domingo, 25 de agosto de 2024


 Tejiendo la niebla (Hernández, 2021) es la primer novela de una escritora migrante guatemalteca, que relata de forma fragmentada la historia de una familia cuyos orígenes están entre Mayuelas (Gualán, Zacapa) y Tactic, (Cobán). Lo que hace interesante la narrativa de esta autora, es que se trata de una de las primeras novelas escritas por una mujer que reconoce en su origen la vena poqomchí. La historia revela las interioridades de la vida de un grupo de mujeres de distintas edades, que han sobrevivido al sistema social, económico y de género, en el cual debatieron sus vidas. Se trata de una especie de genealogía que explica de diversas maneras, la forma de ser de la voz narradora. La madre que es un personaje fuerte en la historia había sido abandonada por su propia madre, que apenas era adolescente, para mudarse de lugar de origen cuando decide o deciden por ella, aparejarla con un nuevo marido. 

Cuando la narración inicia, la presencia de la figura materna es muy fuerte. La madre se enfrenta continuamente a los abusos del marido, que es el padre de las tres hijas que ella tiene. No sabemos a lo largo de la novela, cuál es la historia de la madre, pero imaginamos que se trata de uno de esos seres que logra emanciparse mentalmente del sistema patriarcal. Que logra resistirse a la explotación de la cual es objeto, para con el tiempo, lograr cambiar el destino de sus tres hijas.

El marido es un personaje casi nulo en la narrativa. Está descrito como un hombre abusivo, no solo porque bebe y le pega a la madre, sino porque vive de ella y la mantiene enojada y decepcionada de vivir la vida que lleva. La salida que la madre encuentra a esta tragedia, es migrar hacia los Estados Unidos, pero para esto debe dejar a sus tres hijas encargadas por tres años, con dos de las mujeres de su propia historia, una tía y su propia madre, que viven en dos distintas localidades, lo que hará que las niñas tengan que estar viajando y cambiando de ambiente cada cierto tiempo, a lo largo de los dos años.

El cambio que le hace la madre a la historia de esta genealogía de mujeres que han tenido que soportar estar en medio de sistemas sociales que despojan de derechos a las mujeres, es que la madre regresa a los tres años, para rescatar a sus hijas y llevárselas con ella. Y como ningún sueño es completo, deben viajar de manera ilegal a los Estados Unidos y hacer un viaje peligroso, pero al mismo tiempo valeroso, porque se trata de cuatro mujeres viajando solas con los coyotes, que en la historia, son menos malvados y perversos de lo que las historias sobre la migración cuentan.

Las tres adolescentes llegan a Estados Unidos a salvo, pero se relatan las vicisitudes y las pequeñas y grandes tragedias, que los y las migrantes guatemaltecas y de otros lugares viven durante el trayecto. Se trata de situaciones ambiguas y peligrosas, que solo quiénes están desesperados y al límite en sus lugares de origen, ven como una salida menos dura que la viven en sus localidades.

La madre vive ya con otro hombre que se convierte al paso del tiempo en el padre de la narradora, y es quién también ha sufragado los gastos de la migración de las tres adolescentes. No se cuenta en detalle el perfil de este personaje masculino, pero a lo largo de la historia se entiende que se trata de alguien de gran corazón, que quiere a la madre y por extensión quiere a sus hijas.

La historia narrada durante el periodo de ausencia de la madre, se focaliza en las otras dos mujeres de su familia materna, y hay partes donde los lectores podemos entender, que cada una de ellas no pudo escapar a su propio destino, como mujeres pobres, como mujeres explotadas, que terminarán sus vidas en medio de pequeñas y grandes tragedias familiares.

Al final de la novela, cuando la madre decide volver a Guatemala en un momento en que pueden registrar sus papeles en el programa de amnistía de 1992, ya solo viajará con sus dos hijas menores, ya que la mayor, que fue a quién le tocó vivir la parte de la vida más dura de explotación de la madre, se ha unido con un hombre y espera un bebé. Ha cumplido los 21 años y ya no puede reclamar su derecho en Guatemala.

Las dos hijas menores y la madre, acuden a visitar a las parientas que se hicieron cargo de las tres niñas durante la ausencia de su madre, y es allí donde la narradora comprende al escuchar la vida de las tres mujeres de su genealogía, el porqué del carácter duro de su madre, y logra apreciarla en toda su dimensión como mujer que se resistió a los embates del sistema patriarcal donde le tocó nacer.

La novela tiene partes narrativas donde mezcla la narración de la historia central con poesía. Ese efecto le otorga a la narración, momento nulos de historia para intensificar la parte del sentimiento que se encuentra condensado en los poemas. Los poemas están escritos en inglés y se hace una traducción. En los poemas encontramos concentrado el sentimiento originario de la narradora, y nos recuerda la obra y la estructura de la novela de Anzaldúa, La frontera, con quien establece intertextualidades la autora de la obra, Claudia D. Hernández. Asunto que se puede estudiar más a fondo a través de análisis comparativos entre las dos obras.

La importancia dentro de la historia de mujeres guatemaltecas, es encontrar por primera vez una novela escrita por una autora maya-poqomchí, asunto que se nos revela como algo fundacional. Ya existían narrativas testimoniales, escritas por mujeres mayas, anteriores a Hernández, pero esta obra parece ser la primera publicada por una autora de este origen, y que nos permite especular acerca del corpus maya que viene haciéndose mayor durante el siglo XXI.

domingo, 28 de abril de 2024

 



"Razón poética y machete sin hoja: una lectura oblicua"
(Texto de presentación del libro Machete sin hoja al que le falta el mango de Balam Rodrigo, Premio Cardoza y Aragón,

Guatemala, 14 de abril, 2024. Fondo de Cultura económica de Guatemala)

La poesía actual latinoamericana es vasta y variada, procedente de distintos espacios geográficos donde la colonización y la colonialidad impusieron el idioma, la religión y la práctica de la cultura, y donde más tarde las distintas migraciones y los mestizajes han dejado marcada una huella profunda. Esta poesía entonces presenta una gama inacabable de temas y estilos que a lo largo de un tiempo han quedado como sello de lo que es ser y a veces no ser latinoamericanos.
Hoy toca hablar del libro de un poeta mexicano que afirma que parte de su identidad cultural se amarra con Centroamérica, yo más bien diría que con Guatemala porque es en su propia infancia, al momento de fijar identidades de pertenencia, a donde va continuamente con su padre y de donde le toca volver de una manera casi cíclica, para más tarde volver a iniciar el rito, en un proceso continuo e inacabable.
Vivir en Chiapas y pasar a Guatemala como forma de vida, marcó su manera de entender este espacio geográfico, provocó igualmente que regresara más tarde a buscar poéticamente sus raíces centroamericanas. Así mediante ese proceso de volver a Centroamérica y atravesar la frontera hacia Chiapas ya en edad adulta, escribió y publicó el Libro centroamericano de los muertos (2018) que considero un homenaje a esa itinerancia, y que el poeta asume como postura política en el caso de la migración centroamericana.
El libro que me permite comentar hoy Machete sin hoja al que le falta el mango (2023) gana finalmente el premio Luis Cardoza y Aragón. Asistiendo yo al momento de otorgarle el premio me di cuenta que también se trata de uno de esos pocos casos, en que el premio se honra y adquiere mayor prestigio, cuando un poeta de la trayectoria de Balam Rodrigo lo gana.
Machete sin hoja al que le falta el mango se divide en siete partes donde se indaga sobre la creación y la razón poética, y por eso mismo discute el acto creador en relación con el silencio, la fe, el mundo onírico y el sentido de la vida entre otros temas.
Además es el resultado escritural de un trayecto largo por la poesía de un escritor chiapacentroamericano que indaga discursivamente acerca de ese animal verbal que lleva atado al corazón, y que posee sangre caudalosa capaz de reflejar el rostro vacío del poeta que la canta, que asume con lenguaje cotidiano decir las cosas como que fueran sus últimas palabras.
Los textos hablan de los dilemas de la subjetividad poética. Se posicionan desde un espacio casi autobiográfico, pero de alguna forma anónimo, el de un poeta que escribe sobre las páginas de la noche, y en mi experiencia fenomenológica, de la lectora que experimenta el don de la bilocación, que siente, presiente y transita por los tiempos de la escritura, que intenta descifrar las claves, y que penetra los resquicios del poema ataviada por la animala de los sueños.
Las reflexiones sobre la existencia del poeta como un elegido son puestas en duda en los poemas de este libro, porque el poeta es más bien un ladrón, un bastardo de la palabra que en vano intenta domesticar a la muerte y al silencio. No es más que el que allana el recinto de la poesía y luego entreteje un manto para cubrir la voz que canta. Se produce una compulsión de realidad, un simulacro de la creación instalada en el imaginario social del siglo XXI: “Porque el poeta no es solo testigo de la violencia y la ignominia, y aunque en apariencia no pueda hacer otra cosa más que levantar la hoz de su palabra, con ella decapita el olvido y mutila las lenguas mudas…” (Machete, 75).
El poeta comunica su hallazgo, le dice la verdad a la lectora, la experiencia ha dejado de ser subjetiva y pasa a convertirse en una verdad poco discutible. Lo poético está tratado en el libro como ese lugar oscuro, profundo cenote, donde lo divino se encuentra y donde la verdad puede ser vista como una revelación: “Ofrecer al insospechado lector una poesía escrita con las entrañas y construida desde el humano lenguaje de las cosas que pasan inadvertidas, anudar las palabras de siempre con hilos de aire, atar al cuello un dogal de piedras sonoras, musicales, cuyo peso lidie -ala púgil- con el silencio”. (Machete, 71)
La voz poética recupera a través de la conciencia y el encuentro con lo divino un tipo de realidad que es casi inabarcable, donde solo el arte puede interceder para alcanzarla, su materia en el caso de la poesía es la palabra, no se trata de elaboración artesanal, se aleja de lo fútil y cursi, el poema es: “furia contemplativa y reflexiva, agujero cavado en el vacío, epifanía para representarse en el gran teatro del silencio”. (Machete, 85) Y es porque la razón poética une dos fenómenos distintos, nos revela tanto lo originario como la creación poética que lleva consigo un tipo de belleza que responde a lo primigenio, el poeta dice: “Solo la antigua lengua de musgo escribirá las suficientes letras de sombra para tatuar el dolor en el agua muerta del pozo sin fondo de la noche”. (Machete, 74)
La poesía escrita en Machete posee una fuerte dosis de reflexión filosófica, se trata en palabras de María Zambrano de un saber acerca del alma, elaborado a través de metáforas que precisan de rearmarse para situar los sentidos porque se encuentran mutilados. El artefacto se armará en palabras de la voz poética por medio de sus vestigios que vendrán cargados de múltiples significados. (Machete, 23) Es el artista el que encuentra el mundo destotalizado y debe erigir uno distinto con los restos. Solo se logra si el poeta toma conciencia de su marginalidad: “la poesía desnuda, salvaje y polígama, los sueña”. (Machete, 23)
Es inevitable pensar en esta lectura de Machete, que la escritura está trabajando como función mediadora, ya que abre fisuras y posibilita que esta lectora tenga una experiencia de lo sagrado, ya que transita en su lectura por varias vías, precisa de una intuición poética, deberá entrar allí como se coloca a la salida del sueño en el instante de la vigilia para poder resistir al tiempo real y colocarse en un proceso que construye y destruye lo divino enfrente de ella. Así se dice en el siguiente texto del libro: “Todo libro de poesía es una llave para abrir y leer el mundo: puerta cerrada para los que no sueñan, los que no imaginan, los que no ven la poesía”. (Machete, 112)
Dentro de un lenguaje altamente metafórico en el libro se nos ofrece una compleja discusión sobre la escritura poética y sus relaciones con mitos y valores estéticos que en los imaginarios sociales actuales no se encuentra a la vista. La escritura intenta llegar al fondo donde lo divino puede estar agazapado como una revelación que deberá develarse. Termino diciendo en voz de Machete: “Todo libro de poesía es un manual de ritos capaz de transmutar hechizos y encantamientos en versos que descifran las cosas contingentes y secretas del mundo cotidiano, desvelando un singular universo de seres feéricos, criaturas fantásticas, espíritus antiguos y monstruos míticos que existen desde el principio y yacen ignorados…” (Machete, 117)

Bibliografía citada y consultada
Balam Rodrigo. Machete sin hoja al que le falta el mango. Guatemala: Editorial Cultura, 2023.
Larubia-Prado, F. Filosofía de la poesía: María Zambrano y la retórica de la reconciliación.
Serantes, Arantxa. La razón poética como centro creador en María Zambrano.






(n.spero)

"Luciérnaga en el claro del bosque"

(texto de presentación del libro Proclama de pólvora y deseo de Waleska Monterroso (Parutz editorial, 2024)


Han pasado años, décadas, yo escribía textos en libretas, en papeles sueltos, en servilletas. Eran años duros. La guerra emplazaba nuestras vidas. El clima era de incertidumbre. Pero yo seguía y seguía la escritura de aquellos objetos, pequeños artefactos sin forma, ligeramente descuidados, absolutamente desaliñados, parecían los primeros artefactos a los que llamé ingenuamente tortillas y que hice en la década del 90 con una maseca bastante cara, en una ahora lejana y todavía larga en la memoria, noche de nieve en Pittsburgh.
Leyendo el libro de Waleska, Proclama de pólvora y deseo, publicado acertadamente por Parutz Editorial este año, entiendo de nuevo y regreso a ese momento de la primera escritura de mis textos. Porque cada vez que una nueva poeta aparece y yo la leo, la analizo, la gloso, la comento, me veo reflejada en el espejo del inicio de mi propio y sufrido proceso como poeta, como narradora y aún como ensayista.
No está fácil esto de dedicarse a veces a las presentaciones de libros de otras y de otros escritores jóvenes. No está sencillo volver a sentir la fresca pulsión que te empuja a escribir desde lo más recóndito del cuerpo, desde esos misteriosos espacios pliegosos de la carne.
Algunas veces este proceso se produce atosigada por el miedo, en medio de pánicos irracionales relacionados con el qué dirán, siempre suspendida en el vacío por las terribles garras de la autocensura.
Nada de esto es poco complicado, porque interpretar los poemas de otras mujeres de diferentes tiempos y lugares, donde también pesan los orígenes, es regresar a ese punto 0 donde empezaste, donde te diste cuenta de que había que desnudarse en público con el poema, que se requería de una entereza que a veces no se tiene, que hace falta valor para lanzarse hasta el fondo del cenote para acariciar el huidizo artefacto que se ha construido y tratar de empalabrarlo.
Leyendo nuevamente el libro Proclama notaba que se trata de una voz enérgica, recalcitrante y decidida, porque procede de una genealogía de escritoras (aunque ella todavía no pueda advertirlo) que no han quedado silenciadas ni por el padre, ni por el hermano, ni por el marido y menos por el amante. Se declara así simplemente, libre e independiente de habitar el deseo, se entiende como pájaro migrante, siempre mudando de estaciones.
La poesía es en sus manos una pequeña arma con filo. Corta delicadamente, penetra, no admite que se le recrimine por sentir, por desear, por amar contra todo pronóstico y gritarlo en medio de las páginas.
La seducción en Proclama ya no le sirve al patriarcado que se debe enfrentar a este tipo de argumentos. Las poetas descendientes de esta genealogía son una especie que escupe y enfrenta los necios argumentos de la ética y la moral moderna que modelaba a las mujeres.
El sujeto lírico en el libro de Waleska reclama la posibilidad de cantarle al cuerpo del amado, de dejar el miedo de decirlo todo, de dejar de lado el decoro, y por eso en este texto se reconoce como fuego del ocote, proclama el despertar novedoso de la carne, la fidelidad no es más que una monumento, una blanca y pulida estatua anclada en la avenida de lo obsoleto.
Hay en su Proclama una invitación a saltar a asumir el vértigo, el sujeto amado es increpado con furia a mostrarse en su firmeza de macho enardecido. Porque la voz lírica está llena de gozo, ha conocido la intimidad del mundo, y no le da miedo declararlo, está allí resumida en dos bocas que se aman, que se ensalivan, que se penetran, que se lamen.
La intensidad del amor carnal se apaga al final del libro y la poeta reposa en su duelo, sabe que el cuerpo, animal metafísico, tiene memoria, y es capaz de retener por largo tiempo los instantes de dicha absoluta, por eso hay que esperar un tiempo de duelo, y de nuevo estará preparada para empezar el gozo, para iniciar el largo camino del amor en otro cuerpo, en otros amantes.
La sujeto lírica se declara de nuevo una extraña ave, una pájara ahita de plumas brillantes, semejante a una árbol que con elegancia pierde sus hojas, un cuerpo desnudo en la inmensidad del universo.
Se reconoce inconstante, huidiza y renuente. Se convierte en luciérnaga al final de camino, volviéndose hacia dentro, encontrando el sendero, buscando ansiosa quizás los inencontrables claros del bosque que imaginaba María.
(Iximulew, una noche de esas en la zona roja de la ciudad rondada de luciérnagas)

miércoles, 15 de noviembre de 2023


DISCUSIONES IDENTITARIAS EN EL SIGLO XIX

Josefa García Granados es una autora todavía hoy considerada fuera de serie. Nació a fines del siglo XVIII y llegó a Guatemala, procedente de Cádiz, España, acompañando a sus padres, que traían consigo 11 hijos e hijas. Ella era la mayor, y a la muerte de la madre le tocó encargase de sus hermanos menores de distinta forma. Si ellos eran 11, al menos le tocó ser la madre de los últimos cuatro hermanos, todos nacidos en suelo guatemalteco. 

Se le recuerda ahora desde este espacio marginal porque quién escribe, vuelve a la obra de la Pepita, cada vez que en medio de las revueltas feministas, se menciona a las antecesoras o a las ancestras como se suele decir ahora.

La Pepita era mujer inusual. De fuerte origen español, procedente de Cádiz, llegó a Guatemala siendo ya adolescente. Sus biógrafos nos la han pintado como una mujer que no tenía pelos en la lengua. Decía lo que pensaba y tenía prácticas sociales más bien alineadas con los varones, que con lo que se suponía, hacían las mujeres de su época.

No sé si en algún momento, pero en varias ocasiones he leído que se casó con un hombre nicaragüense de apellido Saborío. Que le da el apellido a sus hijos e hijas. Y es de quién desciende la conocida niña de Guatemala del poema de José Martí, que además era hija de Miguel García Granados, uno de los hermanos menores de la Pepita, y de quién ella resulta ser la abuela, porque Miguel García Granados, alias Chafandín, se casa con su sobrina Cristina Saborío García-Granados, la séptima hija de la Pepita, y una de las hijas de ese matrimonio es María Josefa García Granados Saborío, la niña tema del poema de Martí.

José Ramón Saborío Durán era nacido en Nicaragua, y se casa con Pepita en el año 1818. El matrimonio procrea varios hijos, entre ellos Cristina la séptima hija, que luego contrae matrimonio de primero con su tío y luego con uno de sus primos hermanos Julio García-Granados López Portillo, luego de la muerte de su tío y esposo Miguel, que fallece cercano a la muerte de María Josefa García Granados S., la niña del poema de Martí.

Todo este entramado para señalar que la vida de la Pepita era intrincada a nivel familiar. Y que aunque fue una costumbre de las familias coloniales, aún las que como en el caso de ellos, se trataba de nuevos criollos, dedicados a comerciantes, privaba en medio de sus prácticas la conservación de la pureza de la sangre, las relaciones económicas en medio de redes de consanguinidad y otros elementos que no se explican en este escrito.

He leído comentarios acerca de la brevedad de su obra. Y sí es cierto. Pero en la brevedad de su obra se perciben y se han descubierto vetas muy importantes y distintas a las de otras escritoras del mismo momento, incluso de algunas que como Sor Juana de Maldonado, tenían de origen ser de los viejos criollos, cuya identidad peninsular, era mucho más recalcitrante que la de los nuevos criollos, que no tenían orígenes de alta alcurnia, sino eran simples comerciantes, por cierto que los de los García Granados, cuya vida en Guatemala inicia a principios del siglo XIX, exactamente en 1811.

Ahora sabemos más de la vida de los García Granados durante el despojo de las fortunas que se produce sobre las familias más acaudaladas, después de la independencia. Leyendo esta parte de la historia, se entiende más por qué la Pepita se encarnizó contra los liberales. Tanto la familia García Granados como la de Pepe Batres por ejemplo, cambiaron sus vidas después de ser despojados de todo lo que poseían. No solo perdieron su prestigio como comerciantes los primeros y como viejos criollos, los segundos. Se vieron exiliados por ejemplo. Los hermanos varones, mayores que Miguel García Granados tuvieron que salir fuera de Guatemala a intentar rehacer sus fortunas a México. Nunca lo lograron del todo. Pasaron penas económicas, sobreviviendo en distintos lugares, intentando hacer fortuna en medio de las guerras y los acosos políticos de los liberales. Por otro lado la vida en Centroamérica había cambiado en 360 grados. La familia Batres se vio en medio de la miseria, pues el padre de Batres Montúfar trabajaba para el reino, y perdió cualquier prevenda al cambiar la forma de gobierno. En Pepe Batres, íntimo de José Arzú, el propio Batres cuenta las visicitudes y las tragedias que vivieron su hermano y él en Nicaragua; y sus padres y hermanas en Guatemala, al verse avasallados, despojados de todo lo que poseían por los liberales y por algunos ladrones que les robaron lo que habían ido enterrando en el patio trasero de la casa. Se fueron a refugiar a una casa que todavía les quedaba en Antigua, y allí vivieron por siete años. En tanto el hermano menor de Batres murió en el exilio y él mismo regresó a Guatemala bastante enfermo y deteriorado.

La Pepita no narra en sus cartas las situaciones que vivieron a nivel económico. Pero la forma en que ella se dedica a escribir y a criticar a sus opositores puede ayudar a comprender el nivel de resentimiento ante el cambio de modo de vida que vivieron los García Granados en este periodo. Pensamos que las reacciones nerviosas que sufrió estando en Chiapas, y que son contadas por su hermano en sus Memorias, son producto de esta impotencia. Además de darse cuenta, estar consciente que le había tocado vivir en un periodo en que ser mujer no era cosa fácil. Desde siempre tenía actitudes liberadas para una mujer del siglo XIX. La experiencia de la lectura y la escritura le empoderaban mucho más para analizar la situación política, cultural y social en medio de la cual se encontraba. Por otro lado su experiencia de vida personal y familiar, le posibilitaba una conducta poco convencional. Actuaba como una mujer casada del día de hoy, no como una mujer casada del siglo XIX. Su conducta era la de una joven de inicios del siglo XXI, y no la de una del siglo XIX. Lo del espacio privado y doméstico, no era para ella. Se acostumbró a vivir de forma anárquica y muy personal. Nadie la ayudaba para pensar, desarrolló esa posibilidad en medio de la situación en que creció como adolescente. Huérfana de madre, con un padre de carácter suave, y una enorme flota de hermanos para ver por ellos, la Pepita actuó de manera distinta a una mujer casada del siglo XIX. 

Nosotras desde el siglo XXI no leemos su conducta como alguien varonil ni masculinizada. Observamos a una mujer educada, que pensaba por sí misma. Que se había responsabilizado de sus hermanos y hermanas como su intuición le indicó en aquel siglo XIX políticamente cambiante y duro. Que había tenido que madurar a través de su propia experiencia personal. Que estaba en medio del caos, cuando la fortuna que habían amasado sus padres y hermanos, les era quitada. Cuando habían perdido todo lo que les permitía vivir de una forma holgada. No estamos hablando de si era justo o no, que los despojaran de su fortuna, estamos tratando de entender las reacciones y los escritos de una mujer intelectual y liberada, que aun estando casada era dueña de sí misma, lo cual algunos han leído como algo negativo.

No dudamos que Ramón Saborío Durán se casó con una mujer del siglo XIX inusual y excéntrica. Al revisar la biografía del marido de Pepita, pensamos que ella lo escogió a él, que no se lo impusieron, porque era difícil imponerle algo a la Pepita. No se conoce mucho de la biografía de Saborío, sino que era nicaragüense y que era de Villa de Nicaragua. Que tuvo las agallas, cuando la Pepita fue acusada por el gobierno de Gálvez de andar hablando mal de ellos y hacerla encerrar, de ir a reclamar la sola idea que la apresaran. De esa manera acabó encarcelado él. Luego casi no se habla del nicaragüense, sino en las cartas, cuando la propia Pepita pregunta por él a Batres en las cartas. Sabemos que está ausente durante la guerra de liberales y conservadores, y posteriormente sale al exilio con otros varones de las familias. No se explica mucho qué le había acontecido, cuál había sido su historia posteriormente a todo este caos. Lo que sí se sabe es que la Pepita tuvo sus hijos e hijas solo con él. Y que hacia 1839 él vivía fuera de Guatemala, en el mismo lugar donde Batres Montúfar se encontraba trabajando por cuestiones de necesidad de su propia familia. También nos enteramos por las cartas cruzadas entre Pepe y la Pepita que no estaba bien de salud. Sabemos que la Pepita le pregunta a Batres por él, por su alimentación, le pide le avise si su marido está comiendo bien, porque si no, ella le puede enviar provisiones. Esto confirma que la Pepita seguía pendiente de él.

La verdad es que la obra breve de la Pepita deja observar una serie de elementos emancipadores, que posiblemente tengan relación con el periodo de la vida en suelo guatemalteco. También parece estar unida a la discusión sobre las identidades criollas y mestizas. Cuatro de sus hermanos eran criollos nacidos en el suelo centroamericano y a ella le había tocado educarlos o al menos hacerse cargo de ellos. Así supo bien lo que significaba ser peninsulares y ser criollos. Supo además que una mujer como ella, excéntrica, independiente, valiente, no era común, y claro las enfermedades nerviosas la aquejaron, y al final lograron minarla y acabar con ella.

Muere como sabemos en 1848. Y deja de escribir en el último periodo de su vida, después de que Batres Montúfar fallece en 1844.







lunes, 13 de noviembre de 2023


VERDAD-VERDAD

Decir lo que pensás no tiene el mismo sentido que pensar sobre lo que sentís. La verdad difícilmente es fácil de articular. Tenés siempre el pinche temor de herir a alguien a quién querés, apreciás, valorás. O a vos misma. Lastimarte a propósito diciendo enfáticamente aquello que creés es la verdad-verdad, puede ser una especie de suicidio auto inflingido. La verdad no es una sola, sí es cierto, pero todas las verdades poseen un porcentaje de valor de verdad. No todas las perspectivas sobre un mismo hecho se acercan al valor de verdad que la verdad posee intrínsecamente. Desde donde se mire, no está fácil liar con la verdad de algo. Sea algo personal o no. Algo personal, como las discusiones sobre el dinero, es complejo. ¿Quién tiene la razón en la mano? En ese tipo de discusiones hay que tener gran voluntad de aceptar lo que no te parece como una verdad. Pensar que las verdades también existen a medias, puede ayudar a comprender a quién te lo dice. Y esa otra mitad de verdad que no se toca, se encuentra ubicada en un espacio mediado por los sentimientos. La verdad-verdad, está más cerca del desamor, que del amor. Es más fácil verla si no amás a la persona que la postula. Si lo amás, aun que la veás, no podés señalarla, porque corrés todo el riesgo de perderlo en medio de discusiones que no terminan. Que no paran. Que tardan años en medio de fuertes desgastes que te llevarán lo querrás o no, a la soledad, a la ausencia, a la muerte.

sábado, 26 de agosto de 2023

BESOS, RITOS Y CATÁSTROFES

Está en las redes sociales el hecho, nadie nos lo contó, lo pudimos ver con nuestros propios ojos cuando estaba sucediendo, los y las que seguimos el futbol mundial, y luego las fotos y los videos del acontecimiento dan fe de lo sucedido.

Se trata de una acción que en el pasado podría ser disculpada de diferentes formas, pero que hoy no hay manera que se logre justificar una acción como la ejecutada por el Presidente de la Federación  Española de Futbol. 

La recurrencia de besar abruptamente a una mujer, era entendida antes como una acción romántica. Aún en las condiciones en que sucedió el hecho perpetrado por Luis Rubiales, si añadimos que al pedir disculpas, mintió diciendo que había sido consensuado con la jugadora española del equipo de futbol Jenni Hermoso, lo cual ya ha sido negado por la jugadora, no se entiende bien todo el hecho. Parece un constructo del absurdo.

Por un lado existe todavía la creencia que es permitido que un hombre apasionado bese sin pedir permiso a una mujer. Supongo que no sería igual, si besa a un varón. Posiblemente la inquisición de las redes sociales y de los seguidores del futbol, hubieran reaccionado de otra manera. Y no habría tenido que pedir disculpas, y se hubiera justificado diciendo que es parte de la cultura de alguno de los jugadores.

El asunto es que ya no se permite en ningún lugar público, un hecho que a todas luces es un abuso de parte de quien lo perpetra. Las emociones que se expresaron durante la final de futbol de ese torneo, podrían decir que fue parte del nerviosismo, pero observamos en el video que Rubiales, no solo besa en la boca a Jenni Hermoso que tenía en la camiseta el número 11, sino también abraza demasiado efusivo y besa en la mejilla con mucha pasión a la jugadora número 6, que logra librarse del beso del Director.

El punto central de discusión es que según el código de ética no es permitido ya que existan este tipo de atropellos entre hombres y mujeres. Y que las jugadoras queden expuestas a los deseos de hombres que además tienen poder dentro del futbol federado, como es el caso de Rubiales.

Añadido a todo el evento desagradable que no ha permitido celebrar como es debido, el triunfo de las españolas en los distintos medios donde debió haber sido, el interfecto abusador cree que no es para tanto, que no va a renunciar, aunque se lo pidan. Porque no considera gran cosa lo sucedido, ya que sigue considerando en el fondo que tiene derecho de pernada, como en el periodo histórico de la esclavitud, donde los dueños de finca eran también dueños de la sexualidad de las mujeres esclavizadas.

El punto es que la mentalidad de estos hombres no ha cambiado, a pesar del refinamiento, los estudios, las posiciones que los dignifican, no se han transformado, y siguen manteniendo una actitud de poder frente a un grupo de mujeres que han demostrado el más alto nivel de habilidad en el deporte que practican.

No es gratuito entonces hablar de la colonialidad de género, volver a preguntarse por qué los hombres de color como Rubiales, se alían en procesos de explotación con otros hombres poderosos, que seguramente le permiten a este individuo actuar sin respeto sobre las jugadoras del equipo español, como que no tuvieran derechos adquiridos de sentirse seguras y a salvo. Y por eso él mismo dice frente a quienes le están grabando que no dimitirá.

Lo que comprueba esta actitud preponderante de parte de este individuo es que dentro del marco del futbol mundial, las jugadoras todavía tienen que pelear sus derechos de no ser acosadas y abusadas por hombres que como Rubiales tienen un poder, concedido por toda una estructura patriarcal, que le permite mentir y ser sarcástico a la hora de entrevistarse con los medios de comunicación.

Este acto de abuso público demuestra que no hemos avanzado lo suficiente, buscando sensibilizar a los varones de ciertos espacios de poder como el futbol, sobre los temas y los derechos de género. A las mujeres nos ha costado mucho lidiar, bregar, enfrentarnos con actitudes que son formas sutiles de violencia patriarcal, y que ya no pueden ni deben ser toleradas a nivel social.

La actitud de Rubiales solo viene a constatar que independientemente que el sujeto sea despedido, dimita o se aleje de las estructuras de poder del futbol español, hacen falta más horas de formación en temas de género para los equipos, los trabajadores de las asociaciones, y cualquier persona que tenga relación e interaccione con mujeres y hombres, en un campo del deporte que tiene reglas de género ocultas, las cuales están siendo utilizadas por el acosador como excusa para no ser castigado, por llevar a cabo prácticas de violencia física, como las que realizó durante el partido. 

Sabemos que en algún momento, se tocó los genitales en señal de bravura durante el partido, y que permitir esas actitudes en delegados y representantes del futbol mundial pueden transformarse en violencias ocultas que todavía perviven en las estructuras del futbol del mundo.






 

EGO CONQUIRO

Viviendo en Alabama aprendí varias cosas importantes en asuntos de la vida. Me encontraba en un lugar todo construido contra mí. Yo era una mujer latinoamericana, centroamericana, que lucía como "mexicana" en el imaginario del sur estadounidense. Además cometía la afrenta de no dedicarme a los oficios domésticos, a cuidar las casas, a trabajar en los bares o a servir en los cafés de mala muerte de aquel sur tan olvidado de dios. Por el contrario contaba con varios títulos académicos ganados en el mismo país que me enfrentaba. Tampoco era la típica latinoamericana que se asimila, tenía mis resistencias. Esas me nacían de la escritura creativa, porque escribir poesía, narrativa, ensayo te empodera de una manera que es difícil de dominarte. El sentido crítico se exacerba. Tenés como una lupa para mirar en grande los pequeños egos con los cuales te enfrentás. El ego conquiro era muy fuerte. Te tenías que batir en duelo con varios egos revoltosos y malignos. Eso afiló mi pluma. Me hizo más epigramática, y me di gusto escribiendo sobre sus debilidades. Por eso ahora para mí es fácil identificar al tal ego, que se enquista en lugares insospechados y en sujetxs a veces no identificables. Es un ego colonial dominante que construye víctimas entre sus iguales. "La racionalidad del ego conquiro genera prácticas que desembocan en la generación de víctimas". Entonces mi lápiz, las teclas de mi computadora sacan filo, echan chispas, porque puedo oler la llegada de las huestes colonizadoras, que se reencarnan y arremeten de nuevo.

domingo, 13 de agosto de 2023


 LAS AFROSAMBAS DE VINICIUS DE MORAES Y BADEM POWEL

He escuchado muchísima música brasileña a lo largo de unos 30 años. Era asidua de un programa de Jorge Sierra sobre música del Brasil en los años 80, y en medio de la noche, colocaba a todo volumen, en la tecnología que tenía, las piezas de samba, bossanova y ahora sé afrosambas, que Sierra iba tocando para su audiencia, que hoy no sé cuál era, no sé quiénes éramos los del club que estábamos fascinados por una música que parecía quedarnos lejos, pero que sentíamos como nuestra. Pienso que sería la cadencia, la sonoridad de lo híbrido, la sensualidad de la danza con la que ellos suelen acompañar la música.

Vinicius de Moraes es una institución en la historia de la música popular brasileña, acompañó en las décadas del 60 y 70 a jóvenes músicos y músicas, que luego desarrollarían sus propios estilos hacia el fin del siglo XX. Además a de Moraes lo había leído como poeta, me había marcado su lectura, porque los poemas tenían una conciencia postmoderna que a mí me encantaba, había algo de hechizo en la forma tan natural en que Vinicius abordaba el hecho poético.

A lo largo de mucho tiempo, fui escuchando poemas de Vinicius interpretados por diferentes músicos, con arreglos propios y de otros y otras, que iban apropiándose de su camaleonismo poético, y su relación con la música, que le venía desde adentro, desde su propia apertura para ver su pasado colonial y tratar de entenderlo a través de la música y la poesía.

Escribió muchas letras de canciones famosas, que hemos escuchado los aficionados a la música brasileña, pero quizás de la que menos se sabe es la de la Garota de Ipanema. Letra que le pertenece, y a la cual Jobim le puso la melodía, pero en un trabajo de rapacería, como era común entre esos grupos de músicos populares. Al paso del tiempo no se escucha que Vinicius de Moraes la haya escrito, se le otorga el crédito de todo a Jobim que obviamente le pudo poner música a una pieza que es mucho más famosa que los dos juntos. Pero no lo hizo solo. Vinicius es una especie de gurú de la poesía y de la música, pues otros artistas con quienes también creó piezas híbridas, entre música popular y poesía escrita por él mismo, también lograron gran difusión y se conocieron por todo el Brasil, pues la radio era en ese tiempo una forma de comunicación muy eficiente y altamente popular.

Las aficionadas y aficionados de Vinicius supongo que saben que en los años 60 se alió con Badem Powel, el guitarrista afrobrasileño y esa relación resultó en un abordamiento de parte de Vinicius de la cultura yoruba. Al punto que tanto poesía como música fueron intervenidas de parte de Vinicius con la fuerte influencia de la cultura afrobrasileña, y esa relación entre músicos de distinto origen le dio un sello que sigue gustando, y que hace hoy que sus canciones, sus piezas, que siguen sonando, hablen en el trasfondo de un compromiso social, político y cultural, que artistas como de Moraes hicieron con lo que aquí gustan llamar mestizaje, solo que en el caso del Brasil, se trata de al menos tres claras culturas en mezcla, que dan como resultado, piezas musicales, que pueden seguir emocionando a quienes en el siglo XXI, seguimos escuchando la humanización que alcanzaron estas obras de músicos que se comprometieron con sus distintos orígenes étnicos. Una de las más conocidas es Berimbau, pero son muchas las piezas de este periodo y del album que grabaron completo con Badem Powel, en aquella ya olvidada década del 60, en que el Brasil y su cultura iba aceleradamente hacia la transmodernidad.


jueves, 10 de agosto de 2023



POEMAS DE LA IZQUIERDA ERÓTICA: MEDIO SIGLO DE VIDA REVOLTOSA

El primer libro de Ana María Rodas, Poemas de la izquierda erótica fue publicado hace cincuenta años, más específicamente en 1973. Haber publicado su primer libro como una edición de autora, sin un respaldo editorial, fue en cierta forma un acierto. Porque de todos modos ninguna editorial de ese momento, posiblemente, se hubiera interesado en los temas que sobre la sexualidad, el erotismo, las relaciones disparejas de pareja, la crítica en asuntos de género, que hoy están tan en boga, trata el primer volumen de poemas de Rodas.

Las ediciones sobre este libro han sido escasas. A los 25 años de vida, Gurch una editorial creada por Méndez Vides y María Elena Schlesinger, reeditaron Poemas de la izquierda erótica, si no me equivoco era el año 1998. Años después yo escribiría y publicaría un trabajo pionero sobre el libro, al que titulé:  "Feminismo y subversión en los setenta en Guatemala. Poemas de la izquierda erótica de Ana María Rodas, historia de un libro". Destiempos, no. 19, 2009.  Trabajo que había escrito después de 1998, cuando ya Gurch había publicado la segunda edición del libro de Rodas, celebrando sus 25 años de vida, y que finalmente aceptarían en Destiempos, unos años después.

En 2004, Editorial Piedra Santa publicaría con el título de Poemas de la izquierda erótica, una edición que incluía como trilogía, los primeros tres libros de Rodas (Poemas de la izquierda erótica (1973), Cuatro esquinas del juego de una muñeca (1975) y El fin de los mitos y los sueños (1984)). En ese momento finalmente, se honraba la obra de Ana María Rodas con una edición que aglutinaba en un solo libro, los tres primeros libros de una autora que había que tenido que sufragar sus dos primeras ediciones ella misma, para poder hacer circular su incipiente pensamiento feminista.

Estamos en el año 2023 y una editorial nueva, dirigida por Pablo Sigüenza decide publicar una edición conmemorativa de los 50 años, del mismo libro que ha dado tanto de qué hablar. La edición de Parutz es interesante, tiene en la portada una foto de la autora tomada por Mauro Calanchina en los años 70. El fotógrafo que tanto capturó la atmósfera político-cultural de ese periodo, y que hizo una serie amplia de la figura de Rodas, porque seguramente se dio cuenta del impacto que su figura y su obra adquiriría al paso de los años. Esta edición incluye en la parte posterior un breve ensayo mío, que tiene una historia, que no les cuento en este escrito. 

Lo cierto es que el contenido de los poemas del primer libro de Rodas tiene la suerte de desatar todavía algunos escozores, principalmente porque sigue manteniendo vigente un lenguaje que se deja leer por un público cada vez más popular, y por los nuevos sujetos digitales, que prefieren un lenguaje coloquial, comprensible y directo, como el que maneja el libro. Esa fue siempre una de sus bondades. En un inicio se identificó el lenguaje del libro como una apropiación del lenguaje masculino, lo cual era cierto. Porque la poesía de mujeres en los años 70 no estilaba llamarle a las partes del cuerpo en contextos amorosos, por su propio nombre. Se utilizaban muchísimas metáforas y figuras literarias, para sustituir el uso de nombrar a las partes del cuerpo de hombres y mujeres, por su nombre científico. No digamos al ejercicio dinámico de hacer el amor con el sujeto del canto.

Además el libro que trata temas de género de manera abierta y emplazante, sigue diciéndole a la gente lectora de hoy, que se discute dentro de esta actitud algo a lo que se tiene derecho, y por lo que se ha luchado desde la década del 70 hasta el día de hoy. O sea el libro dialoga a nivel de temas de género con nuevas y antiguas generaciones. Con colectivos de edades distintas, que logran comprender los alcances de la poesía desacralizante de Rodas.

Escuchando los comentarios ese día en que se presentó la edición de Parutz, según dijeron, solamente había dos personas que habían estado cincuenta años atrás en la presentación del libro, la autora y su amigo Enrique Noriega, que la acompañara ese julio de 1973, cuando según dicen, cayó una lluvia torrencial.

La edición de 1973 fue diseñada por Ramírez Amaya. Posee el toque que el pintor guatemalteco ha impreso en diversas obras de la generación del 70 a la que Rodas perteneció. Son icónicas las manos que aparecen en la portada, que es roja como la sangre. La segunda edición de Gurch, estuvo cuidada por Méndez Vides, que incluyó en la portada una foto de una mujer muy misteriosa en penumbra, con un antifaz, que nos hablaba de un pasado difuso y alternativo en el cual los poemas de Rodas nacieron. La edición de Piedrasanta que es una compilación de los tres libros, luce dibujos relacionados de manera muy tangencial, con los de Ramírez Amaya en la portada, como reminiscencias del pasado. En tanto la de Parutz presenta a la autora como la capturara Calanchina esa década del 70, en una Guatemala que se debatía en una de las olas de enfrentamiento entre guerrilla y ejército, que es efectivamente el contexto histórico de la escritura de este primer libro del 73.

El día de la presentación del tercer libro, le volvieron a preguntar a la autora sobre su compromiso político. Ella como lo ha hecho en diversas ocasiones evadió la pregunta. En ese momento pensé que la gente pregunta o tiene dudas, sobre si el libro como su nombre lo indica es el resultado de la visión de una mujer de izquierda guatemalteca. Y si leyeran más detenidamente los poemas podrían comprender más que se trata de una autora, una mujer que en su momento circulaba en medio de los grupos culturales y literarios comprometidos con el proyecto político de las izquierdas. Hoy eso no existe más. 

Si leen cuidadosamente verán poemas donde la persona que está escribiendo tiene un pensamiento emancipador. Hace propuestas sobre las relaciones amorosas, donde todavía privan las mitologías patriarcalistas, induce a desprenderse a "botar el rosa", y dejar "el jardín que apesta a muerte". Sugiere entre versos que se trata de una mujer que posicionada desde una izquierda literaria, asume su papel liberador de pensar y decir lo que piensa, de escribirlo sin que haya censura. 

Hay un momento en Poemas que la sujeta lírica tiene una epifanía, y se da cuenta, que su posicionamiento sí está a la izquierda, porque plantea la liberación y la emancipación de la mujer para pensar por sí misma, sin embargo entiende que lo está haciendo solo desde una erótica de la escritura, y que esa izquierda recalcitrante, no le va a dejar otra opción. Y por eso dice en los poemas de manera conclusiva que "esta algo así/como a la izquierda erótica".

Es indiscutible que en su sabiduría poética, la persona que canta sabe que sí, que está planteando una manera de vivir más libre en todo sentido para las mujeres, y que esa manera de decirlo sí viene de la propuesta de la izquierda donde ella se posiciona. Pero que hay una enorme distancia entre este pensamiento emancipador de género y las prácticas excesivamente patriarcales que advierte en sus compañeros de ruta, tanto amorosa como política.

De esa cuenta que en su segundo libro, Cuatro esquinas del juego de una muñeca, escribe en forma de carta el primer manifiesto de emancipación total de sus congéneres masculinos, y le titula: "Carta a los padres que están muriendo". En esa carta les dice del cansancio que tiene, porque está harta de seguir escondida debajo de sus faldones. De tener que seguir sus recetas hasta para escribir. Y es que Rodas utiliza la poesía para indagar sobre la conducta humana, y nos permite auscultar un tiempo, que posiblemente no podemos entender tanto, sin haberlo vivido, en el cual las mujeres jóvenes y/o maduras se emancipan y deciden vivir bajo otras reglas. Ellas se encuentran en un periodo histórico donde la muerte rondaba el país. Saben de la muerte y de la vida. Fueron testigas de fuertes olas de violencia, en donde algunas de ellas perecieron. Otras son sobrevivientes. 

Poemas de la izquierda erótica es la historia de un colectivo que en medio del fragor de la guerra, utilizó la fractura para emanciparse sexual y mentalmente. Y sí algunas lo hicieron desde las trincheras, otras desde la soledad de sus casas. Pero todas sufrieron la metamorfosis, tuvieron la epifanía de la emancipación y la liberación de una tiranía que les venía en la mayoría de casos desde los núcleos familiares o desde los espacios íntimos, en donde el sistema patriarcal tenía todo el control.

lunes, 3 de abril de 2023

 

(m.araujo, imagen)

REFLEXIONES DESPATRIARCALIZANTES EN TIEMPOS DE COVID: 
LA PEPITA OTRA VEZ

María Josefa García Granados conocida como Pepita, nació en el Puerto de Santa María, Cádiz, España en 1796. Fallecería en Guatemala en 1848. Perteneciente a una de las familias coloniales, García Granados como escritora estuvo activa durante el periodo de la Independencia hasta cerca de su muerte.

Escribió y publicó en periódicos de la época, poemas, retratos, ensayos periodísticos y políticos. También abordó el género dramático. Hacía parte de un grupo de escritores que pertenecían de distintas y variadas maneras a la sociedad elitista del siglo XIX. 

Se le reconoce por mantener una tertulia literaria y política que se sucedía en su casa y en la de sus parientes. Se casó con Ramón Saborio, con quién procreó varios hijos. Entre estos es recordada Cristina, que a la larga se casó con el hermano menor de Pepita, Miguel García Granados- como era la costumbre endogámica- que sería de 1871 a 1873, presidente de la República. 

La hija de Cristina y Miguel,  es la recordada Niña de Guatemala, del poema de José Martí, el escritor cubano, que todavía conoció el auge de las tertulias de los García Granados durante el siglo XIX. De esa manera conoció a la sobrina-nieta de la Pepita.

La escritura de Pepita García Granados se ha quedado como legado en el imaginario literario por haberse realizado en una época turbulenta, política y económicamente. Se ha logrado reunir poco de su obra poética, y se conocen más sus escritos periodísticos, ya que se trataba de una escritura inmediata y política. 

Como otras escritoras del siglo XIX fundó un periódico titulado Cienvecesuna, en el cual se dedicó a escribir una serie de textos, con los cuales se puede comprobar que su periodismo fue combativo, asunto que no era propio de las mujeres de su momento, pero donde ella se inserta de manera radical. 

Hemos señalado en otros escritos que se trata de una tradición matrilineal, en donde ella abre y acuña un registro político, apareciendo para su propio contexto social y cultural como una escritora revoltosa y anárquica. Consideramos esto como el inicio de un femilinaje, que si revisamos más detenidamente y se nos permite, es la primera en el siglo XIX de una literatura transgresora y rebelde. 

En literatura de creación son muy conocidos y reconocidos hoy, tanto “El sermón”, como el "Boletín del Cólera Morbus”. Ambos textos reflejan las tensiones entre sociedad e iglesia, o sociedad decimonónica y salud. Dado que en uno arremete contra integrantes de la iglesia católica de los cuales era cercana; y en el segundo contra los médicos e instituciones que se dedicaron de manera corrupta e ilusa, a intentar combatir una pandemia como el cólera en el correr del siglo XIX.

El resto de poemas conocidos son algunos de crítica social, donde advierte los males del patriarcado, y conversa poéticamente con esas jóvenes ingenuas, que pueden caer en sus trampas. Otros poemas capturan el paisaje del momento, todas aquellas imágenes que tuvieron un impacto bajo su mirada. Pero en varios de los textos escritos por la Pepita se advierte una vena despatriarcalizante al estilo del siglo XIX. Y no eran meras palabras, se trataba de una manera de ser, porque se sabe por sus biógrafos más reconocidos y su familia, que era una mujer fuera de serie, incluso en el espacio doméstico e íntimo.

La obra recogida de la Pepita es pequeña, a lo largo de muchos años nos hemos imaginado más de lo que en realidad hemos leído. Y su figura sigue siendo un referente de los feminismos de la región centroamericana, aunque la Pepita no intentara sentar cátedra.

De todos modos vivió una vida diferente que otras mujeres de su clase social, y se arriesgó al punto, que en algunas ocasiones tuvo que salir huyendo por los tejados hacia Chiapas  donde se exilió algunos años, para no caer presa por denigrar a otros en sus famosos “Retratos”. Así entendemos lo peligroso que era la escritura en tiempos de independencia.

Y por otro lado al final de sus días fue diagnosticada con “histeria”, asunto que podemos entender cada una de nosotras en este tiempo, porque quién no se iba a enfermar, al estar consciente que le había tocado vivir en un tiempo que no le correspondía.

Al final muere como Sor Juana, en silencio y quizás por eso podría decir lo mismo que dice la monja mexicana en algún momento: "In malevolam animam non introibit sapientia".


viernes, 24 de marzo de 2023

 ACERCA DE UNA CONCIENCIA SUBALTERNA: REFLEXIONES SOBRE LA MALINCHE


Hace ya muchos años leí dos libros que me parecieron cruciales para entender la vida de alguien como la Malinche. uno de ellos fue La ruta de Cortés de Fernando Benitez y el otro Las conspiradoras de Jean Franco. 
La Malinche o Malintzin como le llaman a este personaje histórico fue una mujer esclava que según se relata en el libro de Benitez, fue uno de los regalos otorgados a Hernán Cortés por los emisarios de los reyes de México hacia el siglo XVI.
El punto es que esta esclava, Malintzin tenía una historia. Procedía de una genealogía aristocrática, pero cuando su madre enviuda y vuelve a casarse, es vendida por su propia madre para quitarle el derecho a herencia que ella poseía, por ser hija primogénita de esa familia, y así beneficiar al medio hermano que ahora tenía.
O sea su destino como niña cambia, al ser vendida a otro grupo con el cual comerciaban objetos y obviamente, seres humanos al momento de llegar los españoles a suelo mexicano.

Por eso cuando llegan los españoles a México, uno de los regalos que le ofrecen a Cortés es esta mujer, que para ese entonces había cambiado de dueños al menos en dos ocasiones. 
Regalar las mujeres esclavas parecía ser una norma, para agradarse entre grupos de hombres, con los cuales se hacían transacciones de distinto tipo. Este hecho puede ser histórico, pero bajo nuestra visión de hoy, se convierte en una acción deplorable para la vida de las mujeres de ese momento, y de hoy, que sabemos es todavía una práctica en lugares y condiciones donde las mujeres vuelven a ser parte del botín ya no de épicas guerras, sino de distinto tipo de negocios. 

Leyendo a las escritoras chicanas noté que ellas desconstruyen y desmontan el mito de la Malinche, así como en muchas ocasiones nosotras hemos trabajado el mito de Penélope en relación con la fidelidad y las estrategias de Penélope para no caer en las manos de avariciosos pretendientes.

En los dos mitos, las mujeres que están reinventando estrategias de sobreviviencia, en situaciones límite, están siendo leídas de distintas formas. 

En Penélope se le celebra el uso de la imaginación con el tejido y la astucia de descoser lo cosido, para poder esperar más tiempo, y no tener que decidir con quién casarse. Este mito también tiene su parte poderosamente patriarcal, porque Penélope tiene la obligación de matrimoniarse con otro, solo porque su esposo Ulises, ya no regresó. Como que era un mandato para estas mujeres, que no eran esclavas, pero sí propiedad de los hombres. Y por eso los pretendientes se sienten con derecho de exigir que ella vuelva a elegir a uno de ellos.

El caso de la Malinche es mucho más cruel. Porque siendo esclava desde niña, a pesar de haber sido noble y tener familia que la protegiera, cayó en desgracia por siempre, hasta que se encontró con Cortés. 

La Malinche tiene que haberse dado cuenta que su vida iba a cambiar, en este nuevo ambiente de hombres extranjeros. Yo no estoy segura si lo que afirma Weil sobre la esclavitud, haya sido una norma para ella. Hacer lo que el nuevo amo le estaba pidiendo. No sabemos y no se dice en la historia de la Malinche si ella fue violada por varios hombres españoles. O si solo fue Cortés. 

Pero el pacto de traducción, interpretación, consejería que le dio, parece ser otro tipo de acuerdo. Cortés tenía otros traductores, que eran varones. La razón por la cual la Malinche llegó a ser la traductora principal solo se ha analizado dentro de las habilidades que una mujer posee de engañar, de ser perversa con su propía gente, o con su marido en todo caso. 

El punto es que esta mujer no tenía marido en el sentido tradicional, porque era esclava, y eran explotadas no por un solo hombre sino por varios. Y no se ha estudiado tanto, el tipo de conciencia que una mujer desarrolla en estas condiciones de esclavitud. Y tampoco se explica el porqué tenía las habilidades de los idiomas. Y no se dice cómo una esclava había desarrollado estas potencialidades.

En los dibujos de los pueblos originarios mexicanos sobre la Conquista, aparece ella investida de una capacidad de palabra, de "ser lengua"  como se le llamaba a esa capacidad. De poder trasladar las ideas de un idioma a otro. Y esto está entendido en los dibujos encontrados como una cosa mágica. 

El punto entonces es que en su relación con Cortés, pasa de ser una simple esclava para la cama y la violación de la tropa, a ser la traductora del conquistador. Y en ese sentido es ella la que tiene que haber pactado esa participación, para poder eludir todo lo que le tocaba hacer sexualmente con muchos hombres. Cosa que no decidían ellas, sino que en calidad de regalo a los conquistadores, y específicamente a Cortés, pues le correspondía ser violada por él, y seguramente por otros a los que Cortés quisiera agradar o agradecer algo.

Todo esto que ahorita reflexiono desde este espacio, no pretende justificar el hecho de traducirle a Cortés e interpretarle, y con eso vender a su pueblo. Habría que pensar también cómo entendía ella, que su propio pueblo la usara como regalo a los conquistadores. O sea ¿qué les debía ella como ser humano a quienes la usaban como un objeto de transacción y que la habían condenado a la esclavitud desde que era niña?

Por eso pensando en la conciencia de una mujer como la Malinche, aunque fuera muy rudimentariamente, tiene que haber tenido una epifanía, al darse cuenta que con este tipo de hombres extranjeros, podía hacer algún tipo de pacto. Al cambiar de opresor de su propia esclavitud, tuvo que entender que estaba en otro plano como mujer y esclava.

Considero que intentar entender a un personaje como ella, en la situación límite en que estas esclavas se encontraban, la cuestión de la interpretación, que seguramente era un don que ella tenía, fue utilizado como la única salida posible a una vida desgraciada como esclava de largo tiempo.

La cuestión de la maternidad en el caso de la nación mestiza, haberse convertido en el símbolo satanizado de permitir iniciar tal nación, me parece un argumento inválido para situaciones de guerra. Muchas mujeres, niñas y jóvenes, o quizás hasta mayores, fueron violadas por los españoles y tuvieron hijos de esos abusos, pero no han sido condenadas por la historia por los efectos de la bastardización. 

La Malinche es el caso de una mujer que no falleció en medio de esos vericuetos. Una de las pocas que logró alcanzar a sobrevivir y sacar adelante al hijo que tuvo en ese periodo tan tremendo. Y quizás solo lo pudo hacer, porque se trataba del hijo de Cortés. 

El que la Malinche haya tenido la habilidad de los idiomas hoy se vería como una ventaja para cualquier persona, pero en su caso, se transforma en algo negativo. Y la manera como ella se agenció el hecho de la traducción tampoco se ha comentado tanto a lo largo de su existencia como personaje histórico. De hecho durante mucho tiempo no se habló de ella en la historia de México, hasta que se convirtió en la mujer maldita, que todavía pervive en el imaginario patriarcal. 

Supongo que esa conciencia subalterna que tiene que haber rescatado en medio de la esclavitud, fue la que le permitió salir viva de esa tragedia. Al revisar la forma en que se convirtió en alguien central para la traducción e interpretación, existiendo otros traductores en la historia de la conquista de México, todos hombres, nos permite pensar que en su relación con Cortés, logró salir del estrato más bajo donde se podía encontrar una mujer esclava en el tiempo del descubrimiento y la conquista de México. Porque ella se logró imaginar cómo revertir el orden político en el que se encontraba.

  


SE VA A CAER (patéticas historias para celebrar el 8 de marzo y que nos nazca la consciencia feminista) Han pasado ya muchos años desde que ...