Se trata de un poema largo de tono histórico, y leído en español. En el video que asistimos los estudiantes y yo, pudimos notar que Velasquez deja caer las hojas, y posee una actitud impasible al ir enunciando las estancias en que está dividido el poema de los 200 años. Se encuentra sentada debajo de un árbol, en un espacio abierto y vestida con su traje tradicional de Quetzaltenango, donde efectúa una especie de performance poético muy interesante de analizar. Pues la autora posee una elegancia y un porte distinguido, que asociamos con el texto, de elevado tono reivindicativo y político, que nos retrae a pensar en el impacto que a lo largo de tantos años la colonialidad del poder ha tenido sobre las comunidades mayas contemporáneas, en donde se pueden visualizar aún hoy, una diversidad de orígenes, de acuerdo a los troncos lingüísticos  a los cuales pertenecen los y las autoras.
Podríamos comentar que en las entrevistas, que se realizaron en grupos, los estudiantes aprendieron directamente de la palabra de los/las escritoras sus opiniones y discusiones, acerca de temas delicados social, cultural y políticamente. Se abordó en el caso de las escritoras y del escritor Manuel Tzoc discusiones sobre género sexual y diferencias de género, que están vinculadas hoy, con otro tipo de discusiones sobre las genealogías y los elementos comunitarios, en los cuales no tenemos tanta experiencia e información. Y de los cuales solo nos quedaron algunos insumos teóricos.
El aparato teórico que usamos para analizar situaciones, entrevistas, lecturas están relacionados con las teorías de la descolonización, la mayanización, y los gestos y giros descoloniales. Los intelectuales mayas que leímos en el género del ensayo fueron Ajbee Jiménez, Irma Otzoy, Sam Colop, Demetrio Cojtí y Aura Cumes. 
Pensamos desde esta escritura que las resistencias que los/las autoras hacen desde la creación literaria, están en relación con la teoría que sobre el desprendimiento maneja la crítica descolonial latinoamericana. Y que también se trata de posicionalidades fronterizas en el caso de los diversos autores y autoras. Unos escribiendo de forma bilingüe y otros/as solo en español.
Una preconclusión podría ser que a penas estamos intentando dibujar, esquechar un corpus nuevo de autores/as contemporáneas. Que no podemos hablar de un canon, que es inexistente, porque desde distintos poderes, algunos de estos académicos, todavía se 
 pretende plantear un canon nacionalista que suponemos ya no aplica en las circunstancias y en los aprendizajes que realizamos.






miércoles, 22 de junio de 2022

 REFLEXIONES SOBRE EL CORPUS MAYA EN POESÍA Y NARRATIVA DURANTE EL SIGLO XX

La literatura escrita por escritores/as indígenas contemporáneos, ya se ha señalado que emerge en Guatemala hacia la década del 60 del siglo XX. Morales Santos, Luis de Lión y Sam Colop son algunos de los nombres que van apareciendo entre colectivos culturales ladinos. Morales Santos que es el primer maya en publicar un libro de poemas (Agua en el silencio, 1961) es el fundador de esta genealogía, que va emergiendo paulatinamente, mediada por los cambios en las políticas educativas para los pueblos originarios.
Morales Santos desarrolló en la década del 70 y 80 una obra poética ligada al grupo Nuevo Signo. Se trataba de un grupo cuyos integrantes eran originarios del interior de la república de Guatemala. En tanto Luis de Lión, desarrolla su actividad escritural ligado a la generación del 70, que giraba alrededor de actividades político-culturales, donde se encontraban Marco Antonio Flores, Ramírez Amaya, Ana María Rodas, Mario Roberto Morales, Enrique Noriega, Luis Eduardo Rivera y otros.
La primera publicación de Sam Colop aparece en 1976, y por ser desconocida para los lectores, se titulaba Versos sin refugio, que no traía sello editorial. Sin embargo sabemos que en ese momento, Sam Colop contaba con 21 años de edad a la hora de la publicación. Lo interesante del primer libro de este autor era que venía en edición bilingüe. Al inicio en k' iche' y luego en español. Y eso mismo sucederá con su segundo libro: La copa y la raíz (1978), en la cual la selección la hace entre poesía en versión bilingüe y la narrativa corta en versión en español. Lo que aparece muy interesante es que es una edición de Rin78, una cooperativa de publicación donde escritores noveles publicaron en dicha década.
Nos parece muy importante dar noticia de la inserción de la literatura de Sam Colop, porque no está localizado como uno de los escritores mayas de ese momento, sino se le ubica posteriormente como uno de los intelectuales mayas que va a discutir asuntos sobre relaciones étnicas, políticas y educación, y además como el traductor del Popol Wuj, (2008) en una de las mejores versiones poéticas que se conocen de ese libro. Pero todo esto acontece posteriormente a estas dos primeras publicaciones, donde Colop se va a ubicar como uno de los tres autores que inician el primer recorrido literario desde el corpus maya contemporáneo.
La primera vez que leí un texto de Sam Colop, lo encontré en una edición colectiva compilada por Lucrecia Méndez para Rin78, se titulaba Joven narrativa guatemalteca (1980).Y allí aparece un texto de este autor k' iche', "Quiché Achí, guerrero". Colop aparece entre otro colectivo joven de narradores ladinos, localizado por Méndez, y se constituirá en una de las primeras voces narrativas de autores mayas, en el género del cuento o el relato corto guatemaltecos.
Vale la pena recordar para la historia de la literatura guatemalteca en general, que tanto Luis de Lión como Sam Colop escribieron dentro de los géneros del relato corto y la poesía. En tanto Morales Santos se insertaba dentro de la poesía desde la década del 60.
(Imagen, Mujeres Ajchowen)

viernes, 7 de enero de 2022

PUTA LOCA O EL SÍNDROME DEL GOLPE



En los últimos tiempos, y con esto me refiero a años, he estado meditando, reflexionando acerca de la violencia en el idioma. Algunas de nosotras ya no somos mujeres que podríamos tolerar los golpes en la vida en pareja, pero todavía aguantamos los rudos golpes del idioma, quizás porque bregamos con esa carga todavía colonial de ir reaprendiendo a defender nuestro derecho a no ser agredidas lingüísticamente. 

Y que ser agredidas por las palabras, tiene hoy, el equivalente a no poder ser azotadas físicamente. Mi propia experiencia me ha demostrado que difícilmente las mujeres que somos independientes económicamente, somos blancos fáciles de los abusos físicos, tanto en manos de hombres como de mujeres con los/las cuales podemos establecer una relación de pareja. Las palabras que azotan nuestro yo interno pueden tener consecuencias nefastas. Porque el idioma tiene una fuerte relación con la libertad, que seguro han ido ganando nuestras ancestras y que hoy nosotras asumimos como natural en nuestras vidas. 

Dejarse decir cosas feas, desagradables, impunes y abusivas, puede tener consecuencias irreversibles. Me pongo a recordar relaciones que entablé en mi juventud y de las cuales pude deshacerme, porque mi energía vital era muy fuerte, y me habían enseñado en mi casa, que los hombres no abusan así como así de las mujeres. En mi caso, las relaciones de pareja han sido con hombres. Así, a mí me dio el ejemplo mi padre. Y se lo enseñó a mi hermano. Nosotras, las tres mujeres vimos esto y de allí aprendimos. Pero no significó que no nos viéramos expuestas a esas relaciones desagradables por falta de análisis, y por no poner atención a los consejos de gente sabia, que veía lo que nosotras no lográbamos ver, por ese tipo de ceguera social, que nos inducía al fracaso, y que fue parte de nuestro ser social e histórico. 

En la actualidad si un hombre o mujer al que pensás que le debés fidelidad, laboriosidad y recato, osa agredirte con palabras, habría que analizar más las razones por las cuales arremete contra vos de esa manera. Seguir echándonos la culpa no es el remedio. Porque socialmente nos han enseñado que tenemos la culpa, si alguien nos maltrata física o verbalmente. Por el simple hecho de ser mujeres. Cuando en realidad no tienen derecho a tratarte mal de ninguna de las dos formas. Porque hay maneras de resolver esas violencias, hablándolas o decidiendo la separación, porque es obvio que algo no camina ya bien, cuando montado en ira, porque no accedés a no dar tu opinión, te dice puta y luego te llama loca. He conversado con varias mujeres, que han tenido la misma experiencia. Esas dos palabras son muy fuertes, y juntas significan el equivalente a un golpe que no te dieron. Por un lado sabemos que puta, se refiere a la conducta sexual libre, y loca a no ser capaz mentalmente de pensar racionalmente. De las dos formas las mujeres a lo largo de la historia hemos sido tildadas cuando los/las compañeras nos quieren golpear simbólicamente. 

Y a pesar de que el análisis que hacemos está dentro de la razón, algo en el fondo nos mantiene calladas, inertes casi, sin poder tomar decisiones que nos alejarían de esos malos tratos, que aunque al inicio se hallan borrado con disculpas, se siguen repitiendo, ya sin ellas, sobre todo si nos resistimos a no quedarnos calladas, cuando aparecen problemas que se pueden resolver hablando o separándose de las personas que ya no nos toleran como somos. Y además es evidente que nosotras tampoco lo hacemos. 

Es por eso que escribo esto hoy y aquí. Porque mi mayor expresión de libertad está en la escritura, y es central para mí poder analizar mi propia experiencia a través de la palabra. El error de las personas cuando te agreden verbalmente es creer que es mejor, a que te agredan físicamente. Como que fuera una cosa por la otra. Cuando en realidad, si lo vemos desde un punto de vista humano, no hay derecho a ninguna de las dos. 

Mi análisis final sería seriamente tomar decisiones. He visto cerca de mí los abusos que comenten gentes sobre mis seres queridos, pero también he vivido en carne propia los abusos verbales sobre mí, y y pensaba estas noches, que topé con eso. Y que es necesario tomar determinaciones que aunque sean tristes, me puedan alejar de estar expuesta a ese tipo de golpes simbólicos, que me causan depresión y no permiten que lleve una vida más normal.  


domingo, 2 de enero de 2022



Presentación del libro Meter la mano en las entrañas – sobre teoría y prácticas del género testimonial1 

Dr. Jorge Oswaldo Andrade Tapia 

Universidad Nacional de Educación de Ecuador

 

En primer lugar, quisiera agradecer a Aída Toledo por la invitación a presentar su libro. Lo considero un verdadero privilegio y una responsabilidad que espero poder cumplir satisfactoriamente. Voy a organizar mi presentación desde mi experiencia como lector y desde varios puntos de vista y los iré explicando de uno en uno, sin extenderme demasiado.  

  1. El primero punto de vista sería presentar el libro desde mi posición como un outsider, alguien que viene desde afuera, y nuevamente desde varios niveles.  

  1. Para empezar, debo decir que no soy un experto en el testimonio, aunque conozco algo sobre el tema. 

  1. También soy un outsider porque conozco muy poco de la literatura (y la historia) guatemalteca. 

  1. Y, por último, había conocido a Aída Toledo solamente como poeta. Leer su prosa ha sido solo una confirmación de talento como escritora y como crítica literaria y cultural 

  1. El segundo punto de vista gira en torno al texto de Aída como una experiencia de aprendizaje, de reaprendizaje y, lo que podríamos llamar, desaprendizaje 

  1. Por último, este libro me ofrece un desafío y una oportunidad. 

 

Como decía, no soy un experto en el testimonio, pero como cualquier estudiante de literatura latinoamericana, en la maestría y el doctorado conocí algunas de las obras analizadas por Aída en la primera parte de su libro. En los tiempos en los que hacía mis estudios de posgrado me familiaricé con las discusiones teóricas y no teóricas sobre el testimonio, y, en particular, con la obra Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, que es uno de los ejes sobre los que gira el texto de Aída 

Aunque no es posible en pocos minutos hacer un resumen del texto, es posible señalar los aspectos que como lector me han resultado más valiosos.  

La primera parte del libro de Aída es un recorrido teórico e histórico del testimonio en Latinoamérica, un recorrido rápido pero puntual por los aspectos más relevantes de este género. Las páginas del libro me permiten refrescar mi memoria sobre aspectos que se me habían escapado con el tiempo: el rol del autor, del intermediario, del intelectual solidario, del transcriptor, del editor, los testimonios autoriales y la transdisciplinariedad descolonialPero también me recuerdan las teorías del subalterno y de la otredad. En ese sentido para mí ha sido un acto de reaprendizaje. 

El testimonio, como bien lo establece Aída, es en sí mismo un fenómeno complejo y complicado. Políticamente está marcado por una especie de estigma ideológico, el de la izquierda – con algunas excepciones, como los textos de Ujpan, analizados en este libro – lo que causa desconfianza en el establecimiento. También es un tipo de relato fragmentario, a momentos incompleto y hasta desinformado (cabe recordar que los autores – la autoría es uno de los debates por los que transitamos de la mano de Aída – son en muchos testimonios personas sin educación formal o personas que no hablan o no dominan el castellano)Los productores de estos relatos – orales o escritos – se encuentran en espacios políticos y sociales vulnerables y en ocasiones surgen de experiencias de supervivencia, como en las guerrillas o los periodos de guerra y exterminación. El relato testimonial también puede olvidar o recordar parcialmente hechos trascendentes, pero también es un texto necesario porque aporta para completar o reparar hechos históricos no registrados, intencionalmente o no. Es una especie de contrahistoria o archivo alternativo y eso también causa contratiempos frente al orden hegemónico. 

El libro de Aída me ha permitido hacer un recorrido por mi memoria de estudiante. Había olvidado los detalles de las discusiones – a menudo candentes – de la obra de Rigoberta Menchú. Me hizo recordar la visita de Rigoberta a la Universidad de California hace casi 20 años y todo el alboroto que causó en la universidad y en la ciudad. El teatro estaba tan lleno que tuvieron que pasar la charla por circuito cerrado para que todos los interesados pudieran escucharla. Pero también esta experiencia de reaprendizaje me ha hecho recordar el trabajo investigativo y los escalofriantes reportes de Rodolfo Walsh, en Operación masacre, la obra de los cubanos Esteban Montejo y Miguel Barneten Biografía de un cimarrón, el testimonio de la boliviana Domitila Chungara, la relación conflictiva ente Josefina Bórquez y Elena Poniatowska, en Hasta no verte Jesús mío, y más. 

Quienes, por desconocimiento o porque no es nuestra área de especialización, nos hemos mantenido al margen o solo hemos topado superficialmente los debates sobre el testimonio, el texto de Aída nos lleva por el camino del desaprendizaje. Recuerdo de mis años de estudiante de posgrado las acusaciones que se hacían a Rigoberta Menchú sobre supuestas falsedades en su primer libro. El testimonio es un tipo de historia paralela a la historia oficial, que dice lo que la historia oficial oculta. Y lo va a decir desde una memoria fragmentada, colectiva, una conjunción de recuerdos y testimonios orales. En el libro de Menchú se trata específicamente de la capacidad comunal del relato oral”. 

También hemos escuchado que el testimonio como género ya se ha agotado, pero como lo demuestra el análisis de Aída, “el testimonio no se ha agotado, ha mutado, se ha hibridizado más, se ha desplazado hacia un arte de la memoria principalmente”. Los textos testimoniales siguen apareciendo y siguen siendo necesarios, especialmente en países como Guatemala, cuya historia parecería ser una espiral eterna en la que la violencia, la pobreza, la discriminación son el eje constante sobre el que gira este círculo vicioso. 

Me ha impactado conocer por primera vez a autores como el Padre Ricardo FallaMario Payeras, y otros. Me ha sorprendido mirar el libro de Balam Rodrigo El libro centroamericano de los muertos en la categoría de testimonio, y puedo entender con claridad los argumentos de Aída. En este sentido, el libro de Aída ha sido también una experiencia de aprendizaje para quienes, como yo, conocemos tan poco sobre Guatemala.  

Conocía a Aída como poeta y muy buena en su arte. Ha sido una grata revelación confirmar su talento como escritora y crítica literaria y cultural en este libro. No puedo, sin embargo, dejar pasar un momento, de muchos, en el que la prosa y la lírica se mezclan en el ensayo académico. Me permito citar un párrafo de la conclusiónEn este momento utilizo esa imagen de La hora de la estrella de Lispector, para salir por la puerta del fondo. No estoy convencida que podamos concluir algo definitivo sobre el testimonio como género, sobre el testimonio como discurso, como gesto descolonizador. No me cabe la menor duda que el testimonio es un género literario que ha sobrevivido a la larga polémica teórica y práctica del siglo XX. Ha aguantado los golpes suaves o rudos de la crítica más convencional y conservadora. Ha estado en el banquillo de los acusados. Ha sido condenado como no- género, como no-literatura, se le ha negado la existencia. Y ha seguido reapareciendo en otros campos, entre otras disciplinas se ha colado, para seguir adelante discutiendo sus particularidades, su metamorfosis y su camaleonismo”. 

A veces discutimos con nuestros colegas y estudiantes y tratamos de convencerlos de que la escritura creativa nos permite acceder a la escritura académica. La prosa de Aída confirma lo que para los estudiosos de la lengua siempre ha sido una certeza. Un buen escritor creativo es un buen escritor académico.  

Al final, me parece que Meter la mano en las entrañas es un libro necesario, porque nos permite, como en mi caso, aprender, reaprender y hasta desaprender lo que conocíamos o pretendíamos conocer sobre el testimonio. Creo que los numerosos textos y temas que trata la autora merecían un poco más de espacio, pero la economía del lenguaje de Aída le ha permitido darles un lugar, aunque sea un poco apretado, en un libro que se lee rápido, que se disfruta y que al mismo tiempo afecta incomoda al lector. Deja en mi mente la sed por conocer más y mejor los autores que antes desconocía, buscar un libro del padre Falla, leer Los días de la selvade Payeras y releer y tratar de asimilar el contenido a veces brutal y a menudo doloroso de Balam Rodrigo en El libro centroamericano de los muertos, buscar el relato de Reyna Cabalibros que no son fáciles de conseguir en Ecuador.  

El libro de Aída también abre una puerta para mi propio trabajo como investigador: a eso me refiero con que es un desafío y una oportunidad. En los últimos meses hemos estado desarrollando un proyecto de investigación sobre la migración en el Ecuador, un tema presente que nos afecta como ciudadanos, como compatriotas, como docentes e investigadores. En el Ecuador, la migración – la emigración debería aclarar – se trata desde las estadísticas y los ensayos sociológicos, políticos, económicos y hasta históricos, pero no se le ha dado voz al migrante, y ese es un espacio en el que el testimonio nos puede ayudar a reconocer esta herida que, literalmente, desangra a nuestro país, y una vez que la reconozcamos, podamos buscar maneras de cerrarla, y si no sanarla, al menos dejar constancia de la importancia de la emigración, de los peligros, los riesgos y los resultados. 

Por todo lo dicho, por este recorrido por un género que no pasa, que no puede pasar de moda, agradezco a Aída por su libro que definitivamente mete las manos en las entrañas, unas manos que no salen limpias – no pueden hacerlo – pero que de alguna manera se purifican en las duras memorias que van apareciendo, fragmentadamente, a veces incompletas o inconclusas, pero siempre necesarias.  

SE VA A CAER (patéticas historias para celebrar el 8 de marzo y que nos nazca la consciencia feminista) Han pasado ya muchos años desde que ...